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jueves, 2 de julio de 2015

Huellas de manos en el Telescopio Espacial Hubble


26 de junio de 2015: Es divertido… ¡las cosas que se observan al estar colgado con la cabeza hacia abajo en el espacio!
El astronauta John Mace Grunsfeld recuerda un extravagante descubrimiento que realizó en el año 1999. Él acababa de llegar al Telescopio Espacial Hubble y salió del compartimiento hermético del Transbordador Espacial Discovery (Descubrimiento, en idioma español) para comenzar una misión de mantenimiento. Aferrado a una baranda que pende del lateral del exterior resplandeciente del telescopio Hubble, él recorrió con los ojos el planeta azul que se encontraba a 563 kilómetros (350 millas) debajo de él y trató de no pensar demasiado en la inmensa y estrellada extensión que había detrás de él. El astronauta, el telescopio Hubble y Discovery se unieron, y se desplazaron alrededor de la Tierra a 27.360 kilómetros por hora (17.000 millas por hora).
Y fue entonces cuando él observó las huellas de manos.


En un video de ScienceCast se explora el significado más profundo de las “huellas de manos” superficiales encontradas en el Telescopio Espacial Hubble.

“La superficie exterior del Hubble está cubierta de ellas; marcas y otros signos de manipulación por parte de los astronautas”, dice Grunsfeld.

Los astronautas visitaron el telescopio en órbita cinco veces desde su lanzamiento, en abril de 1990, y llevaron a cabo 23 caminatas espaciales para repararlo y mejorarlo. Las “huellas de manos” provienen del aceite y del silicio de los guantes de los astronautas, que dejaron una marca en la lámina exterior del telescopio Hubble. Inicialmente estos residuos son invisibles pero, con el paso del tiempo, se oscurecen por estar expuestos a la radiación ultravioleta del Sol.

Las marcas que vio Grunsfeld son, sin embargo, algo más que marcas químicas.
“Son un símbolo”, dice, “de una asociación única entre los seres humanos y los robots”.
Auroras Underfoot (signup)
Los diseñadores del telescopio Hubble tuvieron la intención de que los astronautas colocaran sus manos en el Hubble. El telescopio está adornado con picaportes y barandas, puertas con bisagras y espacios para gatear adecuados para que los astronautas los visiten y se entretengan. Esto permitió al Hubble hacer algo que ninguna otra nave espacial ha hecho antes: evolucionar.

Cuando el Hubble abandonó la Tierra, hace 25 años, estaba equipado con grabadores de datos de carrete, microprocesadores típicos de la década de 1980 y algunas de las primeras cámaras digitales. Pero adelantémonos hasta el presente: Prácticamente cada uno de los instrumentos científicos que se encuentran a bordo del telescopio ha sido reemplazado al menos una vez. Ahora, el telescopio Hubble posee dispositivos de grabación de estado sólido, computadoras mejoradas y detectores astronómicos que superan por mucho a la tecnología más antigua que llevó originalmente al espacio. Los astronautas también reemplazaron los paneles solares viejos del telescopio, así como las baterías, los giroscopios y algunas ruedas de reacción, y sensores del sistema de teledirección. El Hubble se mantiene al día con los adelantos tecnológicos del planeta del que es oriundo; es una criatura del siglo XXI.
Pero los astronautas han hecho más que simplemente actualizar el telescopio Hubble. También lo han salvado.

La primera vez fue en el año 1993. Cuando el telescopio Hubble alcanzó su órbita, las imágenes revelaron que el espejo del telescopio tenía un desperfecto. Se trataba de una distorsión llamada aberración esférica. El Hubble todavía podía tomar fotografías del cosmos pero no con la sensibilidad o resolución que deseaban sus diseñadores.

“La primera misión de mantenimiento, que se llevó a cabo en 1993, se encargó de eso”, señala Grunsfeld. Ese diciembre, siete astronautas volaron hasta el telescopio a bordo del Transbordador Espacial Endeavour. Durante 11 días, la tripulación realizó 5 caminatas espaciales y utilizó más de 100 herramientas especializadas, muchas de las cuales se inventaron específicamente para dicha misión. Instalaron sistemas de corrección óptica, una nueva cámara principal, nuevos paneles solares y dos nuevos conjuntos de giroscopios.

