https://esquinacosmica2.blogspot.com/


Esta entrada arriba (clic) será a manera de ventana y puente para acceder al blog de esquina cósmica y puedan ingresar y leer en ambos blogs.
 Iré añadiendo entradas que considere importantes en esta segunda etapa para mi de publicaciónes. 


Mostrando las entradas con la etiqueta ecosistemas submarinos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta ecosistemas submarinos. Mostrar todas las entradas

miércoles, 26 de febrero de 2025

Microplásticos en el cerebro: cómo llegan allí, qué hacen y cómo deshacerse de ellos

 No necesitamos vengan extraterrestres para aniquilarnos cuando ya lo estamos haciendo nosotros mismos contra nosotros mismos... de verdad qué destructiva y depredadora es nuestra raza humana, la verdad.

Y de verdad preocupante esta situación ya de proporciones planetarias, de hecho ya la población sabe o medio sabe lo dañino que es el plástico y su mal manejo en nuestras necesidades cotidianas aunque es algo ya adjunto e implícito en algunas situaciones principalmente de nuestra vida diaria en tantas cosas como envases de refrescos, material de limpieza, empaques y en general en tantas cosas pero habría que señalar que ya en casi todas o todas las grandes tiendas de autoservicio aquí en méxico ya no ofrecen bolsas de plástico (acaso algunas bolsas de plástico autodegradables que desconozco su composición pero de hecho no son de plástico o celofán) para llevar las cosas compradas luego de pagarlas en la caja, menos mal..

Aquí algo referente a los nanoplásticos y de qué manera nos afectan y contaminan y los metemos dentro de nuestro organismo "sin querer queriendo" como dijera el chavo del 8 y que a la larga o a la corta nos van asfixiando hasta que... 



ATAÚDES DE PLÁSTICO

.......



Microplásticos en el cerebro: cómo llegan allí, qué hacen y cómo deshacerse de ellos

Published: February 25, 2025 6.04pm GMT

Cada sorbo que da con una pajita de plástico no solo contribuye a la contaminación ambiental, sino que también podría estar dejando diminutas partículas en su organismo, incluso en su cerebro.

Un estudio reciente publicado en Nature Medicine ha revelado evidencias alarmantes sobre la acumulación de microplásticos en órganos humanos vitales. Esta revelación se produjo pocos días antes de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmara una orden ejecutiva para revertir la prohibición de las pajitas de plástico y eliminar las de papel.

Partículas omnipresentes

En la categoría de microplásticos entran aquellas partículas de plástico que miden menos de 5 milímetros de diámetro. Los llamados nanoplásticos son aún más pequeños, con un tamaño inferior a un micrómetro (la milésima parte de un milímetro). Debido a su diminuta escala, tienen la capacidad de atravesar barreras biológicas: se estima que una persona promedio podría ingerir decenas de miles de partículas de microplásticos al año.

Los microplásticos y nanoplásticos han sido detectados en prácticamente todos los ecosistemas del planeta, desde los océanos hasta el aire que respiramos. Sus principales fuentes incluyen los residuos plásticos en el medio ambiente, como botellas, pajitas, bolsas y envases, que con el tiempo se fragmentan en partículas diminutas.

La ropa sintética, elaborada con materiales como el poliéster y el nailon, libera microfibras plásticas con cada lavado, llegando a desprender cientos de miles de estas fibras en una sola carga de ropa. También están presentes en algunos productos de cuidado personal, como exfoliantes, pastas dentales y limpiadores que contienen microesferas de plástico.

Otra fuente importante es el desgaste de los neumáticos de automóviles, que libera partículas plásticas en las carreteras. En el ámbito marítimo, las redes de pesca, cuerdas y otros equipos plásticos se degradan en el océano, generando microplásticos que afectan la fauna marina y eventualmente entran en la cadena alimentaria.

Nuestra misión es compartir el conocimiento y enriquecer el debate.

Además, los envases de alimentos y las botellas plásticas pueden producir partículas diminutas con el tiempo, contaminando lo que consumimos. Incluso el aire urbano contiene microplásticos suspendidos en el polvo, lo que significa que también los inhalamos a diario.

¿Cómo entran en el organismo?

Los microplásticos pueden ingresar al cuerpo a través de la ingesta de alimentos y agua, la inhalación de partículas suspendidas en el aire y, posiblemente, la absorción a través de la piel. La vía más estudiada es la ingestión, ya que estos contaminantes han sido detectados en el agua embotellada y de grifo, en mariscos y pescados que los ingieren del medio ambiente, en la sal de mesa e incluso en frutas y verduras que pueden absorber partículas plásticas a través del suelo y el agua de riego.

