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 Iré añadiendo entradas que considere importantes en esta segunda etapa para mi de publicaciónes. 


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lunes, 19 de marzo de 2012

La Palabra Maya




Subido por el 22/02/2012
http://www.2012palabramaya.org


Todo el mundo habla de las Profecías Mayas sobre el 2012
¿Pero quién está escuchando a los mayas?

Este innovador documental nos acerca a las voces de las personas mayas , que nos comparten su visión de las profecías de sus ancestros y su lucha por defender a la Madre Tierra y a su cultura de la destrucción.


2012 La Palabra Maya es un mensaje de esperanza y una llamada a la acción. A través de los testimonios de mayas contemporáneos de todo Mesoamérica, desde guías espirituales a activistas, líderes comunitarios, campesinos, artistas, maestros, niñas y niños, este documental nos lleva a un extraordinario viaje al corazón de la lucha y la espiritualidad Maya.






foto de Chan K'in Viejo 



“Hachäkyum hizo las estrellas, sembrándolas en el cielo; las raíces que echó cada estrella son las raíces de un árbol que hay en el cielo. Cuando se cae un árbol en el cielo, se cae una estrella” 

 

domingo, 25 de diciembre de 2011

El Último Rezador de la Tierra

Pido discúlpas por reintentar tantas veces corregir esta entrada pero resulta de que tiene virus mi cpu y no me deja corregir correctamente, lo vuelvo a intentar y me vuelve a salir mal y se corren los párrafos cambian los tamaños y demás cosas, ya van varias veces y estoy a punto de mejor dejar de momento estar aqui y borrar esta entrada, quiero darle un poco de formato pero la dejo casi a como como está. Vá la última.
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El Último Rezador de la Tierra

Antonio Chankin ve cómo su cosmovisión lacandona se pierde con la irrupción de la modernidad y del cristianismo.

 

José Salazar
Noticias



Las plegarias morirán en sus labios. Con él, los cantos y rezos de la tierra se perderán. Hatchakium, Kanankash, Itzaná, Akna, Kak, serán sólo un recuerdo. Se hablará de ellos, de quiénes fueron, y lo que representan para su cultura, pero no regresarán más a la tierra del hombre verdadero, dejarán de escuchar sus voces, de interceder por ellos.

El copal se petrificará, nadie beberá ni preparará más la bebida sagrada “Balché”, las representaciones de los dioses mayas se alzarán en su lugar de descanso, y cuando el rezador dé su último alarido no habrá más. Pasarán tres días, en su tumba sus hijos colocarán una especie de cal –donde su espíritu hará una figura- al descifrarla sabrán porqué murió: por enfermedad o porque los dioses no lo ayudaron.
Desconocíamos el camino, sin la menor idea de las horas que viajaríamos para conversar con el hombre que camina descalzo, vestido con una túnica blanca. Heredero del misticismo, de creencias que se han perdido con el tiempo, o que la religión les ha hecho olvidar, siendo él, el único que se resiste a hacerlo.


 
EL DESTINO: NAHÁ
Varias horas han paso, la cuidad ha quedado atrás; la cinta asfáltica había desaparecido, los pueblos conocidos sólo eran un recuerdo, faltaban 30 minutos para llegar a una desviación conocida como carretera fronteriza, la cual nos llevaría a la última parada para cargar combustible, Shankalá.
—Las condiciones para viajar son bajo su responsabilidad, porque no existía la seguridad de que aceptará la entrevista, en caso de que acepte le tienen que dejar algo, despensa o efectivo, así los tienen acostumbrados —esas fueron las palabras del médico veterinario de la secretaría, con quien se había hablado para el viaje.
—Esa, entre varias cosas, era una de mis preocupaciones.

Al estar en Nahá no se siente la diferencia entre los ejidos que han quedado atrás, la diferencia es que no hay caballos, pero las casas donde habitan los lacandones están hechas de madera, en la entrada se aprecia una de las 22 lagunas que existen en el lugar, muchos de ellos, los hijos de los hijos, se han cortado el cabello o profesan el cristianismo.

Pasaban más de las seis de la tarde, cuando el automóvil se detuvo frente a las casa número 22, bajo un árbol que nos cubría de la intensa lluvia, él no estaba en su casa
—Está en su templo —dijo una persona al parecer era unos de sus hijos. Su templo está detrás de mi casa, para qué lo buscan.

—Queremos hablar con él.
—No sé si quiera, está cansado, porque ha sido una semana de rezos, por los restos de Gertrudis Dubis. Preparó balché, pero hay que hablarle para que los reciba mañana, para que no se vaya a la milpa, que está a una distancia de tres kilómetros.

