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jueves, 25 de octubre de 2018

Éste es el gran hallazgo recién descubierto en la Pirámide de la Luna en Tehotihuacán




Éste es el gran hallazgo recién descubierto en la Pirámide de la Luna





El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) confirmó la existencia de una cámara de 15 metros de diámetro y de un túnel que desemboca en el sur de la Pirámide de la Luna, en la Zona Arqueológica de Teotihuacan, lo que podría tratarse de un espacio para realizar rituales.



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En una prospección realizada por del @INAHmx, en colaboración con el @GeofisicaUNAM, se confirmó la existencia de una cámara de 15 metros de diámetro bajo la de la , y un túnel que desemboca hacia el sur de la Plaza de la Luna, en .
Verónica Ortega, directora del Proyecto de Conservación Integral de la Plaza de la Luna, indicó que en los trabajos colaboró el Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); agregó que esta investigación buscaba encontrar una cámara funeraria y no lo finalmente localizado.
Estos complejos ofrendatorios constituyen el núcleo sagrado de la ciudad de Teotihuacán, por lo que toda la gente la consideraba la meca de la civilización, de ahí que lo que se pueda hallar en su interior desentrañará las relaciones que tuvo esta antigua metrópoli con otras regiones de Mesoamérica”.

Las estructuras descubiertas

A inicios de octubre, el equipo realizó prospecciones para localizar la entrada al conducto que se ubica a una profundidad de ocho metros. El túnel se encuentra hacía el sur de la Plaza de la Luna, pero es probable que haya otra entrada hacia el oriente, por lo que desean una “radiografía” completa para conocer accesos”.
Desde 2015, Ortega dirige este proyecto que inició con un trabajo de georradar en la superficie y el subsuelo, donde se encontraron fosas en el tepetate y, en su interior, cantos de río y estelas de piedra verde que representan un código simbólico y unen la parte subterránea (el inframundo) con el plano celeste.



Hallazgos recientes en la Pirámide de la Luna
Saburo Sugiyama, Rubén Cabrera C.
Además del hallazgo de ricos entierros y ofrendas relacionados con la religión, la ideología el gobierno, las excavaciones en la Pirámide de la Luna contribuyen a enriquecer nuestro conocimiento sobre otros aspectos de
la cultura teotihuacana.
El Proyecto Pirámide de la Luna, que inició sus investigaciones en el verano de 1998, realiza en el 2003 su sexta y última temporada, en que se continúa con el análisis de laboratorio de los cuantiosos materiales recuperados en los seis años transcurridos. El proyecto, dirigido por quienes firman este artículo, se realiza conjuntamente con el INAH, la Universidad Estatal de Aichi, Japón, y la Universidad Estatal de Arizona, gracias a la aportación económica de la National Science foundation -de Estados Unidos-, la Japan Soiety for the Promotion of Science, la National Geographic Society y la Universidad Estatal de Arizona.
La mayoría de las exploraciones se ha realizado mediante la excavación de túneles hacia el interior del monumento y de pozos estratigráficos en su exterior. Dentro del edificio se detectaron cuatro "complejos entierro-ofrenda" con un alto contenido simbólico y una extraordinaria riqueza. Algunos fueron localizados en la base del monumento, sobre el eje central sur-norte, en tanto que el más reciente se encontró en el corazón mismo del edificio, a la altura del tercer cuerpo. Las excavaciones también dieron cuenta de la larga secuencia constructiva de la pirámide, una historia arquitectónica que abarca desde sus inicios, hacia 100 d. C., hasta el fin de Teotihuacan, alrededor de 600-650 d.C.
Aunque algunos de los datos obtenidos ya se han dado
a conocer en esta revista
(núms. 35. 10 y 58), para tener
una idea integral de los hallazgos realizados hasta la fecha es
necesario repetir parte de la información, agregándole nuevos datos cronológicos. A continuación haremos una breve descripción de la secuencia constructiva del edificio y de los primeros entierros, algunos de ellos asociados a varias de las subestructuras de la pirámide; después se hablará con mayor detalle de los hallazgos más recientes.