Además, el uso de envases y utensilios plásticos para almacenar o calentar alimentos puede transferir nanopartículas a lo que consumimos.

La inhalación es otra vía de exposición. Las fibras sintéticas de la ropa, el polvo en interiores y las emisiones generadas por la fricción de neumáticos en carreteras pueden liberar partículas diminutas. Se han hallado microplásticos en los pulmones de personas vivas, lo que sugiere que pueden alojarse en el sistema respiratorio y, en algunos casos, migrar al torrente sanguíneo y alcanzar otros órganos.

Aunque los efectos específicos en el sistema respiratorio aún están en estudio, la presencia de estas partículas en los pulmones genera inquietudes sobre posibles reacciones inflamatorias y problemas respiratorios.

Por último, aunque la piel es una barrera eficaz, algunos estudios han planteado la posibilidad de que los nanoplásticos más pequeños puedan atravesarla, especialmente si hay heridas o si se encuentran en productos cosméticos como cremas y exfoliantes.

También existe la preocupación de que el contacto con agua contaminada por microplásticos, como la de océanos y ríos, pueda ser otra fuente de exposición dérmica. Sin embargo, la evidencia sobre la penetración por esta vía aún es limitada.

El impacto en el cerebro

Una vez dentro del organismo, los microplásticos pueden ingresar al torrente sanguíneo y alcanzar órganos vitales como el hígado, los riñones y el corazón.

El cerebro, protegido por la barrera hematoencefálica, tradicionalmente se ha considerado un entorno seguro contra muchas toxinas, partículas externas y microorganismos. Sin embargo, la investigación citada ha revelado que ciertos nanoplásticos, debido a su diminuto tamaño y composición química, pueden llegar al tejido cerebral.

De hecho, los datos recientes indican que las concentraciones de microplásticos en el cerebro pueden ser más altas que en otros órganos, lo que sugiere una acumulación preferencial o una menor capacidad de eliminación en esta región. Se ha propuesto que el transporte de estas partículas puede ocurrir a través de la circulación sanguínea o incluso mediante la migración a lo largo del nervio olfatorio desde la cavidad nasal.

Una vez que estas partículas atraviesan la barrera hematoencefálica, pueden alterar el equilibrio celular y desencadenar respuestas adversas. Los mecanismos principales involucrados incluyen daño oxidativo y estrés celular, inflamación y activación del sistema inmunológico, así como posibles asociaciones con enfermedades neurodegenerativas como la demencia.

Datos del estudio publicado en Nature Medicine indican que los microplásticos pueden generar un ambiente prooxidante en el cerebro, favoreciendo el daño a proteínas, lípidos y ADN neuronal. Esto puede comprometer la integridad de las células cerebrales, alterar la señalización neuronal y predisponer a la muerte celular.

Además, algunas partículas contienen aditivos químicos que pueden interferir con procesos celulares fundamentales. Se ha observado que la exposición a esas sustancias en modelos animales altera la plasticidad sináptica y afecta la función cognitiva.

La presencia de microplásticos en el cerebro parece activar crónicamente las células de la microglía, especializadas en la respuesta inmune cerebral, desencadenando una respuesta inflamatoria sostenida. La investigación citada sugiere que los niveles elevados de estas partículas pueden aumentar los marcadores de inflamación, lo que podría contribuir al deterioro neuronal progresivo y la alteración de circuitos neuronales esenciales para la memoria y el aprendizaje.

Uno de los hallazgos más preocupantes en la investigación sobre microplásticos es su posible relación con enfermedades neurodegenerativas, ya que su concentración fue mayor en cerebros de personas con demencia.

Aunque no se ha determinado si existe una relación causal en los seres humanos entre los microplásticos y la demencia, la inflamación crónica, el estrés oxidativo y la disrupción en la comunicación neuronal son mecanismos clave en dolencias neurodegenerativas como el alzhéimer y el párkinson.

Estrategias para reducir la exposición

Si bien el cuerpo humano posee mecanismos naturales de desintoxicación y eliminación de sustancias extrañas, como el sistema linfático y los procesos hepáticos y renales, no está claro en qué medida pueden manejar los microplásticos. La estrategia más efectiva actualmente es minimizar la exposición.

