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viernes, 9 de junio de 2023

LAS CADENAS DEL AMOR... Y NO ES TÍTULO DE ALGUNA TARANOVELA..

 


Tema para muchas entradas... desde diferentes ángulos y perspectivas, iré tratando de armar algunas... al tiempo.





miércoles, 17 de junio de 2015

“Acompañamiento espiritual al final de la vida” Emilio Carrillo.

Ya regresé pasado solo unas horas, son las 3:49 am del miércoles 17 de junio de 2015.
Con esta entrada conjuro la contingencia que tuve aun pero ya no de gravedad, no, no se me ha muerto nadie, al menos alguien cercano.

Sin embargo seguiré ocupado en varias cosas y publicaré regularmente...

¡Buenos días!





(La intervención de Emilio arranca en el minuto 13:20 de la grabación)
Charla-coloquio impartida por Emilio Carrillo en el Rincón de Kiko de Sevilla el pasado 29 de abril, dentro de las actividades del taller de Vida Después de la Vida: tránsito y duelo, que coordina Manolo Velázquez en el Círculo Sierpes de Sevilla.


FUENTE 

domingo, 21 de julio de 2013

¿Puede la física cuántica explicar las experiencias cercanas a la muerte?

El cardiólogo Pim Vam Lommel analiza y especula sobre este extraño fenómeno en su libro “Conciencia más allá de la vida”

La teoría de Kuhn sobre las revoluciones científicas contempla la aparición de las llamadas “anomalías científicas”. Así parece que habría que calificar hoy las llamadas “Experiencias Cercanas a la Muerte” (ECM), sobre las que se ocupa el cardiólogo holandés Pim Vam Lommel en su libro “Conciencia más allá de la vida”. Durante 25 años, Vam Lommel ha investigado este tipo de experiencias en pacientes recuperados tras un estado de muerte clínica, y a ellas trata el investigador de dar explicación desde la física cuántica. Por Gonzalo Haya.