Etapas constructivas
El gran basamento de la Pirámide de la Luna actualmente a la vista, compuesto de cinco cuerpos escalonados
con altos muros en talud, corresponde a la séptima etapa constructiva. Cuenta con una amplia plataforma adosada, formada con muros en talud y tablero y orientada hacia la Plaza de la Luna; en su interior se encuentran superpuestas seis construcciones más antiguas que, en conjunto, son testimonio de  la larga historia del monumento.
La construcción más antigua de la pirámide, el Edificio 1, tiene planta cuadrada, con 23.5 m por lado, y se encuentra exactamente sobre el eje de la Calle de los Muertos, en su prolongación hacia el norte. Sus muros, en talud, se construyeron con pequeños bloques de piedras semiplanas con un recubrimiento de argamasa. Su orientación es ligeramente diferente, por cerca de 4 grados, a la de los edificios que le siguieron. Las cerámicas encontradas en el interior de este edificio primigenio son de la fase Patlachique y el inicio de la Tzacualli, lo que indicaría que el monumento corresponde ni primer siglo de nuestra era; sin embargo, debido a que las muestras de radio-carbono indican fechas posteriores, de manera tentativa proponemos que este edificio pudo haberse construido hacia 100 d.C.
Los edificios 2 y 3, cuyas fechas probables de construcción son entre 150 y 200 d.C., también tienen planta cuadrada y muros en talud, aunque sólo el Edificio 2,
que se encuentra mejor conservado, muestra cuerpos escalonados.
El Edificio 4 es una ampliación muy importante. Es casi nueve veces más grande que el edificio que le antecede: su base mide 89.5 m en sentido este-oeste. A este edificio se dedicó la primera gran ofrenda (Entierro 2) encontrada en la pirámide, cuyas características se refieren más adelante.
Fue construido hacia 225 d.C., aproximadamente por la misma época en que se edificó el Templo de la Serpiente Emplumada, en la Ciudadela.
El Edificio 5. construido en parte sobre el anterior, representa un cambio en el estilo arquitectónico. Debió de haber tenido muros en talud y tablero, formando cuerpos escalonados, y una plataforma en su parte frontal, también con muros en talud y tablero recubiertos de argamasa. A este edificio se le dedicó el Entierro 3, que contiene materiales a los que se puede atribuir una fecha de alrededor de 300 d.C.  
El Edificio 6 es una ampliación en el lado este, realizada
entre 350 y 400 d.C. A este edificio se le dedicó el Entierro 4,
que se describe adelante. Tuvo
casi las mismas dimensiones que el Edificio 7, el cual, como dijimos, es la colosal pirámide que se encuentra a la vista hoy en día. En este último edificio se construyeron varios cuartos relativamente pequeños en comparación con el gran basamento piramidal, algunos de los cuales estaban adosados al primer cuerpo y otros separados. Estas construcciones perduraron hasta el ocaso de la gran ciudad.
Saburo Sugiyama. Doctor en antropología por la Universidad Estatal de Arizona Profesor de la Universidad Estatal de Aichi, Japón, y profesor-investigador de la Universidad Estatal de Arizona. Arqueólogo especializado en Mesoamérica. Coeditor del Proyecto Pirámide de la Luna, Teotihuacan.
Rubén Cabrera Castro. Arqueólogo. Doctor del Proyecto La Ventilla y codirector del Proyecto Pirámide de la Luna. Desde 1980 es investigador de la la zona arqueológica de Teotihuacan.