Su templo, el lugar donde hace contacto con los dioses de los hombres verdaderos, es una palapa de 10 por cinco metros, cubierto con palma a la que ellos de llaman “Guano”, allí se encontraba el líder espiritual de los lacandones de Nahá, Antonio Chankin (pequeño sol), tomando la bebida sagrada en una jícara. Hablaríamos al amanecer.

SE ACABÓ EL CAMINO
Se establecían en la selva. Cuando la leña, la pesca y el agua empezaban a escasear o se sentían amenazados, se cambiaban de lugar, comenta Antonio Chankin, sentado en una silla, frente a una mesa. Tiene más de 86 años, pero su cabello largo y ondulado no tiene canas, es moreno, de rasgos marcados por los años, cuando habla se siente un olor a pollo, apenas unos minutos antes había terminado de desayunar.
—El último lugar donde estuvimos, la tierra de nuestros antepasados, se llama la Arena, después nos establecíamos en un lugar uno o dos años, y continuábamos; ahora no podemos irnos, no hay más lugar, hay mucha gente, no se puede más, no hay para dónde ir. Ahora no dejo mi luz, porque me gusta mucho, ante pura vela de ocote, así nos movíamos en la noche, por eso nos picaba la culebra.

Todo ha cambiando, muchos se visten diferente, quieren que use pantalón, pero no me gusta, porque me acostumbré así, con esta ropa quiero morir, mi cabello no lo corto porque no me gusta, porque me da frío.
—¿Cambiar la ropa, cortarse el cabello, va en contra de lo que son?
—Pues si hay algo que te gusta no, si no te gusta sigues como estás, esa es la costumbre de los hijos, pero yo no, eso va en contra de mis costumbres, de lo que me enseñaron, lo que aprendí de mi suegro Chan Kin Viejo, pero yo no puedo interferir en los demás, ellos deciden.

—¿Qué es lo que aún se mantiene?
—El balché, que es la bebida sagrada, ese es mi trabajo, se habla maya, eso sigue todavía. No sé mucho español, porque no lo necesitábamos, no habían maestros ni siquiera jabón, lavábamos nuestra ropa con una cal, nos bañábamos con limón, nos limpiábamos bien.

—¿Cómo fueron sus primero años, en lo que ahora es Nahá?
—Veníamos en grupo con mi suegro Chan Kin Viejo, no había gente, la tierra era libre, verde, si uno se aburría de estar en un lado, levantaba su casa, se mudaba a otro lugar, luego quienes vivían dispersos se unieron. Pero el mal empezó con la llegada de los hombres blancos, no sabíamos que era el dinero, ellos nos traían regalos a cambio de nuestras cosas: piedras, arcos, o barro; nos dimos cuenta que éramos pobres, nos dejó de gustar los que hacíamos, empezamos a querer algo que no necesitábamos, y para conseguirlo era necesario el dinero.

—¿Después de la muerte de Chan Kin Viejo, usted fue el único que aprendió sus conocimientos, hay alguien que se quede cuando usted muera?
—Pues los hijos de los rezadores, pero los que heredaron los templos y las ceremonias las han abandonado en cuevas, han adoptado alguna religión. Por eso es que en la comunidad hay templos cristianos, evangélicos que los han cambiado ofreciéndoles una mejor vida, porque les dicen que ellos adoran al diablo, que necesitan destruir las representaciones para salvarse; les cortan el cabello, les cambian la ropa, matan al lacandón. Vienen y me dicen que cambie, que mi dios es falso, les digo que no, que yo tengo un dios aparte, que los respeto, por eso tienen que respetar en lo que creo, somos dos hombres diferentes, ellos los de las máquinas, la contaminación, fueron creados por Akianto, y el hombre verdadero creado para vivir con la naturaleza, creados por Hatchakium. Hay varios dioses, el dios del maíz, de la lluvias… pero ahora sólo yo rezo, no hay otro, no hablan con los dioses, si no hay dios, no hay comida, mi suegro así me lo dijo, tienes que pedir a los dioses por el bien del pueblo, a Kanankash, Hatchakium, Itzaná, Akinchop, un dios único que cuida al lacandón.
UNA VIEJA HISTORIA
Hace muchos ayeres, en Nahá, convivían tres rezadores: Mateo Viejo, Chan Kin Viejo, Antonio Chan Kin, compartían un mismo templo, pero cada uno le rezaba a un dios maya diferente, pero poco a poco se fueron, los dioses de la tierra y del inframundo los reclamaron, Mateo fue el primero en partir, antes de despedirse le pidió a Antonio que le rezara a sus dioses, él aceptó. Chan Kin Viejo murió con el miedo de que el dios no se diera cuenta de su buena vida, y no le permitiera reencarnar en un águila.

