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sábado, 11 de julio de 2015

Descubren misteriosa red de túneles debajo del Océano Pacífico similar a la de Marte

Usando el famoso programa “Google Earth”, un conocido bloguero español dio a conocer este impactante hallazgo.

Miércoles 31 julio 2013



El investigador conspiracionista español, José Luis Camacho, quien mantiene un concurrido canal de Youtube llamado “Mundo Desconocido”, ha dado a conocer recientemente, un descubrimiento extraordinario usando Google Earth. Afirma que, frente a las costa de la Península de California (México), existiría una enigmática y amplia red de túneles bajo el mar…
Si bien ninguna expedición científica ha ido hasta esa zona para comprobarlo, Camacho cree que unas largas formaciones, tipo tuberías, ingresan y salen en la plataforma del fondo oceánico. Curiosamente, estas raras estructuras no están completas del todo, pues parecen haber sido “difuminadas”.

Más tarde, el bloguero une este hallazgo con la ya conocida red de túneles en Marte, que según la NASA, serían formaciones naturales del Planeta Rojo. De hecho, algunos científicos como Glen Cushing (Servicio Geológico de Estados Unidos) proponen que, cuando finalmente los astronautas dentro de 20 años más, pisen suelo marciano, uno de los lugares más seguros para protegerse de potenciales microbios, serían las cuevas y estos enigmáticos túneles (ver nota aquí).
Si tanto estos túneles como los encontrados en el Océano Pacífico como los de Marte no son naturales… ¿Quién los construyó? ¿Seres inteligentes de otro mundo o alguna potencia terrestre?
Junto con lo anterior, el conductor de Mundo Desconocido asegura que sobre algunos cráteres marcianos, existen supuestos domos, similares a algunos hechos por científicos de bases polares. ¿Alguna base secreta? De acuerdo a teóricos de la conspiración, Estados Unidos ya tendría colonias en Marte (ver nota acá), pero la Casa Blanca jamás se ha pronunciado sobre ello.
Lo cierto es que este tipo de “descubrimientos” a través del Google Earth alimenta a todo tipo de suposiciones. Dejamos aquí el video para que saque sus propias conclusiones:

FUENTE


Como un ejemplo de los túneles supuestos en marte, ésta imagen abajo, hay otras mas similares a la foto inicial arriba pero no la encontré.

FUENTE IMÁGENES




sábado, 25 de agosto de 2012

Un lugar misterioso: Las Cavernas de Xibalbá





















“Hay relatos paralelos en otros manuscritos antiguos: el Popol Vuh de los mayas, el Papiro Ipuweregipcio, el Visuddhi-Magga budista, el Zend-Avesta persa, los Vedas hindúes, y otros muchos”
El Profesor Laban Shrewsbury en La Isla Negra, August Derleth

Fuente: El Popol Vuh y los Libros de Chilam Balam

El Popol Vuh, Popol Wuj en lengua quiché o Libro del Consejo en castellano, es una de las pocas fuentes escritas sobre la religión y mitología maya que conservamos; aunque en realidad el redactor del Popol Vuh, en la versión que conocemos (el  también llamado el manuscrito de Chichicastenango por el lugar donde se redacto) no fue un nativo si no un dominico español: Fray  Francisco Ximénez (1666-1723), en torno al año 1710. Según el mismo cuenta su confianza con sus feligreses quichés llevó a que estos le mostraran un libro en su propia lengua, aunque con alfabeto latino, en el que conservaban sus antiguas tradiciones, Ximenez entonces redacto una traducción de dicho texto a la que dio el largo título de Empiezan las historias del origen de los indios de esta provincia de Guatemala traduzido de la lengua quiche en la castellana para mas commodidad de los ministros del Santo Evangelio y que mantiene, en doble columna, el texto en lengua nativa y en castellano. Más tarde haría otra traducción, menos literal y más corta, que incluiría en su obra Historia de la provincia de Santo Vicente de Chiapa y Guatemala. 

centra en la ascendencia legendaria del pueblo quiché, y justifica su posición dominante frente a otras tribus y su organización social basándose en ella, otra parte fundamental son los relatos míticos que se refieren a la fidelidad de este texto respecto al pensamiento de los mayas de época clásica (300-900 d.c.) es difícil de determinar, aunque se ha encontrando iconografía que parece corresponderse con episodios de esta obra en varios yacimientos y en otras fuentes mayas de origen similar (escritos en alfabeto latino tras la Conquista) parece haber confirmaciones parciales de algunas de estas historias.  El texto del Popol Vuh fue olvidado por un largo tiempo, en un destino curiosamente similar a otras obras tempranas sobre la cultura maya, perdidas en archivos de Indias u olvidadas por el gran público, en  1854 se realizó su primera publicación moderna, en este caso en alemán por el austriaco Charles Scherzer pero la más influyente sería la francesa delábate de Brasseur en 1861 de la que derivan muchas de las traducción posteriores a otras lenguas modernas.  Fue bastante popular en norteamerica especialmente después de que Catherwood y Stephens popularizaran el tema maya en el país.