Sugiyama, Saburo, Rubén Cabrera Castro, “Hallazgos recientes en la Pirámide de la Luna”, Arqueología Mexicana 64, pp. 42-49.
Texto completo en la edición impresa. Si desea adquirir un ejemplar:

viernes, 10 de agosto de 2018

Antiguos esqueletos mayas de 7.000 años son hallados en cueva de México



Un equipo de arqueólogos de México han descubierto antiguos restos mayas de hasta 7.000 años de antigüedad. El hallazgo consta de tres esqueletos en la cueva de Puyil, en el municipio de Tacotalpa, estado de Tabasco, ubicada al sur del país. Uno de los restos hallados posee aproximadamente 7.000 años de antigüedad, y otros dos datan de hace 4.000 años. De acuerdo a los investigadores, el esqueleto más antiguo corresponde a un periodo en el que los humanos estaban pasando de la caza a un estilo de vida más sedentario.

Uno de los restos mayas hallados. Crédito: INAH 

Alberto Martos, arqueólogo presente en la investigación, dijo en un comunicado: Siete mil años de edad corresponde al período de transición de los cazadores al sedentarismo. Hubo diferentes grupos durante este tiempo que usaron las cuevas, claramente no era una cueva doméstica. 

En tiempos prehistóricos probablemente se usó para rituales y cementerios a fin de disponer de los restos de las personas.

Para los mayas, era una cueva de ancestros. 
Esta cueva fue utilizada por los mayas, respetaron los restos que ya estaban allí y dejaron sus propios restos dentro”.

Ahora los restos se encuentran exhibidos en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México. Además se exhiben perlas de piedra, arenisca y artefactos hechos de pirita. También se muestra la réplica de una estalagmita hallada en la cueva

Conjunto de restos mayas hallados. 

Poseen miles de años de antigüedad. Crédito: INAH La civilización maya se caracteriza por haber sido una de las ciudades más grandes y elaboradas de pasado de América Central. Sus dominios se extendieron por un gran territorio, incluyendo México. 

Durante más de 3.000 años los mayas convivieron y conquistaron territorios hasta la llegada de los conquistadores españoles en el siglo XV. 

Una publicación de CodigoOculto.com – Autor: Fernando T. – Todos los derechos reservados.

FUENTE



¡ACTUALIZÁDO!, Hallazgos arqueológicos en Ojuelos Jalisco México de objetos claramente con representaciones et´s




martes, 7 de agosto de 2018

El viaje de la Reina Roja de Palenque aterriza en México. La Reina Roja de Palenque regresa a México ¿dónde verla?


Los mayas cerraron el sarcófago hace 1, 300 años.

El valioso ajuar de la reina maya conocida como la Reina Roja se expone por primera vez en México en el Museo del Templo Mayor, en el corazón de Ciudad de México, donde estará hasta el 9 de septiembre; es la primera vez que se exhibe en el país.

Los mayas cerraron el sarcófago hace 1, 300 años y tal como lo esperaban, tuvo un largo viaje: estuvo en Los Ángeles para restauración y en Nueva York para exhibición. Y ahora, la aristócrata Tz’ak-b’u Ajaw y su ajuar regresan a la capital mexicana para después llevarlos a Palenque, Chiapas otra vez.

El descubrimiento:

El 1 de junio de 1994, el arqueólogo Arnulfo González fue el primero en mirar por un orificio el interior del sarcófago de la Reina Roja, al ver decenas de huesos rodeados de miles de piedras de jadeíta y conchas de mar, todo cubierto por polvo de cinabrio, un mineral tóxico de color rojo gritó: “¡Está llena de jade! ¡Es el alucine, de alucine, de alucine!”. Armar el rompecabezas de la tumba hallada en el Templo XIII de Palenque ha llevado 24 años:

-Juan Alfonso Cruz consiguió armar la máscara de malaquita.
-Constantino Armendáriz reconstruyó el pectoral, la diadema y el tocado del ajuar.

-“Se logró que el ajuar, aunque todavía no está completo, está exhibido muy aproximado a como debería estar representado”, explica Miguel Ángel Vázquez, director del Museo de Palenque. Se tratan de siete piezas —máscara, diadema, collar, pectoral, tocado, concha y figurilla— que se han colocado sobre un maniquí de fibra de vidrio con las características de la aristócrata:

-1,54 metros de altura, de entre 50 a 60 años de edad, con una deformación intencional de su cráneo (aplanamiento de la frente, una costumbre entre los mayas) y la mano derecha sobre su regazo.