El cardiólogo Pim Van Lommel trata de dar una explicación a las ECM desde la física cuántica, en su libro “Conciencia más allá de la vida”. Fuente: pimvanlommel.nl.
Durante muchos siglos se pensó que sólo existían los objetos físicos que había descrito la mecánica clásica. Ese mundo clásico estaba regido por la diferenciación de los objetos, su ubicación delimitada en el espacio-tiempo, y el determinismo.
Con el nacimiento de la mecánica cuántica se descubrió la existencia de una realidad profunda de la materia donde regían una serie de incuestionables fenómenos extraños. El mundo psíquico estaba lleno de fenómenos extraños. La conciencia animal y humana es sin duda un fenómeno real, pero extraño.
Para los creyentes, la existencia de Dios como conciencia que llena el fondo del universo es también algo extraño. Existen evidencias de otros muchos otros fenómenos psíquicos extraños que no pueden negarse como tales, pero ante los que la ciencia puede callar (anomalías) o puede intentar emprender una explicación. Pueden aventurarse, como hace Pim Vam Lommel en su libro “Conciencia más allá de la vida” (Atlanta, 2012), explicaciones posibles, aunque arriesgadas, pero que, en el fondo, nos hacen caer en la cuenta del enorme misterio de la realidad que todavía está más allá de cuanto la ciencia puede decirnos.
Pim Van Lommel ha estudiado las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM) en la bibliografía actual (75 páginas de notas bibliográficas), en los estudios retrospectivos y en los estudios prospectivos iniciados a pie de cama con todo el protocolo científico.
Reconoce que el título de ECM, que se le ha dado a estas experiencias, no es exacto, porque se presentan las mismas características en otras situaciones en que no se corre peligro, como en experiencias religiosas.
Él mismo habla en algún momento de “experiencias extracorpóreas”, pero prefiere considerarlas “experiencia de Consciencia no local o infinita”, y las considera algo “bastante común”. Consciente de la novedad de su explicación reconoce: “No espero que las nuevas ideas encuentren aceptación inmediata, pero deben ser cuando menos examinadas más de cerca”.
Datos experimentales de las ECM
Algunos pacientes que han sido reanimados después de una muerte cerebral (muerte clínica y legal, encefalograma plano, sin actividad electromagnética ni riego sanguíneo durante más de diez minutos) han contado experiencias que responden a un patrón común, y que resultan inexplicables con el paradigma materialista.
Estas experiencias narran visiones de cosas acaecidas durante su muerte clínica, incluso fuera de la habitación o del quirófano, y es imposible que el paciente pudiera haberlas percibido aun estando consciente.
Un ciego de nacimiento tuvo una experiencia de visión de luces y de personas a las que reconoce. Una mujer conoce a su padre biológico del que nunca le habían hablado y ve allí a otra persona que había muerto mientras que ella estaba en coma. Otros no sólo tienen una instantánea panorámica de su vida sino que tienen una prognosis de su futuro, que luego se confirma.
También se producen experiencias semejantes en estado normal. Es bastante común ver a personas que están a gran distancia, o ver a un familiar o amigo poco después de su muerte; sobre estos fenómenos existen datos estadísticos, denominados “experiencias perimorten o postmortem”. Una mujer vio con uniforme militar a un antiguo amigo sacerdote que le comunicó que había muerto. Después supo que murió como capellán militar. Este tipo de experiencias han sido recogidas por diversas culturas (capítulo V), aunque han sido desestimadas porque no pudieron ser registradas con nuestro aparato científico actual.
Como consecuencia de una ECM, el autor señala una sensibilidad intuitiva agudizada, mayor capacidad de empatía, visión remota, genialidad, influjo de la mente sobre la materia (perturbación no local, psicoquinesia, teleportación), y sueños premonitorios.
Explicación reduccionista del paradigma materialista
La medicina actual mantiene que la Consciencia es una actividad del cerebro. Van Lommel se plantea cómo puede darse una Consciencia –incluso más lúcida que la Consciencia habitual- en una situación de total inactividad cerebral. Considera que las experiencias constatadas son inexplicables con el paradigma materialista, pero que la medicina actual lo acepta como un dogma inapelable.
El autor dedica los capítulos centrales de su estudio a analizar el funcionamiento del cerebro y los protocolos seguidos en las investigaciones de las ECM. Rechaza, en base a experiencias comprobadas, la principal objeción que atribuye estas visiones a la falta de oxígeno en el cerebro.
Tampoco se trata de meras alucinaciones, porque puede comprobarse su adecuación con la situación real que describen y porque provocan un cambio permanente en el sujeto en el sentido de empatía, comprensión y amor incondicional a los demás. Aumentan el sentimiento religioso (la espiritualidad) pero disminuyen el interés por la religión institucionalizada. A consecuencia de una ECM, algunos descubren que tienen poderes curativos.
En el capítulo XI el autor enumera y expone ampliamente las diversas explicaciones de las ECM según los modelos materialistas o los modelos inmateriales. Constata que, aunque expertos en diversas especialidades de medicina o de física superan las explicaciones materialistas, “en el ambiente académico se considera que hay una explicación materialista para todo. Algunos científicos no creen en las preguntas sin respuestas”, y el autor termina definiendo su posición: “Yo me inclino firmemente por el panprotopsiquismo”.
Lo que nos aporta la física cuántica
La explicación presentada por el autor se basa en los estudios cada vez más avanzados de la física cuántica. Nos resulta difícil cambiar la visión del mundo que nos ha inculcado la física clásica, según la cual la realidad percibida en el mundo físico equivale a la realidad objetiva, las cosas se mueven de maneras predecibles dentro de un espacio vacío, y la interacción entre ellas tiene que producirse por un contacto directo.