Entre esos otros libros mayas de origen similar (es decir escritos en tiempos de la colonia en lengua maya pero con alfabeto latino), debemos mencionar especialmente los  libros proféticos llamados colectivamente Libros de Chilam Balam (de chilam ”el que es boca, profeta” y balam “pequeño jaguar, brujo”, también nombre propio de un famoso sacerdote de la época de la Conquista), añadiendo a continuación la localidad donde se redacto dicho libro para distinguirlos entre sí, plantean similares problemas de interpretación al Libro del Consejo. A estos se añade, además,  el inconveniente de que, aunque supuestamente proféticos, posiblemente fueran redactados en muchos casos con posterioridad a los hechos, sin embargo entre estas profecías también se puede extraer mucha información sobre la mitología y religión maya de la época inmediatamente posterior a la Conquista y, en forma más fragmentaria, anterior.

  La leyenda del Árbol de la Vida

Pero en esta entrada lo que más me interesa es centrarme en un episodio concreto del Popol Vuh y su relación con un elemento iconográfico típico, el del Árbol de la Vida. En el libro se narra el descenso de los héroes gemelos  al mundo subterráneo de los muertos, Xibalbá o lo que es lo mismo en lengua quiche “el lugar espantoso” o “lugar del espanto”, en maya yucateco recibe el nombre de Metnal.  Allí se cuanta que los héroes gemelos importunaron a los dioses del inframundo, los Doce señores de Xibalbá (“el lugar del terror”), con el ruido que hacían jugando a la pelota y fueron conminados a descender y presentarse ante ellos; allí, tras una serie de ordalías, fueron asesinados, despedazados y  a continuación la cabeza cortada de Hunahpú fue colocada en un árbol, hasta entonces estéril que se cubre inmediatamente de frutos, el cual Ximénez identifica con el Árbol de la Vida del relato bíblico. Dicha cabeza, que aún contenía parte del poder del difunto héroe-dios, provoca mágicamente el embarazo de una doncella, que da a luz a una nueva pareja de gemelos,  en cierta forma una reencarnación de los fallecidos; pasados los años estos nuevos gemelos volverán a descender al inframundo, pero esta vez lo harán de forma victoriosa, superar una serie inhumana de pruebas para terminar sometiendo a los gobernantes de este mundo subterráneo a su dominio.   Al final de su epopeya los héroes gemelos se elevan al cielo, transformándose en el sol y la luna.

En varios de los libros de Chilam Balam también hay referencias a Xibalbá y se habla, de forma independiente,  de un Árbol de la Vida, que en este caso es una ceiba y no un jícaro (aunque de forma paradójica a veces se mencionan sus frutos), como una especie de axis mundi que hunde sus raíces en Xibalbá y eleva sus ramas hasta el cielo, este árbol es llamado Wacah Chan o  Yax Imix Che. 
 También aparece abundantemente representado en el arte maya superviviente, normalmente con la forma de una cruz florida y muy a menudo con una calavera entre sus raíces, iconografía que llenó de confusión a los conquistadores y misioneros españoles.

 Diversas fuentes apuntan que algunos mayas contemporáneos identifican el árbol con la constelación con la Vía Lactea y Xibalbá con uno de los puntos oscuros que se pueden apreciar en ella.
Diversos testimonios de época colonial hablan de la existencia real de dicho Árbol de la Vida, vinculado con unas igualmente reales cavernas de Xibalbá, un lugar donde a menudo los antiguos mayas peregrinaban. Por ejemplo en los informes del proceso inquisitorial llevado a cabo en la villa de Mani en 1562, por el ya mencionado en la anterior entrada obispo Diego de Landa se habla de las peregrinaciones secretas a dicho lugar para ofrecer sacrificios a los señores del infierno y donde crecía el Árbol de la Vida, “pero sólo los más santos podían verlo”. Movidos por estas leyendas algunos exploradores españoles buscaron ese mítico Árbol, que se mezclaba en el imaginario con la Fuente de la Juventud y, también, con el mítico El Dorado. Sin embargo ninguna de estas expediciones consiguió volver y su rastro se pierde en la jungla. Sólo un testimonio de un superviviente, aparentemente desquiciado por la experiencia e incapaz de recordar su apellido o lugar de origen (y por tanto conocido únicamente como Tomás) afirma haber visto el dicho árbol, tras un largo y accidentado viaje por la selva y la muerte de todos sus acompañantes.