Pero no todo marchó sobre ruedas.
Durante la misión, quienes llevaron a cabo la caminata espacial (Story Musgrave y Jeff Hoffman) abrieron un par de puertas de servicio para reemplazar giroscopios pero no pudieron volver a cerrarlas. Las cerraduras de las puertas no se pudieron restaurar. Los ingenieros, desde la Tierra, supusieron que, al abrir las puertas, un cambio de temperatura ocasionó que se expandieran o que se contrajeran.
“Terminaron usando un trinquete improvisado para poder cerrar esas puertas”, recuerda Grunsfeld. “Esa fue una muy mala idea. El Hubble podría haberse roto, pero en ese momento ellos no lo sabían. De todos modos, cerraron ambas puertas usando la fuerza bruta”.

La evidencia de una lucha “cuerpo a cuerpo” se puede apreciar en la actualidad en una mezcla de “huellas de manos” y de otras marcas ubicadas alrededor de las puertas. Las marcas cuentan una historia secreta de ingenuidad, de riesgo y de triunfo.
“Sin esa primera misión de mantenimiento, el Hubble habría sido un lindo, pero no grandioso, telescopio”, opina Grunsfeld. “No hubiéramos medido el borde del universo, ni validado los agujeros negros, o no hubiéramos descubierto la energía oscura. Las huellas digitales de los astronautas están en todos esos avances”.
Hubo otro momento difícil a fines de la década de 1990. Los planificadores de la misión se pusieron cada vez más nerviosos cuando los giroscopios del Hubble comenzaron a fallar inesperadamente; uno en 1997, otro en 1998 y un tercero en 1999. Si quedaba un giroscopio más fuera de servicio, el telescopio no podría apuntar de manera precisa.

El telescopio entero estaba a punto de fallar mientras Grunsfeld y otros seis astronautas se preparaban para la Misión de Servicio 3A. De hecho, apenas semanas antes del lanzamiento de su Transbordador Espacial Discovery, un cuarto giroscopio falló y la actividad científica del Hubble se detuvo por completo.
“Sentimos la urgencia de llegar hasta allá y arreglar el telescopio”, recuerda.
Sería la primera misión de Grunsfeld al telescopio Hubble, la primera vez que tocaba el telescopio, y la primera vez que sumaba sus propias huellas a las de sus predecesores. Discovery despegó el 20 de diciembre de 1999. Durante la misión de una semana de duración, el equipo instaló nuevos giroscopios, reemplazó un Sensor para el Guiado Fino (Fine Guidance Sensor o FGS, por su sigla en idioma inglés) y cambió la computadora principal por otra. La nueva computadora era 20 veces más rápida y tenía seis veces la memoria de la que reemplazó.

“Al finalizar esa misión, dejamos el telescopio en bastante buenas condiciones”, dice. “Salvamos al Hubble”.
Pero él no sabía que ese rescate simplemente preparó el terreno para uno más emocionante que estaba por llegar.

En el año 2000, los ingenieros que trabajaban en el Hubble notaron una curiosa anomalía: Las baterías del telescopio no se cargaban tan rápidamente como deberían. Era un pequeño efecto, medido en unidades tan pequeñas como los micro ohmios, pero con el tiempo podría significar una catástrofe: El Hubble podía “apagarse” hacia el año 2003. Mediante un trabajo de detective, que muchos aún recuerdan con admiración 15 años después, los ingenieros averiguaron cuál era el problema. Hubo una leve falla en la toma a tierra de la Unidad de Control de Energía (Power Control Unit o PCU, por su sigla en idioma inglés) del telescopio.