Ante la creciente preocupación por la presencia de microplásticos en los alimentos, especialmente en los productos marinos, ¿deberíamos entonces dejar de comer pescado y mariscos? Definitivamente no. Son fuentes esenciales de proteínas, ácidos grasos omega-3 y otros nutrientes clave para la salud cerebral y cardiovascular.

Sin embargo, sí podemos reducir la ingesta de microplásticos provenientes de estos productos. Por ejemplo, es recomendable lavar bien el pescado y retirar su tracto digestivo y abdomen antes de consumirlo, ya que en estos tejidos se acumulan más microplásticos. Optar por peces más pequeños, como sardinas y anchoas, es otra buena estrategia, dado que los ejemplares grandes suelen acumular más contaminantes a lo largo de la cadena trófica.

También es importante elegir productos de origen sostenible y con certificaciones que prioricen la salud de los océanos, evitar el consumo de mariscos filtradores como mejillones y ostras y preferir envases y embalajes libres de plásticos.

En segundo lugar, para minimizar el riesgo por inhalación, se recomienda utilizar purificadores de aire de alto rendimiento capaces de capturar partículas en suspensión, evitar calentar alimentos o líquidos en envases plásticos y reducir el uso de textiles sintéticos como poliéster y nailon. Optar por fibras naturales como algodón, lana y seda puede ser una alternativa más segura. También es recomendable aspirar el polvo en lugar de barrer y eliminar correctamente los residuos plásticos.

A nivel individual, algunas medidas adicionales incluyen reducir el uso de vasos y pajillas de plástico, evitar juguetes con alto contenido de este material, minimizar el consumo de alimentos ultraprocesados y fomentar la educación sobre el impacto ambiental de los plásticos.

Un asunto de todos

Desde una perspectiva más global, reducir la contaminación por microplásticos requiere cambios a nivel de políticas y prácticas de consumo. La promoción de prácticas pesqueras sostenibles y el uso de guías como Seafood Watch pueden ayudar a elegir fuentes más seguras de productos marinos.

Asimismo, apoyar la prohibición de plásticos de un solo uso y fomentar el uso de materiales reciclados provenientes de desechos oceánicos puede contribuir a reducir la cantidad de microplásticos en los ecosistemas y, en última instancia, en nuestros cuerpos.

Porque, en definitiva, los hallazgos recientes sobre la presencia de microplásticos en órganos humanos refuerzan una realidad innegable: estas partículas están en todas partes y pueden infiltrarse en los sistemas biológicos con consecuencias aún desconocidas. Es fundamental un esfuerzo conjunto entre la comunidad científica, los responsables políticos y el público en general.

Sin embargo, medidas como la promulgada en Estados Unidos parecen ir en dirección contraria. La pregunta ya no es si los microplásticos están en nuestros cuerpos, sino qué estamos dispuestos a hacer al respecto.






Now, you can receive a curated list of articles in your inbox twice a week. Give it a go?

Jo Adetunji
Editor, The Conversation UK









Y ésto abajo fue publicado.. desde 2014!...

sábado, 12 de abril de 2014

LA VERDAD SOBRE LA “ISLA” DE BASURA DEL PACIFICO.
























No es lo que parece, en realidad es mucho peor. 




jueves, 29 de agosto de 2024

REPORTAJE – EL LAGO VOSTOK (1)

 Un paréntesis y receso para volver despuecito... a raíz de la publicación pasada inmediata sobre 

Arcas espaciales y salas de registros en la Antártida, Giza, el Tíbet y las Bahamas

me dió por hacer esta entrada y todo para conocer lo mínimo de este lago y sus condiciones ambientales conocidas y estudiadas... ¿que cómo le hicieron para llegar hasta ahi ?!... no sé, pero imagino saltando las murallas del fín del mundo...

La nota en cuestión fue publicada en 2012.... uuuhhh..! imagino que estaban todavía construyendo las murallas de hielo..

 Veamos:


REPORTAJE – EL LAGO VOSTOK (1)

  


Científicos rusos atraviesan una capa de casi cuatro kilómetros de hielo para alcanzar el ecosistema más raro y recóndito imaginable, el lago Vostok, con un campo magnético propio, una presión inimaginable y agua con un millón de años de antigüedad. Primera parte del reportaje.