  Literatura de los Mitos de Cthulhu
Como todo investigador interesado de los Mitos sabe, los rastros de este disperso sistema de creencias se encuentran dispersos por todo el globo, formando su propio sistema independiente (y normalmente marginal) o, en muchos casos, adoptando las formas de la religión dominante en la zona. Tal es el caso, como ya comentaba en el anterior artículo sobre el mundo maya, de la religión de los pueblos precolombinos americanos, en que los seres alienígenas conocidos como Primigenios y Dioses Exteriores se manifiestan bajo la apariencia de diversas deidades. Esto dificulta enormemente la labor del investigador, que debe buscar los fragmentos de información dispersa entre el material mitológico y legendario para poder extraer el significado profundo de este.

Como la cita del profesor Shrewsbury que encabeza el artículo nos recuerda diversos episodios del Popol Vuh, el llamado en ocasiones “Génesis de los mayas”,  pueden relacionarse directamente con el ciclo de los Mitos de Cthulhu. Entre estos debemos citar especialmente el relato de la derrota de tres demonios: Vucub Caquix y sus hijos, Cabracán y Zipacna, todos ellos  monstruos terribles causantes entre otras calamidades de los terremotos, por parte de Hunahpú y Xbalenque, que termina con el aprisionamiento de dichos demonios bajo tierra; lo que recuerda (además del similar relato de la muerte del cocodrilo-pez Cipactli a manos de los Tezcatlipoca y Queztalcoatl aztecas) a la  derrota de los Primegenios por parte de los llamados Dioses Arqutípicos y su confinamiento en la Tierra, aunque esta teoría, y la existencia misma de los llamados Dioses Arquetípicos,  no es compartida por todos los estudiosos del tema. Hay que recordar que, por ejemplo, Tussman identifica a este Zipacna (también Sipakna), a menudo representado como una rana o caimán monstruoso, con Tsathoggua y de forma extensiva a Vucub Caquix con el aún más misterioso ser llamado Gisguth, según algunas fuentes padre del antes mencionado Tsathoggua.
  Sin embargo en este caso la referencia al crecimiento y al Árbol de la Vida parece sugerir la presencia de otra “deidad” diferente y de la que se ha escrito mucho menos: Shub-Niggurath, una aberración vinculada con la fertilidad. Resulta difícil identificar a dicha deidad entre nuestro escaso conocimiento del panteón maya, aunque Tierney astútamente la vinculada con los aztecas  Xipe Totec o Coatlique. Es posible que pueda identificarselo con la dioso del maíz de la tradición maya o igualmente con los dioses del maíz que aparecen en la iconografía. Algunos autores han vinculado a este deidad del maíz de la iconografía con el renacido Hun-Hunanpuh, trazando una conexión directa, de nuevo,  con el relato del Popol Vuh pero desconocemos que nombre recibía en época clásica.

Localización y descubrimiento (con notas para SoTC).

En la introducción de la traducción de Delia Goetz del Popolo Vuh publicada en 1950, el ya por entonces fallecido Sylvanus G. Morley sitúa la entrada de Xibalbá en las cercanías de la villa de Cobán, en Guatemala,  en un sistema de cavernas naturales. Pero en realidad Morley está equivocado, o simplemente intentaba distraer la atención sabiendo de los horrores que el lugar ocultaba.
En realidad la entrada a Xibalbá (aunque hay indicios que parecen indicar que pudieron existir varios complejos similares) se encuentra en otro sitio, más al norte, ya en el departamento de Petén, bastante cerca de la ciudad en ruinas que el mismo Morely bautizó en 1916, en parte como broma (por su similitud fonética con Washington), como Uaxactún. 

Este yacimiento de Uaxactun es un lugar bastante aislado, cuya conexión más rápida con el exterior es durante los años 20 un camino de mulas a través de la jungla que en cuatro días permite llegar hasta la ciudad El Cayo, en Honduras Británica, pero a lo largo del periodo recibe diversas expediciones de la Carnagie Institution (entre 1926 y 1937) para desentrañar sus secretos, finalmente en los  30 se construye una pequeña pista de aterrizaje, surgiendo entonces allí un pequeño pueblo dedicado principalmente a la recolección de chicle.  Se supone que este, y otros yacimientos cercanos como Nakté, representan la fase más antigua de la cultura maya y por tanto la cuna original de dicha cultura.

La forma en que dicha estructura puede ser descubierta queda a discreción de cada uno, lo más posible es que alguno de los chicleros llegue contando historias de una pirámide más al noroeste, o incluso es posible que un grupo anterior de exploración desaparezca sin dejar rastro al perseguir difusos rumores sobre ello.