La PCU es, esencialmente, un banco de relés que dirige la energía de los paneles solares del Hubble hacia sus baterías y otros sistemas. Es un dispositivo muy complicado, y la única manera de realizar tareas de mantenimiento en él es apagándolo. Por completo. Sin suministro alguno de energía para el Hubble.
“Era un problema importante”, dice Grunsfeld. “Si no lo reparábamos, el Hubble iba a morir en unos 3 años. Por otro lado, si intentábamos arreglarlo, el Hubble podía morir inmediatamente. Nunca antes se había apagado el telescopio Hubble. Cientos de relés se cambiarían a su estado de apagado. El tiempo empezaría a correr porque el Hubble comenzaría a enfriarse. Había una ventana de sólo unas pocas horas para hacer las reparaciones porque el Hubble se congelaría durante la noche, el banco óptico se deformaría y el Hubble ya no sería funcional”.

La NASA decidió hacerlo, y Grunsfeld comenzó a entrenarse para la misión más difícil de su carrera: la Misión de Servicio 3B al telescopio Hubble. A bordo del Transbordador Espacial Columbia una última vez antes del desastre de 2003, el equipo de la misión llegaría a inventar nuevas herramientas, nuevos procedimientos de entrenamiento y nuevas técnicas de reparación con el fin de abordar el problema de la PCU. “Realmente mejoramos nuestro juego”, dijo Grunsfeld.

En la NASA, muchos expertos se preocuparon por la reparación de la PCU. ¿Podrían realmente lograrlo? Los astronautas mismos estaban preocupados. Con pocas horas de sueño en el espacio, Grunsfeld y Rick Linnehan se despertaron temprano el 2 de marzo de 2002 y comenzaron la preparación para su caminata espacial dos horas antes de lo previsto. La NASA estaba lista para cortar la energía del telescopio tan pronto como estuvieran preparados para salir.
“Tengan en cuenta que ni bien se cortara la energía, el tiempo empezaría a correr”, dijo Grunsfeld. “Había una verdadera sensación de urgencia, sin lugar a duda”.

Inmediatamente, algo salió mal: “Los astronautas Mike Massimino y Jim Newman nos estaban preparando para salir al exterior”, relata. “Cuando Jim me liberó de los pestillos en la pared del compartimiento hermético, se dio cuenta de que mi mochila estaba húmeda. Hubo una falla en una válvula ubicada dentro de mi traje espacial y estaba goteando agua. Eso es muy malo. Si yo hubiera salido en esas condiciones, el agua se habría congelado, habría causado una grieta y yo podría haber muerto”.

De repente los astronautas que realizarían la caminata espacial estaban demorados. Tic. Toc. Tic. Toc. Trabajando rápidamente, los astronautas que se encontraban en el compartimiento hermético ayudaron a Grunsfeld a sacarse el traje y armaron uno nuevo con partes de otros trajes que le quedaban bien.

“En menos de dos horas (un tiempo récord, por cierto), pudimos lograr que yo me metiera en otro traje espacial. Para cuando pudimos comenzar la actividad extra-vehicular (EVA, por su acrónimo en idioma inglés), ya teníamos aproximadamente dos horas de retraso. Hubo algo de pánico en la Tierra porque el Hubble se había comenzado a enfriar”, recuerda.

Los astronautas, sin embargo, estaban aún más fríos.
“Podrías pensar: 'Ay, Dios mío, Rick y tú seguramente entraron en pánico porque ya habían perdido dos horas de la jornada'”, dice Grunsfeld, “Pero no. Salimos de la escotilla como si todo fuera totalmente normal. Teníamos esa clase de concentración gracias al entrenamiento que habíamos hecho. Tan pronto como tuve ese traje espacial puesto otra vez, olvidé por completo que habíamos tenido todos esos problemas antes. Rick y yo salimos allí afuera y lo hicimos en 6,5 horas, exactamente como nos habíamos entrenado para hacerlo”.

La PCU fue reparada, y el telescopio se encendió en buen estado. Habían salvado al Hubble otra vez.
La NASA retiró su flota de transbordadores espaciales en 2011, pero no sin antes realizar una última visita al telescopio que Grunsfeld ahora consideraba “un viejo amigo”.

Originalmente, los planes indicaban que se debía llevar a cabo una misión de servicio para el telescopio Hubble en febrero de 2005, pero la tragedia del Columbia, en el año 2003, cambió todo. Un viaje al Hubble se consideraba demasiado arriesgado y, por un tiempo, parecía que el telescopio no iba a recibir mantenimiento otra vez.
“Eso hubiera significado el fin del Hubble”, dijo Grunsfeld. “Las baterías del telescopio ya tenían 13 años, y estaban empezando a fallar. Sin un reemplazo, la misión hubiera terminado pronto, en 2007”.