Los principios de la física cuántica trastocan esta visión del mundo. La esencia de la física cuántica es el principio de incertidumbre. Predice posibilidades, no certezas.
La teoría implica que todos los sistemas materiales (partículas subatómicas, electrones…) tienen entre sus propiedades dos características opuestas, pueden manifestarse como ondas o como partículas. Sucede algo semejante a la información emitida por la radio o la televisión. Los objetos no están aquí o allí, están como ondas en todo el espacio (no están en un sitio concreto) y sólo son localizados en un punto –y su función de onda se ‘colapsa’ en un estado de partícula– cuando el receptor, un observador (el cerebro), los hace presentes.
Antes de ser observada, sólo podemos calcular la probabilidad de que la partícula se encuentre en un punto dado y no podemos saber dónde terminará en realidad (Principio de incertidumbre y ondas de probabilidad). La Consciencia determina de qué modo experimentamos la realidad.
Si tomamos un átomo y lo dividimos en dos, cada parte será homóloga de la anterior y decimos que están“entrelazadas” porque en algún momento pasado han estado en contacto. Si separamos estas partes y actuamos sobre una de ellas, la otra responde instantáneamente de la misma manera.
Por ejemplo si se cambia el sentido de giro de un electrón en una de las partes, cambia de la misma manera el sentido de giro del electrón de la otra parte. Cualquiera que sea la distancia a la que se separen, unos metros o cientos de kilómetros, se cumple el principio de no-localidad (no localización) o acción a distancia.
También se han realizado experimentos aislando en jaulas de Faraday a dos personas, que han estado previamente vinculadas entre sí; al estimular aleatoriamente a uno de los sujetos aislados, se produjeron los mismos efectos en el otro.
Se han documentado pruebas de la resistencia a ciertos antibióticos por parte de variedades de bacterias alojadas en animales que viven en estado salvaje en áreas extremadamente remotas, lo que descarta cualquier contacto con el antibiótico en cuestión. Lo único que podemos suponer es la transmisión de la información a través del espacio no local.
Tenemos pruebas de comunicación instantánea y no local entre la conciencia de un sujeto y sus glóbulos blancos aislados en un medio de cultivo a una distancia considerable en jaula de Faraday (Experiencias de Backster). En algunos transplantes de corazón se ha comprobado que el sujeto receptor puede sentir retazos de sentimientos e ideas propias del donante, porque ese corazón tiene el ADN específico del donante (“memoria transplantada”).
Más aún, se han realizado experimentos en los que un objeto, o un insecto vivo, encerrado en un recipiente de vidrio ha desaparecido sin romper el recipiente y ha sido “teletransportado” a otro lugar; es decir, su función de onda no se materializó ya (no se “colapsó”) en ese recipiente sino en otro lugar. Estos fenómenos constan en el informe de la Fuerza Aérea Norteamericana “Teleportation Physics Study”. Para todo esto es necesario un potente receptor-transmisor de esas ondas.
Durante la guerra fría, la CIA financió una investigación sobre la “visión remota” para obtener datos sobre Rusia. Estas experiencias se han confirmado incluso en sujetos aislados en una jaula de Faraday o en un submarino a 170 metros de profundidad. El “Instituto para la Investigación de Anomalías de Ingeniería de Princeton” ha estimado que la posibilidad de que los resultados de la visión remota fueran mera coincidencia es de una entre mil millones. Algunas visiones han anticipado el descubrimiento de un anillo alrededor de Júpiter o han orientado posteriores descubrimientos arqueológicos. En esta línea habría que entender también la inspiración genial de los artistas y de los inventores.
Aplicación de la física cuántica a la ECM. Explicación del autor
¿Cómo se explica la consciencia durante una ECM? Para Vam Lommel la Consciencia no es producida por el cerebro. “La Consciencia no puede localizarse en ningún lugar, ni siquiera en el cerebro. Es no local (es decir, está en todas partes) en forma de ondas de probabilidad. Por esta razón no puede ser demostrada ni mensurada en el mundo físico”.
El autor sostiene que nuestra Consciencia es una parte de la Consciencia universal no local; una parte en la que, como sucede en las holografías, se encuentra el todo. “Nuestro cerebro funciona como interfaz” entre nuestra Consciencia individual y la Consciencia universal no local; envía y recibe información.
“La Consciencia en vigilia” funciona como corpúsculo de la Consciencia no local (que funciona como onda). En las ECM, cuando el cerebro queda inactivo, se desbloquea el interruptor de entrada y permite el paso de un estado superior de “Consciencia expandida, que atesora tanto información personal como universal”. El cerebro se comportaría como un receptor y como un transmisor de televisión; no produce la imagen sino que la recibe o la emite.
“Cuando el cuerpo muere, la Consciencia no puede seguir comportándose como una partícula… por tanto existirá para siempre en forma de funciones de onda en el espacio no local”.
Profundizando más, el autor se pregunta por el origen de esa Consciencia no local. “La esencia o fundamento de la Consciencia (protoConsciencia) probablemente descansa en el vacío o plenitud del universo, desde donde tiene una conexión no local con la Consciencia en el espacio no local (panprotopsiquismo)”.
Y reseña tres modelos (complementarios) que se han propuesto para explicar el interfaz entre la Consciencia no local y el cerebro; él se decanta por la transferencia de información recíproca mediante la coherencia cuántica del espín con la posible intervención de los fotones virtuales.