Antonio sigue vivo, tiene miedo que el mundo se acabe, será en un año, lo vio en un sueño; mientras eso pasa continúa con su vida, viendo cómo poco a poco los rezos a los dioses son menos, porque una sola voz es frágil, con el tiempo los dioses no vendrán más a su templo.

— ¿Por qué los lacandones no quieren rezar?
—Porque rezar implica pureza, para rezar no se tiene que dormir con la esposa durante muchas semanas, no besarse, no tocar nada que los demás agarraron, no tocar el miembro, meterse la mano en la nariz.
El rezador tiene que estar purificado, porque cuando no lo hace el dios lo siente, estar en contacto con ellos cuesta mucho, se requiere disciplina, por eso los jóvenes no quieren, hablar con ellos puede durar hasta 15 días, el cuerpo no tiene que tener olor.

Otros lacandones han llegado a aprender, pero sólo por proyectos, o para hacerlo por dinero… pero no les funciona, nunca aprenden, el dios no los quiere, se da cuenta, nunca llega, ser rezador es estregar una vida, conocer las plantas medicinales, las plegarias a los dioses, tener bien el templo, ser un hombre limpio, conocer las historias, y hablar con el dios para que indique el lugar donde se tiene que invocar.

NOTA: si deseara comunicarse a una Comunidad lacandóna, puede hacerlo aqui:
http://www.lacanja.com/

Lacanjá Chansayab - pueblo de Lacandones

Lacanjá Chansayab - pueblo de Lacandones 
CONOZCA y viaje por la Selva Lacandona

jueves, 6 de octubre de 2011

Los verdaderos hombres y sus dioses: cosmovisión lacandona

Tengo que salir (quien me pregúnta..? jaja) pero les dejo por último este doc sobre los Mayas Lacandones, que me parece muy valióso, son estudios realizados por profesionales de las ciencias sociales radicados en San Cristóbal de Las Casas.

Ya voy a dejar en paz al viejazo Chan K´in... que descanse arrullado por alguna estrella mañanera cósmica en sus ahora cielos nuevos.

¡Nos vímos!
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“Hachäkyum hizo las estrellas, sembrándolas en el cielo; las raíces que echó cada estrella son las raíces de un árbol que hay en el cielo. Cuando se cae un árbol en el cielo, se cae una estrella”

 



Chan Kin Viejo

 Es característico de los grupos mesoamericanos tener una visión cíclica del tiempo, en la cual se considera que una serie de destrucciones y creaciones se han dado de forma sucesiva a lo largo del tiempo, tras lo cual se ha llegado a la era actual, que también tendrá un fin (López-Austin, 2004). Dicha concepción también se encuentra entre los lacandones.

Tozzer en 1907 fue el primer etnólogo en describir la cosmogonía lacandona y él afirmó encontrar en los ritos que realizaban y las creencias que los fundamentaban, reminiscencias de la antigua religión maya precolombina. Él les llamó supervivencias culturales, afirmando que en esta etnia se encontraban los últimos vestigios de la religión del Clásico maya.

Sin embargo, Villa Rojas en 1985 afirmó que estas “supervivencias” no son más que semejanzas que también se encuentran entre otros grupos mayenses, como los mayas de Yucatán. Sin embargo, aseveró que hasta entonces no existía otra religión en el área mayense donde el sistema religioso se encontrara tan al margen de la influencia cristiana como entre los lacandones.

Él afirmaba que la actual religión lacandona es el resultado de la reestructuración de un antiguo sistema religioso, dado con el fin de que éste resultara más acorde con las necesidades de su vida diaria. A esto se debe que casi todos los dioses del panteón lacandón tengan que ver con los fenómenos naturales que les tocan más de cerca o con los aspectos biológicos de su propia existencia (Villa-Rojas, 1985).


Los mitos de origen

A continuación se presentará una versión unificada extraída de diversos trabajos en los que se relata el origen del universo lacandón, registrados por Marion (1999; 1992), Villa-Rojas (1985), Tozzer (1982 [1907]), Bruce et al. (1971) y Bruce (1965).