¿Quién era la Reina Roja?

Los especialistas estiman que se trata de Tz’ak-b’u Ajaw, esposa del Rey Pakal, uno de los más importantes del periodo clásico de la cultura maya. La señora tenía la tarea de perpetuar el linaje Pakal.

-Fue madre de Kan B’alam y K’inich K’an Joy Chitam, dos gobernantes de la región.
-La definen como una mujer fuerte y longeva.
-“Este es uno de los muy pocos casos en Mesoamérica en donde se puede asociar la iconografía con los hallazgos”, apunta la arqueóloga Patricia Ledesma, directora del Museo del templo Mayor.



El viaje de la Reina Roja de Palenque aterriza en México

El ajuar de la aristócrata maya, uno de los grandes tesoros arqueológicos, se exhibe por primera vez en el país



Cuando los mayas cerraron hace 1.300 años el sarcófago de la señora Tz’ak-b’u Ajaw desearon que la aristócrata tuviese un largo viaje por el inframundo. No se equivocaron del todo. La Reina Roja ha hecho un extenso recorrido desde su descubrimiento en 1994: su restauración la llevó a Los Ángeles, después se exhibió en Nueva York, ha vuelto a México para ser mostrada en la capital durante mes y medio, y en septiembre regresará a Palenque (Estado de Chiapas, sur del país). El valioso ajuar de la reina maya se expone por primera vez en México en el Museo del Templo Mayor, en el corazón de Ciudad de México, donde estará hasta el 9 de septiembre.


La madrugada del 1 de junio de 1994, el arqueólogo Arnulfo González fue el primero en mirar por un orificio el interior del sarcófago de la Reina Roja. “¡Está llena de jade! ¡Es el alucine, del alucine, del alucine!”, gritaba el arqueólogo mexicano frente a las cámaras que captaron el momento. Decenas de huesos rodeados de miles de piedras de jadeíta y conchas de mar, todo cubierto por polvo de cinabrio, un mineral tóxico de color rojo, por el que el descubrimiento ha sido conocido desde entonces como la Reina Roja. Armar el rompecabezas de la tumba hallada en el Templo XIII de Palenque ha llevado 24 años. Primero, el restaurador Juan Alfonso Cruz consiguió armar la máscara de malaquita. Después, el especialista Constantino Armendáriz reconstruyó el pectoral, la diadema y el tocado del ajuar.
“Se logró que el ajuar, aunque todavía no está completo, está exhibido muy aproximado a como debería estar representado”, explica Miguel Ángel Vázquez, director del Museo de Palenque. Se tratan de siete piezas —máscara, diadema, collar, pectoral, tocado, concha y figurilla— que se han colocado sobre un maniquí de fibra de vidrio con las características de la aristócrata: 1,54 metros de altura, de entre 50 a 60 años de edad, con una deformación intencional de su cráneo (aplanamiento de la frente, una costumbre entre los mayas) y la mano derecha sobre su regazo. Los investigadores han logrado esta reconstrucción tras explorar en las inscripciones mayas a este personaje.
¿Quién era la Reina Roja? Tras años de investigación, los especialistas estiman que se trata de Tz’ak-b’u Ajaw, consorte del Rey Pakal, uno de los más importantes del periodo clásico de la cultura maya. Era conocida como la señora de la sucesión porque su tarea era perpetuar el linaje de Pakal. Fue madre de Kan B’alam y K’inich K’an Joy Chitam, dos gobernantes de la región. Los arqueólogos aseguran que las inscripciones la definen como una mujer fuerte y longeva. “Este es uno de los muy pocos casos en Mesoamérica en donde se puede asociar la iconografía con los hallazgos”, apunta la arqueóloga Patricia Ledesma, directora del Museo del templo Mayor.