Avanzando un paso más en su explicación se pregunta: ¿cómo puede darse la continuidad de la interconexión de la Consciencia no local con un cuerpo continuamente cambiante? El problema se plantea porque cada dos semanas todas las moléculas y átomos de las células de nuestro cuerpo son reemplazadas. ¿Cómo podemos explicar la memoria a largo plazo?
Para Vam Lommel, el ADN es el único elemento permanente de cada célula del cuerpo y debe desempeñar un rol esencial como interfaz para la continuidad de todas las funciones del cuerpo, así como para la interacción entre la Consciencia no local y el cuerpo; especialmente lo que se ha denominado como el ADN basura. También en la epigenética el principio básico es que la función del ADN viene determinada por información externa al propio ADN.
Citando a diversos físicos cuánticos el autor considera que el desarrollo del ADN en los organismos es un proceso cuántico no local, no estadístico y, como tal, incognoscible; al contrario que los procesos mecánicos, estadísticos, predecibles. El ADN funcionaría como una “antena cuántica” para recibir la información almacenada en forma de funciones de onda en el espacio no local.
Y pone el ejemplo de los enjambres de abejas, hormigas, termitas, que funcionan coordinados por la reina, aunque ésta se encuentre aislada de su colonia; pero si la reina muere lejos de su colonia sobreviene el caos y todos los trabajos se detienen. La reina coordina a distancia, de un modo no local, probablemente mediante su ADN. De acuerdo con esta teoría, el ADN no contiene material hereditario pero es capaz de recibir información hereditaria desde la Consciencia no local.
Existe una Consciencia humana universal o colectiva que liga a cada ser humano con cuanto existe, ha existido o existirá y esto se produce por el ADN universal humano con código de acceso compartido (comparable al código de acceso internacional) diferente al de los animales o las plantas. La Consciencia humana compartida es similar al inconsciente colectivo de Jung.
Resumiendo. La Consciencia individual (el sí-mismo) es parte de la Consciencia humana colectiva o universal que trasciende lo individual y conecta a cada individuo, más allá del espacio y del tiempo, con todo cuanto existe, ha existido y existirá (inconsciente colectivo). Esa Consciencia universal recibe diversos nombres como Consciencia no local, Consciencia transpersonal, Consciencia infinita, eterna, unitaria.
“Este vacío absoluto (pleno cuántico), este espacio no local, podría constituir la base de la consciencia”. “Este espacio no local es mucho más que una descripción matemática: es un espacio metafísico en el que la conciencia puede ejercer su influjo”. “Hay quien no aprueba este punto de vista, pero sin duda merece la pena explorarlo con más detalle”.
La investigación de la ECM no nos proporciona pruebas científicas de que, después de la muerte, pasemos a formar parte de la Consciencia infinita no local, pero sí ha demostrado que se puede experimentar la Consciencia independientemente del cuerpo, sin función cerebral. “Tenemos un cuerpo, pero somos Consciencia”.
Subida al Empíreo de El Bosco. Fuente: Wikimedia Commons.
Subida al Empíreo de El Bosco. Fuente: Wikimedia Commons.
Reflexión filosófico-teológica
Esta obra de Vam Lommel puede estimular una reflexión filosófica y teológica ya que, como decía Max Born, “La física teórica es en realidad filosofía”. La física cuántica tiene un precedente filosófico en el noumenon de Kant. La Consciencia infinita de Vam Lommel hace pensar en las ideas platónicas, expresadas en el mito de la caverna.
¿En qué consiste la realidad? Van Lommel nos dice que la realidad está en la ondas de la Consciencia no local o, quizá, más allá en la protoConsciencia, el vacío absoluto o plenitud, agujero negro de la energía, del que proceden las ondas de la Consciencia no local que capta nuestro cerebro. Esta explicación viene a coincidir con la intuición que había sido desarrollada de algún modo, desde hace milenios, por la filosofía oriental, los chamanes y la mística cristiana.
¿En qué consiste nuestra orgullosa individualidad? Si nuestra Consciencia se basa en la Consciencia no local, sin ella, ¿se perdería nuestra memoria? ¿Se perdería la coordinación y la directriz en el desarrollo de nuestras células que se renuevan continuamente? El yo, ¿puede aislarse del nosotros o del universo? ¿Quién soy yo? Ya Angelus Silesius en el siglo XVII había reconocido que “no sé quién soy. No soy lo que sé”.
La ciencia, tras largo y laborioso trabajo de análisis, está llegando a lo que había percibido la intuición filosófica –la intuición artística o la religiosa- y que había expresado mediante los mitos.
También la teología cristiana quedó encapsulada desde el principio en la racionalidad griega y se ha replegado después a la defensiva, temerosa del racionalismo científico de la Ilustración. Ambos nos han aportado mucho, pero vamos “Hacia un tiempo de síntesis” (Javier Melloni) de la cultura oriental y occidental. Quizás ahora la teología encuentre en la física cuántica una comprensión realista de “el cuerpo místico” y vuelva al mensaje del evangelio que, antes que “logos”, es “vida”.
Quizás las curaciones que realizaba Jesús fueran el efecto de su potente interfaz emocional que le conectaba con la Consciencia infinita. Quizás la fe profunda –así como el “go for it” de la “Programación Neurolingüística”– pueda mover montañas. Quizás la resurrección de Jesús –y la nuestra– sea la permanencia en la Consciencia no local. Quizás el intenso amor de María Magdalena potenció su interfaz para sentir la presencia del resucitado. Quizás el vacío absoluto –campo unificado, campo punto cero, éter, Consciencia cósmica– coincida con la plenitud de la energía, con la matriz divina, con la “dynamis tou Theou” (la energía de Dios), con el Espíritu Santo, con el inabarcable Dios.
Artículo elaborado por Gonzalo Haya, médico y psiquiatra, colaborador de Tendencias21, comentando el libro de Pim Vam Lommel “Consciencia más allá de la vida”.