Y hubiera terminado, de no ser por la posterior protesta pública. No sólo los astrónomos deseaban salvar al Hubble, sino que millones de personas comunes y corrientes también. Durante más de dos años, en 2004-2006, niños en edad escolar escribieron cartas al Presidente, se llevaron a cabo audiencias públicas en el Congreso y la “conexión humana” con el Hubble llegó a ser tan clara como las marcas de los guantes en su brillante exterior.

La NASA reconsideró el tema.
En mayo de 2009, el Transbordador Espacial Atlantis despegó hacia una última misión al Hubble. En la Tierra, el Transbordador Espacial Endeavour esperaba en la plataforma de lanzamiento, listo para volar al rescate si la tripulación del Atlantis tenía problemas. Así es como la NASA afrontó el riesgo de volar la nave espacial que muy pronto sería retirada de servicio.

“En 2009, un montón de cosas andaban mal en el Hubble”, señaló Grunsfeld. “Realizamos 5 actividades extra-vehiculares para arreglar estas cosas”.

Como de costumbre, los astronautas tuvieron que inventar nuevos procedimientos y hacer cosas sin precedentes, “como quitar cientos de diminutos tornillos en voluminosos trajes espaciales”, recuerda. Reemplazaron baterías, cambiaron los seis giroscopios (otra vez), instalaron un nuevo Sensor para el Guiado Fino, repararon dos de los instrumentos científicos del Hubble y sustituyeron otros dos. Teniendo en cuenta que los astronautas posiblemente nunca volverían a visitar el telescopio Hubble otra vez, instalaron un mecanismo de captura suave que permitiría a una futura nave robot enganchar al Hubble para asegurar un final seguro a su vida útil operativa.
Por última vez, Grunsfeld vio las marcas de los miembros de los equipos de reparación del Hubble, las huellas de las manos de 16 astronautas: Story Musgrave, Jeff Hoffman, Kathryn Thornton, Thomas Akers, Mark Lee, Steve Smith, Greg Harbaugh, Joe Tanner, Mike Foale, Claude Nicollier, Rick Linnehan, James Newman, Mike Massimino, Andrew Feustel, Michael Good, y el mismo Grunsfeld.

“Fue un sentimiento agridulce dejar el Hubble en 2009”, dice Grunsfeld. “Me puso triste abandonar a mi viejo amigo. Sin embargo, como equipo, estábamos felices de haber logrado todos nuestros objetivos y un poco más, dejando al Hubble en las mejores condiciones”.

Las estimaciones actuales sugieren que el telescopio Hubble continuará realizando grandiosos logros científicos hasta el año 2020 y posiblemente durante más tiempo. Y todo gracias a las manos humanas.
Créditos y Contactos

Autor: Dr. Tony Phillips
Editor de Producción: Dr. Tony Phillips
Traducción al Español: Angela Atadía de Borghetti
Editora en Español: Angela Atadía de Borghetti
Formato: Angela Atadía de Borghetti

FUENTE


martes, 27 de enero de 2015

El telescopio Hubble: Los Pilares de la creación son también los Pilares de la destrucción

Si tuviera que "investigar" esta foto de sus orígenes macábros y satánicos, tal vez les diría que se fotografiaron en primer lugar, un camello (solo gaspar apareció de los santos reyes magos); abajo un perrito o lobo blanco de tres cuartos de perfil viendo al que tomó la foto, luego contiguo un ser idefinido que parece un et mayor, podría ser el gran arconte que mangonéa nuestro universo, y al extremo derecho, un caballo reparando (faltan aparezcan los otros del apocalipsis) jaja...
En fin que son los enunciadores apocalípticos. y agárrense que ya están aqui!