Entre los lacandones, se dice que al principio de la historia humana sólo había un dios, llamado K’akoch, que reinaba en un universo de agua y tierra. Él había creado un Sol y una Luna para que le acompañaran, pero el sol era débil y no iluminaba ni calentaba suficientemente la tierra.

Entonces K’akoch creó la flor tsaknikté (Plumeria alba, planta presente en las zonas selváticas cercanas a la comunidad lacandona) de donde nacieron tres dioses: Sukunkyum, Äkyantho’ y Hachäkyum. Tiempo después, de la misma flor nacieron las esposas de estos tres dioses hermanos, así como los dioses menores y sus servidores. K’akoch le dio el maíz a Hachäkyum, quien se lo dio a su esposa para que hiciera tortillas y atole; así todos tuvieron comida.


sigan leyendo aqui:

DESCARGAR DOC AQUI





La vida de la multifacética Gertrudis Duby Blom, de los Alpes de Berna a la selva Lacandona. Recordando a Trudy

¡Qué sorpresa hallar un articulo escrito por Kyra...! cómo olvidarte linda amiga Tuxtleca chiapaneca!, compañera de escuela, allá por la secundaria y prepa... jamás te olvidaré, lo úlltimo que supe de ti, fue que te fuistes a Suiza y te casaste con un suizo?, en fin, grácias por escribir este emotivo articulo que me ha hecho vibrar! y mucho.

Recordemos a Trudy y todo lo que significa para nosotros los chiapanecos y especialmente para los lacandones.

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La vida de la multifacética Gertrudis Duby Blom, de los Alpes de Berna a la selva Lacandona.


Reportaje de Kyra Núñez

 
Elisa Koh y Nuk María, indígenas lacandonas rinden a Trudi,
el homenaje de bienvenida a su última morada en Najá (foto K.N.J)
 
 
Huyendo de la Europa de la Segunda Guerra Mundial, acosada por políticos, diplomáticos y familia, Gertrude Duby inmigró a México en 1940, donde encontró nuevas carreras, un nuevo amor en Frans Blom y se hizo de un hogar extensivo entre lacandones y ladinos en Chiapas.


Todo lo que la multifacética Gertrudis Duby Blom hizo durante cinco décadas en Chiapas fue impactante como una tromba, similar a la que vivimos en Najá el día de su entierro final luego de 16 años, ocho meses y 7 días de su deceso -sus restos mortales guardados desde el 23 de diciembre de 1993 en el cementerio católico-romano de San Cristóbal de las Casas, junto a su esposo, Frans Blom (1893-1963).

En los Alpes de Berna

Pocas veces lo reconoció pero Gertrude Elisabeth Lörtscher nació en Innertkirchen el 7 de julio de 1901. Siempre dijo que “venía de Wimmis” en los Alpes de Berna y cautivaba a los lacandones con historias fantásticas ocurridas a los pies de los Alpes y con cantos de letras incomprensibles para lenguas extranjeras.

Su historia familiar con su explosivo politismo en los cuadros femeninos y juveniles del socialismo, le hizo tomar el nombre de Düby (de su primer marido) como propio, aunque algunas veces se excusó diciendo que su verdadero apellido era « impronunciable en cualquier idioma » tanto como su nombre de familia.

Pocas veces lo contó pero su padre fue pastor evangélico; ella misma se dijo atea y sin embargo, durante la última expedición que llevó las cajas conteniendo sus restos y el de su esposo Pancho/Frans (otro ateo) a su última morada en Najá, fueron alojadas en tres capillas católicas, incluyendo la propia en su hogar de Na Bolom y se le negó la entrada a otra, que le era accesible, la Casa de Dioses en Najá, simplemente porque ya no estaba viva y ello van contra usos y costumbres lacandones.

Defensora de la reserva forestal

Defensora de la reserva forestal de Chiapas y del mundo entero, no se anduvo por las ramas. En su testamento declaró que después de su muerte “Na Bolom, en toda su condición, quede en San Cristóbal, lugar que Pancho (Frans Blom) amó tanto como yo”. Asimismo dejó dicho que, al morir, quería ser enterrada en el panteón de Najá, al lado de su entrañable amigo Chan K’in Viejo -quien murió un día similar al de Trudi, tres años después, en 1996.

No es el caso remover los hechos para encontrar respuesta al por qué el deseo de Trudi tomó tantos años en ser concedido. La actual Presidenta del Consejo de Administración de Na Bolom, A.C. María Luisa Armendáriz Guerra aludió a “condiciones no realizables” en ese entonces; otras fuentes afirman que como murió en vísperas de Navidad no hubo conveniencia de viajar a la selva lacandona y hay quienes dicen que como días después, el 1 de enero de 1994, vino la insurrección del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), la guerra con el ejército mexicano impidió, por años, el acceso a la selva para un entierro postergado.