lunes, 17 de junio de 2013

Los cuerpos sutiles, el proceso de fallecimiento, transición y preparación de la nueva vida













El proceso de fallecimiento, paso de un periodo que llamamos entre vidas y posterior reencarnación es un hecho bastante aceptado por una mayoría de personas, culturas y tradiciones. No todo el mundo cree que existe algo mas allá de nuestro cuerpo físico, pero solo es necesario un poco de desarrollo personal para ver que somos mucho más que un simple trozo de materia orgánica. Los que ya tenemos nuestras pruebas personales de la reencarnación y de quienes somos, en muchos casos tampoco tenemos demasiado claro como funciona todo ese proceso, nada sencillo por otro lado, tremendamente planificado y bien definido, y mucho más complejo de lo que, en muchas ocasiones, podemos llegar a pensar.
Los cuatro cuerpos sutiles

El ser humano está compuesto por varios cuerpos sutiles que se superponen al cuerpo físico y se interpenetran unos con otros. Estos cuerpos, además del cuerpo denso, químico y orgánico que es el cuerpo físico, son el llamado cuerpo etérico o vital, el cuerpo emocional, el cuerpo mental y el cuerpo espiritual. Este último, el cuerpo espiritual, es lo que por otro lado algunas personas suelen definir como el cuerpo causal o alma, aunque aquí las definiciones varían según la línea que estudies. En algunos textos el alma suele ser el compendio de estos cuerpos sutiles inferiores y llamamos espíritu a la “chispa” o matriz de luz que los usa como vehículo evolutivo. En otras tradiciones, el cuerpo espiritual es el alma, y los cuerpos sutiles son simplemente capas que la recubren, mientras que el espíritu es un componente aun más interno que no todas las personas poseen. Para hacerlo fácil, hablaremos del espíritu como el cuerpo espiritual y de los cuerpos etérico, emocional y mental como los componentes del alma.
El proceso del fallecimiento
Cuando llega nuestra hora de abandonar el plano físico, lo primero que sucede es que el cuerpo etérico, el cuerpo emocional, el cuerpo mental y el espíritu abandonan, normalmente por la parte de la cabeza, el cuerpo químico. En todos los aspectos, en esos primeros momentos, seguimos siendo “nosotros” al completo, simplemente no tenemos ya un vehículo orgánico del cual preocuparnos. A lo largo de los próximos tres días, aproximadamente, el cuerpo etérico o vital se irá desintegrando. Se produce lo que conocemos como la primera desoma, es decir, ha ocurrido la “primera muerte” y dejamos atrás todo lo que no nos sirve de la parte densa de nuestra vida. Puesto que el cuerpo eterico solo sirve de “molde energético” del cuerpo físico, al no existir este último, el cuerpo vital tampoco es necesario ya. Aun así, este cuerpo etérico que posee aun remanentes energéticos de todas las experiencias vividas por el cuerpo físico las traspasa al siguiente cuerpo sutil antes de desintegrarse, el cuerpo emocional, de forma que en este cuerpo emocional llevamos una carga muy importante de información sobre la parte física y etérica de nuestra anterior encarnación.
La segunda desoma en el plano astral
Mientras que la muerte del cuerpo se produce en el plano físico, y la desintegración del cuerpo vital en el plano etérico, el siguiente paso del proceso de salida de una encarnación se hace ya en el plano astral. Aquí es cuando cruzamos ese “túnel” de luz, y aparecemos normalmente en una de las regiones de los planos inferiores de este plano astral.  Como todo nivel evolutivo, está dividido en siete regiones principales, siendo las tres primeras el llamado bajo astral, la cuarta el medio astral, y las tres siguientes el alto astral. Aquí, dependiendo del nivel evolutivo de cada uno, al cruzar y salir del plano etérico apareceremos en la zona que nos corresponda por frecuencia de vibración.
En estos momentos, el espíritu lleva consigo al completo el cuerpo mental, el cuerpo emocional, y la carga energética/experiencial del cuerpo etérico, en lo que algunas tradiciones ocultistas denominan el “átomo simiente”, que vendría a ser algo así como el contenido energético básico que contiene toda la información del cuerpo sutil en cuestión. Así, nuestro cuerpo emocional lleva un “átomo simiente” o carga energética del cuerpo eterico anterior que le servirá al espíritu para preparar en el futuro el molde físico de su nueva encarnación.