Y también salgo un rato de aqui.
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El telescopio Hubble: Los Pilares de la creación son también los Pilares de la destrucción
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Usando el Telescopio Espacial Hubble, de la NASA, astrónomos han montado una fotografía más grande y más nítida de los icónicos “Pilares de la creación” de la Nebulosa del Águila. Crédito: NASA/ESA/Equipo Hubble Heritage (STScI/AURA)/J. Hester, P. Scowen (Universidad Estatal de Arizona)


7 de enero de 2015: A pesar de que el Telescopio Espacial Hubble (Hubble Space Telescope, en idioma inglés), de la NASA, ha tomado muchas imágenes impresionantes del universo, una fotografía se destaca del resto: la vista icónica de los llamados “Pilares de la creación”. La asombrosa foto, tomada en 1995, reveló detalles nunca antes vistos de tres columnas gigantes de gas frío bañadas por la luz ultravioleta abrasadora de un grupo de estrellas jóvenes y masivas en una pequeña región de la Nebulosa del Águila (Eagle Nebula, en idioma inglés), o M16.
Para celebrar su próximo vigésimo quinto aniversario, en abril, el telescopio Hubble volvió a visitar los famosos pilares, proporcionando así a los astrónomos una visión más nítida y más amplia. Aunque la imagen original fue bautizada como los Pilares de la creación, la nueva imagen sugiere que también son los “pilares de la destrucción”.
Estoy impresionado por lo transitorias que son estas estructuras”, explica Paul Scowen, de la Universidad Estatal de Arizona, en Tempe. “Se están esfumando activamente delante de nuestros propios ojos. La fantasmal bruma azulada que rodea los bordes densos de los pilares es material que se calienta y se evapora hacia el espacio. Hemos capturado estos pilares en un momento muy singular y de corta duración en su evolución”. Scowen y el astrónomo Jeff Hester, quienes anteriormente pertenecieron a la Universidad Estatal de Arizona (Arizona State University, en idioma inglés), lideraron las observaciones originales de la Nebulosa del Águila que llevó a cabo el telescopio Hubble.
Las imágenes originales de 1995 fueron tomadas en luz visible. La nueva imagen incluye también luz del infrarrojo cercano. La vista infrarroja hace que los pilares parezcan espeluznantes y tenues siluetas que contrastan con un fondo de innumerables estrellas. Eso se debe a que la luz infrarroja penetra en gran parte del gas y del polvo, con excepción de las regiones más densas de los pilares. Las estrellas recién nacidas se pueden ver escondidas dentro de los pilares.
La imagen infrarroja muestra que los extremos de los pilares son densos nudos de polvo y gas. Hacen sombra al gas que se encuentra debajo de ellos, manteniéndolo así frío y creando las estructuras largas, con forma de columna. El material ubicado entre los pilares hace mucho tiempo fue evaporado por la radiación ionizante que proviene del cúmulo central de estrellas situado por encima de los pilares.
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En el borde superior del pilar izquierdo, un fragmento gaseoso ha sido calentado y vuela lejos de la estructura, subrayando de este modo la naturaleza violenta de las regiones donde se forman estrellas. “Estos pilares representan un proceso muy dinámico y activo”, dijo Scowen. “El gas no se calienta de manera pasiva y se va flotando suavemente hacia el espacio. Los pilares gaseosos, en realidad, se están ionizando, en lo que constituye un proceso mediante el cual los electrones pierden átomos y se calientan debido a la radiación de las estrellas masivas. Y luego son erosionados por los fuertes vientos y la lluvia de partículas cargadas que provienen de las estrellas, las que literalmente están puliendo las cimas de estos pilares”.
Cuando Scowen y Hester utilizaron el telescopio Hubble con el fin de llevar a cabo las observaciones iniciales de la Nebulosa del Águila, en el año 1995, los astrónomos habían visto las estructuras parecidas a pilares en imágenes tomadas desde la Tierra, pero no en detalle. Ellos sabían que los procesos físicos no son exclusivos de la Nebulosa del Águila ya que el nacimiento de las estrellas se lleva a cabo en todo el universo. Pero, a una distancia de solamente 6.500 años luz, M16 es el ejemplo más dramático y más cercano; algo de lo que el equipo pronto se percató.