Sea lo que haya sido, finalmente la Fundación Na Bolom decidió el traslado de los cuerpos a Najá y obtuvo los permisos necesarios. En pleno tiempo de lluvias. De manos de lacandones, hombres y mujeres de Najá, los osarios de Gertrudis Duby Blom y Frans Blom Peterson recorrieron el pueblo donde pasaron buena parte de sus vidas para detenerse el tiempo necesario para el homenaje, en el “campamento de Trudi” situado a la entrada de la otrora selva compacta de ceibas y caobas cercana al lago sagrado.

La despedida final

La ceremonia de despedida final de Trudi ha sido un acontecimiento increíble para lacandones y ladinos; bien puede imaginarse que esta última expedición a la selva y el entierro atrasado no fue prevista ni por la suiza, su esposo o la familia lacandona. No se trató de un evento triste como lo fue cuando la suiza murió, por lo que no hubo lágrimas ni lamentos aunque, simbólicamente “el cielo llora” en un aguacero interminable por la felicidad de Gertrudis de llegar al paraíso de los antepasados Hach Winik (hombres verdaderos, como son conocidos los lacandones) y la protección de Hachäkium el creador, explicó alegremente Kayu’um Ma’ax quien la conoció bien.


La llegada de los osarios a Najá resultó adelantada al tiempo y alejada del protocolo maya y sin embargo, los mismos lacandones se apresuraron a encontrar la manera de recuperar un plan pues pues “Yertrur ha regresado a Najá” y trasladados a Casa de Cultura donde decenas de lacandones llegaron de inmediato a ver los ataúdes y a entusiasmarse frente a las fotos de Trudi y el esposo. Me asombra la manera en que los jóvenes lacandones como Kayu’um Ma’ax y Mario Chakin, Young Chan K’in García y Bor Mudo se encargan de cubrir las mesas con hojas de plátano, de encontrar las velas, de improvisar un florero para las bromelias que Chak Nu ha traído para Trudi. No veo por ahora a los ancianos, que debe haber en Najá, sino a los adultos jóvenes, a niñas con sus vestidos multicolores y niños vistiendo, como sus padres, las túnicas blancas que los distinguen de cualquier otra comunidad descendientes de los grandes mayas.

Es el penúltimo alto en la Última Expedición de Frans y Trudi a su amada selva lacandona en Chiapas donde Frans dijo querer quedarse “hasta que mis huesos sean piezas arqueológicas”; a pesar de los torrenciales aguaceros y contratiempos, el programa previsto por Na Bolom A.C. en diciembre de 2009 se llevó a cabo.

El homenaje de sus amigos

Los restos mortales de los europeos naturalizados mexicanos fueron exhumados del cementerio de San Cristóbal de las Casas el sábado 7 de agosto pasado donde reposaron, desde julio de 1963 en el caso del arqueólogo nacido danés y el de Trudi, desde diciembre de 1993. Llevados en dos osarios en caoba preciosa labrados por el artesano Jorge Abarca con delicadas inscripciones nominativas y el imprescindible jaguar moteado que los identificó en vida a la capilla de Na Bolom donde recibieron homenajes de amigos, conocidos, de visitantes y huéspedes de la casa del jaguar, de personas venidas de Nahá, de Lacanjá, Palenque, Metzabok, Yaxilán y Toniná, de Tuxtla Gutiérrez y Comitán, de la Ciudad de México, de los Estados Unidos, Dinamarca, Suiza y de otros lugares hasta el 10 de agosto cuando debutó la Última Expedición.

Ya no es posible hoy día recrear los viajes hacia la selva como era tan común hace apenas dos décadas, es decir, a pié y a caballo, no solamente porque las lluvias se han transformado en trombas sino porque los territorios han sido alterados entre decisiones del Zapatismo con sus municipalidades autónomas y el Ejército Federal que ha cerrado o vuelto inaccesibles, si es que aún existen, las brechas y veredas tan conocidas por Trudi en sus incontables excursiones a la selva tropical, y los gobiernos construyen sin parar caminos asfaltados o terracería, dizque para llevar el progreso o para detener la salida de los Zapatistas de sus regiones autónomas, vaya usted a saber, y en parte también a que de igual manera, los caballos y las mulas han sido casi para siempre reemplazados por los caballos de fuerza de los automóviles todo terreno.