Un planeta desconocido dentro de otro planeta bien conocido. A grandes rasgos es la definición que utilizan casi todos los que han pisado la Antártida. Una forma popular y resumida de concentrar lo que supone el continente blanco que tiene el tamaño de Europa en su versión más amplia (hasta los Urales) y que está sometida a un invierno extremo perpetuo. Un continente hundido y aplastado por una descomunal capa de hielo que en algunos puntos alcanza más de un kilómetro de espesor. Millones de años de compresión de hielo y nieve amontonadas que por culpa del calentamiento global empieza a adelgazar y pone en peligro el clima actual que ha permitido crecer a nuestra especie. Mil  y una veces atravesada por expediciones desde que Roald Amundsen llegara el 14 de diciembre de 1914 al Polo Sur. Fue la tumba de cientos de exploradores, el escenario de la épica expedición de Shackleton (que daría para otro reportaje) con el Endurance… y el oscuro objeto de deseo de los científicos rusos, obsesionados con su particular rinconcito helado.

El lago Vostok es uno de los lugares más peculiares del mundo: un lago subglacial no congelado bajo un manto de hielo azul (antiguo y endurecido) que lleva millones de años aislado del resto del planeta, que tiene una anomalía magnética considerable y que desde hace décadas es uno de los puntos negros que la ciencia no puede explicar. Y una auténtica obsesión para la ciencia soviética y ahora rusa. Este pasado mes de febrero se hizo público que tras más de 30 años de perforación de los casi cuatro kilómetros de hielo que lo aíslan una expedición rusa habría llegado al corazón del lago, que podría ser el ecosistema de organismos antiguos (en millones de años) y que vivirían en condiciones de frío extremo.

Los investigadores han logrado el hito tras soportar temperaturas de más de 30 grados bajo cero, en condiciones tan duras que hubo planes de rescate inmediato porque se temía por sus vidas. Durante días quedaron totalmente aislados del mundo y desde Moscú se temieron lo peor. La nota de la agencia oficial rusa anunciaba poco después el triunfo: “Nuestros científicos de la base antártica Vostok concluyeron el domingo la perforación a la profundidad de 3.768 metros y alcanzaron la superficie del lago bajo el glaciar”. Todo un triunfo y uno de los últimos escenarios vírgenes que le quedaban al planeta, cuya perforación empezó en 1970 y ha sido una idea fija en la mente de los investigadores. El ser humano ya puede decir que (casi) no hay lugar terrestre sin explorar. Los mares son otro cantar.

Desde un punto de vista racional y científico, el estudio del ecosistema único del lago Vostok contribuirá a esbozar un guión de los cambios naturales del clima que se producirán en los próximos milenios. El lago es una burbuja inalterable en el tiempo, una puerta abierta al pasado y quizás al futuro climático, y un laboratorio natural de las leyes de la evolución en la vida biológica. También ayudará a entender cómo diversas formas de vida en la Tierra se fueron adaptando a condiciones extremas, un campo fundamental para extrapolarlo a cómo podría ser la vida en otros planetas. Por enlazar con la exploración espacial: si la investigación que se abre ahora indica que hay vida microscópica (como poco) podría tener implicaciones para la posible existencia de vida fuera de la Tierra, en condiciones de frío extremo, como la luna Europa de Júpiter o Encélado, el satélite de Saturno.

Las peculiaridades del entorno son inmensas: para empezar el agua no está helada, sino en estado líquido, lo que ya es de por sí una gran contradicción con temperaturas ambientales que caen por debajo de los -50 º C con suma facilidad (o más allá). Las opciones que se barajan van desde la existencia de actividad volcánica submarina que calienta lo suficiente el lago como el efecto de la presión sobre el hielo: la presión extrema (por encima de las 350 atmósferas) sería tan alta que literalmente impediría el proceso de solidificación de las moléculas de agua.

Otra peculiaridad es la altísima concentración de oxígeno del hielo (50 veces por encima del agua dulce que bebemos habitualmente), que de alcanzar la superficie podría “explotar” como una botella de Coca-Cola agitada durante varias horas. Es otra de las razones por las que los rusos no quisieron arriesgarse hasta tener la tecnología necesaria. Otra explicación sería la existencia de ríos bajo el hielo que se mantendrían activos por razones desconocidas y que alimentarían el lago Vostok y otros más que todavía no se han descubierto. La idea de que hubiera un sistema hidrográfico original bajo el manto de hielo, originario de los tiempos en los que la Antártida no estaba tan al sur, es bastante peculiar, y complicado de imaginar.

 FUENTE


El lago situado a 4 kilómetros de profundidad en la Antártida: un fenómeno natural único oculto durante millones de años