Mientras Scowen juntaba las fotografías del Águila provistas por el telescopio Hubble, quedó asombrado por lo que vio. “Llamé a Jeff Hester por teléfono y le dije: 'Tiene que venir a ver esto ahora’”, recordó Scowen. “Pusimos las fotografías sobre la mesa y no podíamos contener la emoción con todo el increíble detalle que estábamos viendo por primera vez”.
Las primeras características que llamaron la atención al equipo en 1995 fueron las serpentinas de gas que aparentemente se alejaban flotando de las columnas. Los astrónomos habían debatido previamente cuál sería el efecto de las estrellas masivas cercanas sobre el gas circundante en las “guarderías estelares”. “Hay solamente una cosa que puede iluminar un vecindario como este: las estrellas masivas que emanan suficiente potencia en luz ultravioleta como para ionizar las nubes de gas y hacerlas brillar”, señaló Scowen. “Las regiones nebulosas de formación estelar como M16 son los carteles de neón interestelar que dicen: 'Acabamos de hacer un montón de estrellas masivas aquí'. Esta fue la primera vez que obtuvimos evidencia observacional directa de que estábamos viendo realmente el proceso de erosión, no sólo la radiación sino la remoción mecánica en capas del gas de las columnas”.
Al comparar las imágenes de 1995 y de 2014, los astrónomos también notaron un alargamiento de una característica estrecha, similar a un chorro, que puede haber sido expulsada de una estrella en reciente formación. El chorro se parece a un chorro de agua de una manguera de jardín. En los 19 años transcurridos, este chorro se ha alargado más en el espacio; se ha extendido a través de aproximadamente otros 97 mil millones de kilómetros (60 mil millones de millas), a una velocidad estimada de alrededor de 724.000 kilómetros por hora (450.000 millas por hora).
Nuestro Sol probablemente se originó en una región de formación estelar turbulenta similar a esta. Existe evidencia de que el sistema solar en formación fue salpicado con una metralla radiactiva de una supernova cercana. Eso significa que nuestro Sol se formó como parte de un cúmulo que incluyó a estrellas lo suficientemente masivas como para producir potentes radiaciones ionizantes, tal como se ve en la Nebulosa del Águila. “Esa es la única forma en la que una nebulosa de la cual nació el Sol pudo haber estado expuesta a una supernova tan rápidamente, en el corto período de tiempo que representa, porque las supernovas sólo provienen de las estrellas masivas y esas estrellas únicamente viven unas pocas decenas de millones de años”, explicó Scowen. “Eso significa que cuando se ve el medio ambiente de la Nebulosa del Águila o de otras regiones de formación estelar, se está viendo exactamente el tipo de medio ambiente en el que se formó nuestro Sol”.
Créditos y Contactos
Funcionaria Responsable de NASA: Ruth Netting
Editor de Producción: Dr. Tony Phillips
Traducción al Español: Angela Atadía de Borghetti
Editora en Español: Angela Atadía de Borghetti
Formato: Angela Atadía de Borghetti
Más información (en inglés y español):
El Telescopio Espacial Hubble es un proyecto de cooperación internacional entre la NASA y la Agencia Espacial Europea (European Space Agency, en idioma inglés). El Centro Goddard para Vuelos Espaciales (Goddard Space Flight Center, en idioma inglés), de la NASA, ubicado en Greenbelt, Maryland, administra el telescopio. El Instituto de Ciencia del Telescopio Espacial (Space Telescope Science Institute o STScI, por su sigla en idioma inglés), ubicado en Baltimore, lleva a cabo las operaciones de ciencia del telescopio Hubble. El STScI es operado para la NASA por la Asociación de Universidades para la Investigación en Astronomía (Association of Universities for Research in Astronomy, Inc.), en Washington.
La NASA está explorando nuestro sistema solar y más allá de él con el fin de entender el universo y nuestro lugar dentro de él. Buscamos descubrir los secretos de nuestro universo, sus orígenes y su evolución, y queremos buscar vida entre las estrellas. El anuncio de hoy comparte el descubrimiento de nuestro siempre cambiante cosmos y nos lleva a estar más cerca de descubrir si estamos solos en el universo.