Una ceremonia indígena

Incuestionablemente la magia del nombre de Gertrudis abre puertas hasta de iglesias, como la de Santo Tomás, en Oxchuc, donde se hizo el primer alto de la expedición a petición de la autoridad tradicional del pueblo, don Manuel Gómez Cocum, de 91 años, gran amigo de la suiza “¿cómo voy a olvidarla? desde un principio fue respetuosa, curiosa en saber por qué veníamos a la iglesia, sorprendida por nuestros usos y costumbres; ojalá otras mujeres vinieran como ella lo hizo desde que la conocí en 1951”; la ceremonia organizada por las autoridades indígenas fue digna del momento histórico: la costumbre indígena ambientada con ritual dominico, donde las velas y los refrescos embotellados, las sonajas y las cruces, la música del arpa y guitarra con los cánticos indios muestran lo que somos en México: mezcla de culturas.

El próximo alto de la expedición fue Ocosingo. Nada más que por la leyenda. Trudi estuvo aquí en 1943 esperando la llegada del arqueólogo danés, Frans Blom, el hombre del momento en Chiapas, a quien intentaba convencer -incluso mediante la seducción, dicen ahora las malas lenguas- de llevarla en su expedición a la selva tropical con destino a Yaxilán; no bien había parado el sonido de los motores de la Cesna cuando se hizo obvio el aprecio mutuo entre ambos. Así se inició el romance que duró toda la vida y la leyenda que perdura. Y si bien el paso de los osarios de los exploradores pasó inadvertida para Ocosingo, los integrantes de la Última Expedición no nos sustrajimos al encanto de aquél encuentro y a la magia de su resultado: una pareja extraordinaria, una misión de por vida a favor de los lacandones y de la protección de la selva tropical, una Casa del Jaguar o Na Bolom abierta al mundo sin discriminación de raza, de género, de creencia, de posición política.

La llegada a El Real sobre el recién bautizado como “Gigante”, el potro de Jacinto, nos llevó por territorios zapatistas que cruzamos con el recuerdo de aquella mítica orden dada por el subcomandante Marcos a las fuerzas armadas de su Ejército Zapatista de Liberación Nacional el 1 de enero de 1994: “nadie toca Na Bolom” y previamente, la nota de duelo que, de su pluma y letra lamenta la muerte de una “gran señora”. El Real no es sino el casco de una antigua hacienda, la de Juan Bulnes, el mejor amigo de Frans Blom desde los años 20 hasta su muerte, aunque el paso de los osarios de Frans y Trudi causa sorpresa entre los descendientes Bulnes que poco o nada recuerdan del explorador blanco, ni de ser el sitio de novelas de B. Traven y Jacques Soustelle. El Real es cita destacada en diarios y bitácoras de Duby Blom, su lugar de encanto. “Aquí encontraba el descanso que buscaba, cuando menos una vez al año pasaba aquí unas tres o cuatro semanas, descansando en una hamaca que se le colgaba de un árbol cerca de la ribera del Jataté, un río que adoraba” recuerda Beatriz Mijangos Zenteno « doña Bety » compañera de la pareja desde sus 13 años -hoy tiene 78.

Camino a la gran Ceiba




















Nahá o Najá en español ladino es el próximo alto de los osarios y destino final en su panteón el lunes 16 cuando don Antonio García Martínez, el último chamán de los lacandones, oficiará la ceremonia espiritual que habrá de acompañar el viaje de Trudi y Pancho al paraíso. La Casa de Dioses (palapa de techo de palma con bordes redondeados) está preparada y en el patio se tiene ya lista la canoa sagrada, hecha de un gran tronco de ceiba, que contiene el licor balché que habrá de prepararnos para entrar en comunicación con una docena de dioses mayas. Don Antonio inicia el ritual con sus cánticos y rezos mientras va poniendo balché en las jícaras y en los rostros de los dioses acomodados en el suelo que funge como altar. Son pocos los participantes al ritual pero muchos los que observamos. Del lenguaje de K’in García entiendo únicamente el repetido “Yertrur” (que es como suena Gertrudis) en sus encomiendas a sus antepasados para que Hachakyum el Creador reciba a Trudi y a su esposo en el cosmos donde habita. El balché es repartido con la indicación perentoria de no dejarlo caer pues ya está bendecido. Bebemos; se trata de un líquido espeso proveniente de la resina del árbol coyol fermentado con caña de azúcar y miel silvestre, que tiene sabor entre cerveza y sidra, olor pungente. Dicen que emborracha a partir del tercer sorbo pero “no es borrachera sino estado de trance para acercarse a los dioses” me explica Mario Ma’ax. En un momento dado, don Antonio interrumpe la ceremonia para indicarnos “es tiempo de ir al panteón, a la gran ceiba”.