Reconstrucción de la tumba de la Reina Roja, sus ofrendas y sus sacrificados. CONSTANTINO ARMENDÁRIZ


La disposición de la tumba de la Reina Roja también ha arrojado información sobre su importancia. El hecho de que su entierro sea similar al de la tumba del rey Pakal la ubica como un personaje sobresaliente de la aristocracia maya. Una antecámara en el Templo XIII guardó durante siglos el sarcófago con los restos de la reina, en el interior de la habitación también fueron hallados los cuerpos de dos de sus súbditos que fueron sacrificados para acompañarla en su viaje al Xilbalbá, el inframundo maya. Las 1.140 piezas hechas de jadeíta, conchas y piedras calizas, así como el recubrimiento con cinabrio —un material difícil de conseguir en la región maya— indican que la jerarquía de Tz’ak-b’u Ajaw era sumamente elevada.
Las exequias de la Reina Roja muestran que los mayas preparaban a sus muertos para un recorrido interminable por el inframundo. Las investigaciones señalan que su concepto de alma era opuesto al europeo: es tangible y puede interactuar en el mundo de los vivos. “A diferencia de las creencias europeas, el ancestral pensamiento maya no considera al hombre como un individuo compuesto de cuerpo y espíritu, sino como una parte constitutiva del mundo circundante, al que se encuentra unido de distintas formas”, señala el arqueólogo Arnoldo Gónzalez. La aristócrata maya estaba acompañada de todos los elementos que le servirían para enfrentar los peligros del mundo de los muertos.
El ajuar de la Reina Roja fue parte de la exposición Golden Kingdoms: Luxury and Legacy in the Ancient Americas, organizada por el Instituto de Investigación Getty en Los Ángeles y Nueva York en la que también estuvieron otras 80 piezas antiguas de otros países de América Latina. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha explicado que aunque ahora las piezas se exhiben en el epicentro de la cultura azteca —que no coincidió en tiempo y espacio con los mayas— el conjunto volverá al Museo de Sitio de Palenque donde se expondrá permanentemente.
¡REVIVAN EL DESCUBRIMIENTO ARQUEOLÓGICO DE LA PRIMERA VEZ!:

La Reina Roja de Palenque Chiapas, México.
La Reina Roja de Palenque Chiapas, México.




sábado, 3 de febrero de 2018

Hallan misterioso círculo de esqueletos con brazos entrelazados en México

Hallan misterioso círculo de esqueletos con brazos entrelazados en México
Los arqueólogos no han podido determinar el significado de este misterioso hallazgo. Crédito: Muaricio Marat / INAH

El descubrimiento fue realizado en tierras propiedad de la Universidad Pontificia de México (UPM). Este hallazgo denominado como «la espiral de huesos humanos» es el más inusual que cualquier arqueólogo de la INAH haya podido realizar desde que iniciaron el trabajo de campo hace más de una década, según informa el Instituto.

Los cadáveres habían sido enterrados con cajetes y tecomates (cuencos de barro y ollas de diversos tamaños) y algunos contenían piedras o esferas de cerámica. Algunos de los esqueletos mostraron evidencia de deformación deliberada y ritual de deformación de cráneo y dientes, una práctica generalizada entre varias culturas indígenas, según la BBC.



Los huesos corresponden al período preclásico de México, que es anterior al Imperio azteca. Tlalpan, la antigua aldea asociada con el entierro, parecía existir durante aproximadamente 500 años, según el comunicado.

La arqueóloga del INAH Jimena Rivera Escamilla cree que el descubrimiento llevará a una comprensión más completa de los habitantes indígenas que vivieron en la Cuenca de México durante el período Formativo Medio y Tardío, que corresponde aproximadamente al 700 a.C. y al 200 a.C.

Eso coloca a los esqueletos en una era mucho más temprana que la del Imperio Azteca, una de las civilizaciones precolombinas más conocidas, que no llegaría al poder hasta alrededor del siglo XVI.

FUENTE