En estos momentos, ese espíritu, suponiendo que se trate de un alma “normal” (en el sentido de que no sea un alma errante o de niveles evolutivos superiores a la 3D, que entonces es otra historia aparte), pasa por un periodo de revisión de vida, en el cual revisamos y volvemos a sentir, principalmente porque se hace a través del cuerpo emocional, todo aquello que nos ha ocurrido en la encarnación que acabamos de dejar atrás. Mientras estamos haciendo está revisión, también el espíritu realiza una limpieza de aquello que ya no le es necesario, y traspasa toda la información y carga energética que desea usar de nuevo del cuerpo emocional al cuerpo mental. Se produce lo que se llama la segunda desoma, la segunda muerte.  En cursos de proyección astral, se puede aprender también a proyectarse con el cuerpo eterico a cuestas, con el cuerpo emocional y mental, o solo con el cuerpo mental. Cuanto menos “carga” lleves, más “alto” en los planos internos puedes “subir”.
Ahora, ese espíritu está envuelto solo por el cuerpo mental, y los dos “átomos simiente” o remanentes energéticos del cuerpo etérico y del cuerpo emocional de la vida o vidas anteriores, con aquello que ha decidido mantener para la siguiente encarnación.
La preparación de la nueva vida, el plano mental
El siguiente paso del proceso ocurre en el siguiente nivel de los planos internos, el llamado plano mental. También dividido en 7 subniveles, los cuatro primeros se asocian a ideas y conceptos relacionados con el pensamiento y la mente concreta, mientras que los tres superiores se asocian a la mente y el pensamiento abstracto. De aquí nacen las fuerzas arquetípicas, los conceptos, las ideas, que luego caerán hacia el plano físico para tomar forma y manifestarse como el mundo que conocemos.
Es en este plano donde también nuestro cuerpo mental realiza una limpieza de aquello que no es necesario mantener para la siguiente vida y es donde se empieza a planificar la entrada de nuevo en el plano físico.
De vuelta para abajo
Así, una vez hemos visto las diferentes opciones que tenemos, hemos escogido lugar, línea temporal, fecha de entrada, lecciones principales a experimentar, misión a cumplir, etc., ese espíritu, revestido solo de un fino envoltorio que es el cuerpo mental, inicia su descenso al mundo físico de nuevo. En un plis plas pasa por el plano astral, donde se forma de nuevo la nueva capa que se va a convertir en el nuevo cuerpo emocional que vamos a tener, usando como semilla para que este germine el remanente energético que trajimos de la vida anterior (de ahí que le llamen átomo simiente). Ahora, en estos momentos, el nuevo espíritu tiene ya un cuerpo mental con la información sobre su propósito, y un cuerpo emocional recién creado con los remanentes de las vidas anteriores que no fueron desechados. El siguiente paso entonces es crear el cuerpo etérico, así que, con materia del plano etérico, bajando un nivel más hacia el plano físico, en otro instante el espíritu se reviste de un nuevo cuerpo eterico, que posee ciertas reminiscencias de los cuerpos usados en anteriores encarnaciones. Este cuerpo eterico marcará como será el nuevo cuerpo físico, hasta el mínimo de los detalles, de forma que si se planea que ese espíritu tenga algún “defecto”, es aquí en este cuerpo eterico donde se diseña ese defecto.
Además, este cuerpo eterico es el que se proyecta y se inserta sobre el bebe en formación en el útero de la madre, sobre el nuevo cuerpo físico que ha de nacer, que a su vez trae la configuración genética heredada de los padres. Si un cuerpo físico tiene un defecto genético heredado, pero el espíritu no considera oportuno manifestarlo, el cuerpo etérico no lo incluirá en el “molde” y ese defecto no se manifestará. Si ese cuerpo físico no trae ningún “defecto” pero el alma necesita alguna disfunción para su aprendizaje, se incluirá en el molde y ese cuerpo físico que ha de nacer lo manifestará.
Así, en ese momento, cuando el nuevo ser humano nace, tiene un cuerpo físico creado por la configuración genética de los padres, un cuerpo eterico resultado de las decisiones del espíritu para la nueva encarnación y con la carga remanente que ha permanecido de los anteriores cuerpos físicos ocupados, un cuerpo emocional nuevo que trae los remanentes energéticos de lo vivido en las últimas vidas y lo que se considera necesario para esta, y un cuerpo mental que trae consigo las instrucciones, planes evolutivos, lecciones, misión, etc. que habrán de ejecutarse para ese espíritu, que está entonces recubierto, encarnado, en un nuevo bebe, y que inicia una nueva aventura en el plano físico.