Ahí en la Casa de Cultura espera un grupo compacto de lacandones. Antes de las últimas guardias de honor a Frans y Trudi puse en sendos sahumerios la tierra de Copenhague y de Wimmis que he traído ex profeso de Dinamarca y Suiza para que se mezcle a la tierra chiapaneca que cubrirá la fosa. La comitiva se organiza y los osarios son cargados por las manos de Hach Winik con sus largas túnicas ancestrales donde sobre el blanco algodón resalta aún más el largo de sus cabelleras obscuras. Doña Bety carga los sahumerios y yo las bromelias traídas personalmente por Kayu’um Tercero quien la quiso como a su madre porque de ella aprendió “todo lo que sé: si corto un árbol siembro otro”. Llegamos al Campamento de Trudi (dos grandes galeras con techos de palma y una construcción que semeja chalet suizo pero en realidad funge otras funciones más esenciales) donde son colocados en las largas mesas donde tantas comidas han sido servidas para lacandones y sus visitantes por espacio de cuatro décadas; reposan un momento solemne durante el cual la voz de Bety resalta “están contentos de venir por última vez a este lugar donde fueron tan felices y productivos”. Hay aplausos; en todo momento hay.

Un entierro al estilo lacandón

El panteón lacandón es considerado lugar sagrado. Hoy se ve alegre y claramente se percibe, entre las copas de las grandes ceibas, caobas y balchés un mediodía caliente, húmedo y sin nubes; hoy también muchos difuntos aquí enterrados tienen nombres que los identifican pues Na Bolom ha traído pequeños paneles con la identidad de muchos que han sido convocados por los dioses : Chan K’in Viejo, Chambor Díaz, Mateo Viejo, K’in Obregon, Chan K’in Bor, Pedro Kayum…

Con sorpresa veo a Kayu’um Ma’ax que coloca dos nombres extranjeros al lado de la tumba de Chan K’in Viejo; uno porta Roberto D. Bruce S. y el otro simplemente Marie Odile. Días después habré de saber que el primero fue “el maestro de Najá” quien llegó en 1957 sin ser ciertamente, maestro, sino antropólogo reconvertido en estudiante de lengua lacandona con el patriarca espiritual del pueblo; aquí se quedó para siempre. Marie Odile Marion Singer, antropóloga francesa especialista en cultura maya lacandón llegó por los años 70 “ah, qué gran amiga era de Gertrudis” recuerda Mario Ma’ax.

Para Najá el entierro es de importancia mayor según veo por la cantidad de gente alrededor. Han venido también las viudas de Chan K’in Viejo y las hermanas Koh. Hay pocos ancianos y viejecitas, muchas parejas jóvenes con niños en brazos. Antes de pasar a depositar los osarios, Kayu’um acompaña a Bety y a María Luisa Armendáriz Guerra a sembrar una caoba y ceiba en homenaje a los muertos para evitar que “una estrella caiga del cielo” lo que ocurre si se tomba un arbol. Los osarios descienden en la fosa y se les coloca la tierra suiza y danesa, se cubren con flores. El resto del entierro es al estilo lacandón, es decir que la fosa es cubierta con unos planchones de caoba y encima se colocó la lápida que tenían en el panteón de San Cristóbal de las Casas donde se lee : Frans Blom, arqueólogo mexicano y Gertrude Duby Blom, fotógrafa y ecologista. Bety ha traído las velas, otros los floreros ; Kayu’um prepara, con hojas de palma, una figura de perro “para que los acompañen, pues Trudi siempre quiso a sus perros pero nunca los trajo a Najá ni a la selva porque no era permitido” explica sonriendo.

Pepe Vázquez avisa: las lágrimas de felicidad de Trudi por encontrarse en el paraíso han llegado. Efectivamente llueve. La ceremonia sigue en Casa de Dioses. Don Antonio ha estado rezando todo este tiempo y comunicándose con los dioses. El rito sigue: el copal es colocado sobre los sahumerios mientras se reza a cada uno de los dioses incluyendo al protector de los blancos, Ah Kyantho. El copal arde y el humo es sagrado. Don Antonio reza y reza, canta y canta, aquí y allá reconozco de nuevo el nombre de Yertrur -a veces don Antonio pregunta a sus hijos por el nombre del esposo de Gertrudis- y el balché se distribuye, las palmas son bendecidas y el final ha llegado justo a tiempo antes del pijazo de agua con que nos despide el cielo.