FUENTE

miércoles, 20 de marzo de 2013

'Efecto Lázaro': Crean un manual para resucitar a los muertos



La resurrección sí es posible y sus metodologías deben ser extendidas por todo el mundo para salvar a más personas, aseguran expertos estadounidenses. Un nuevo libro contiene todos los consejos y análisis de la experiencia mundial de esta praxis.

El director de investigación de resurrección en la Universidad Estatal de Nueva York y director del Proyecto de la Conciencia Humana del Hospital de Southampton, Sam Parnia, ha reunido todas las metodologías modernas en su libro 'El Efecto Lázaro'. 

Según Parnia, lo más eficaz es enfriar el cuerpo (con gel, con catéteres) para reducir la actividad metabólica en las células y сonectarlo a una máquina específica: un oxigenador de membrana, que active la circulación y la oxigenación de la sangre. Tales máquinas ya se utilizan en Japón y Corea del Sur. 

Según el autor, la tecnología que permite resucitar a las personas hasta siete horas después de que su corazón haya dejado de latir. Los médicos piden instalarla en los hospitales e incluso en las ambulancias de todo el mundo. El proceso es complicado, laborioso, nada barato, pero sí posible. 

Las células del cerebro son "viables" y pueden ser cultivadas en un laboratorio hasta cuatro horas después de la muerte de una persona. Las células de grasa viven durante 13 horas, las de la piel 24 horas y las de los huesos cuatro días. 

El año pasado los médicos consiguieron resucitar al centrocampista del Bolton Fabrice Muamba, quien se desplomó en el minuto 41 del partido entre el Tottenham y el Bolton por la Copa de Inglaterra. Merced a un desfibrilador Muamba obtuvo una segunda vida después de un paro cardiaco masivo y más de una hora sin respirar. En junio será padre por segunda vez.
FUENTE