Llovió como solamente suele llover en una selva tropical o rain forest: sin intervalos, sin pena. Pero el pueblo de Najá está como que de fiesta. En el campamento se sirve la cena de gala preparada por doña Bety. Las fotos de Yertrur y de Frans presiden la mesa. El balché llega en un garrafón que para fines del día queda vacío. La plática es la apropiada: decenas de recuerdos de Trudi, de la selva muchos años atrás cuando sí era selva, cuando habían jaguares con manchas y el negro, tapires, tucanes y no había caminos ni electricidad ni uno que otro turista “por eso Yertrur era feliz” recuerda el primogénito de Chan K’in Viejo. Se canta hasta la cucaracha pero en lacandón; hay recitales y cuentistas -siempre hay quien traduce; los niños lacandones aprenden de los niños ladinos sus primeras palabras en inglés mientras juegan a atrapar cangrejos; hay esposas que recuerdan los regaños de Yertrur a sus esposos cuando éstos se cortaron las cabelleras y las confesiones de los Hach Winik: lo hicieron para que la gente en San Cristóbal “no los viera mal”. Las promesas no se hacen esperar: sembraremos árboles, reforestaremos, defenderemos Najá, la selva, los animales, nuestros dioses, el cosmos, don Antonio no será el último chamán… La noche dice adiós.

La Última Expedición ha llegado a su fin

Desandamos el camino. Veo el lago sagrado de Najá donde Trudi se bañaba desnuda con sus amigas sin decirles que habían cocodrilos, las cuevas aledañas en que se sacrifican las vasijas de dioses al término de ciclos de siete años; la neblina aún cubre el paisaje pero sé que pronto dejará ver “montes pelones como espaldas de elefante”según describió doña Bety, donde los árboles ya no tocan el cielo ni se escucha el rugido del jaguar; el camino es un desastre entre el deslavado de la piedra y el lodo aunque existan campus de la Universidad Intercultural de la Selva Lacandona; la quema de árboles preciosos sigue acabando con el hábitat forestal y hay cada vez más ganado; los pueblos son más y más grandes al igual que las bases militares del ejército federal; hay ruido insoportable y las tienditas venden verduras enlatadas y ropa de textiles sintéticos. Todo lo que Yertrur predijo se ha realizado: la selva ha sido destruida, las comunidades invadidas y ha sido enterrada en su lugar preferido. El aguacero regresa.

Espero que Trudi y Frans sean felices en Najá.


Swisslatin / Kyra Núñez (11.09.2010)  


 
  FUENTE
 
   

Lacanjá Chansayab. Pueblo de Lacandones.


Los Lacandones son Hach Winik (hombres verdaderos) los legendarios moradores de la selva… envueltos por una flora exuberante, por el canto de las aves, arroyos cristalinos y apacibles lagunas…. Son parte de la naturaleza.


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Kayom de Lacanja

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Chanuk - mujer lacandona

Hachakyum, Dios creador de la selva, creó a los Hach winik, a los hombres verdaderos, con barro, ojos de piedra y dientes de maíz… creó también el cielo y la selva. En el cielo sembró estrellas y en la selva sembró árboles. Las raíces de todo lo viviente están unidas entre si... cuando en la selva cae un árbol, una estrella cae del cielo…. Chankin viejo….

Con la selva como marco natural, podemos encontrar una comunidad llamada Lacanja Chansayab, poblada por miembros del grupo indígena Lacandon, quienes, a través de los años han conservado sus raíces, el equilibrio y respeto para convivir con la selva….

Los lacandones de la familia Chankin (pequeño sol) nos permiten esta vez introducirnos en su mundo actual, en su cultura y en la estrecha relación que han mantenido por muchos años con la selva, quien les ha brindado las condiciones necesarias para su existencia y evolución.


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Trabajos cotidianos en Lacanja

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Niños Lacandones en campamento Top Che

La selva… conjunción del ayer en un hoy, donde el tiempo pierde su dimensión, en ese momento la exuberancia de la selva, su inmensidad enigmática y los lacandones me capturaron… la selva es mágica…. Gertrudy Dubby (VER).


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Milenaria Ceiba Sagrada

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Árboles que quieren alcanzar el cielo…

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Senderos de la selva

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La selva como una gran alfombra verde





Lacanja - Lacandon