Si se sobrevuela la zona indicada la vegetación apenas deja ver nada, quizás un leve rastro de piedra. Aproximarse por tierra, tras un duro día de marcha a través de la selva, se descubre junto al cenote, bajo el dosel de los árboles,  una pequeña pirámide, casi devorada por la vegetación pero en la que una rápida inspección permite observar abundantemente reproducidos símbolos asociados a la muerte, el inframundo y la resurrección. Si los personajes llegaron en pos de una expedición desaparecida se encontrarán ya zonas excavadas, huesos en distintas fases de limpiado, algunas tiendas montadas y en un siniestro espectáculo los cuerpos cubiertos de moscas de los anteriores exploradores en una fosa abierta (aunque si inspeccionan los cadáveres descubrirán que falta un cuerpo)

En los escalones de la pirámide aparecen grabadas fechas de la cuenta larga que van de mediados del siglo IV hasta el XVII, acompañados de otros signos indescifrables, separados por un repetición de la rueda calendárica (52 años).  Una excavación superficial permite desvelar la presencia de abundantes esqueletos en torno al templete, incluyendo para sorpresa de todos los cuerpos decapitados de lo que, por los restos putrefactos y oxidados de armaduras y correajes,  parece un grupo de españoles del siglo XVII. Curiosamente además todos los cuerpos aparecen decapitados, sin rastro de la cabeza por ninguna parte. Los indígenas que hayan acompañado a los personajes como porteadores o como guías se mostraran muy temerosos de quedarse en el lugar y lo más posible es que en la primera noche aprovechen para marcharse de vuelta a sus pueblos.

SotC: toda esta información debería estar disponible para el personaje del grupo con más altos conocimientos en las áreas de arqueología con poco esfuerzo y sin necesidad de hacer una tirada, ni utilizar alguno de sus aspectos. Si ninguno de los personajes parece adecuado asegúrate de que un personaje no jugador les proporcione este información. Los porteadores (consideralos secuaces de nivel normal) sufren los efectos del aspecto “aterrorizado”, que utilizaran en contra de cualquier intento de convencerles para quedarse y posteriormente dificultará mucho todas sus acciones.

De todas maneras, durante las noches al menos uno de los presentes comenzará a tener sueños vívidos en los que ve, como si fuera un participante principal, una ceremonia celebrada en esa misma pirámide, pero como se debía ver en su época de esplendor, libre de vegetación, pintada de brillantes colores  y rodeada de celebrantes. En las primera noche sólo observa la ceremonia, desde un punto privilegiado en lo alto de la pirámide, y el sueño es rápidamente interrumpido cuando unos individuos pintados de azul están a punto de ser decapitados por los sacerdotes. Pero la segunda o tercera noche observa como las cabezas son separadas del cuerpo, como uno de los sacerdotes manipula un panel y una piedra bascula, abriendo un pasadizo oculto que se interna en la pirámide y en el que el personaje, cargando las cabezas, se interna antes de volver a despertar. Por supuesto en la realidad reproducir las acciones del sueño en la vigilia igualmente abre el túnel.
  
Aunque el camino descrito a partir de aquí se plantea como lineal, la realidad (y la descripción) debería ser más confusa, ya que gran parte del complejo ha surgido de forma natural hay multitud de pequeñas cámaras, grietas secundarias, bifurcaciones y salas que aquí no se describen, sea como sea estas pruebas son el camino ineludible para llegar a la cámara, pero puedes (y deberías) describir las salas llenas de estalactitas, la disposición aparentemente aleatoria del camino principal que se estrecha y ensancha sin motivo aparente, etc.
SotC: El personaje elegido para los sueños debería ser el que tuviera o bien aspectos relacionados con los mayas o la arqueología, o bien  aquel con una voluntad más débil. Descubrir el túnel sin la ayuda del sueño debería ser una tarea difícil pero no imposible; lo sueños pueden ser un aspecto interesante pero no te empeñes en presentarlos,  especialmente si el personaje utiliza sus aspectos adecuados o, sobre todo, si por si mismo decide añadir un aspecto de túneles secretos o similar con una declaración.

El Río de Sangre

Aspectos: Olor nauseabundo, rocas afiladas, paso destruido.
El túnel desciende, uniéndose a un sistema de cavernas, lleno de estalactitas y estalagmitas, parcialmente inundado y que muestra haber sido ampliado y alterado por la mano del hombre, yuxtaponiéndose las ocasionales figuras e inscripciones con las creaciones de la naturaleza. Algunas partes son estrechas mientras que otras son más anchas. Al poco de avanzar en este paisaje fantástico, los exploradores comenzarán a oler un olor nauseabundo, y al continuar avanzando llegaran a un punto donde un ancho torrente cruza el camino, el olor repugnante (que recuerda a algo putrefacto o a una herida infectada) procede del agua que parece tener un color rojizo (y sin duda es venenosa), se puede vadear el torrente, aunque la corriente es fuerte, saltarlo o intentar superarlo de otras maneras, pero cualquiera que entre en contacto con el agua llevará con él el repugnante olor durante los próximos días. Una inspección concienzuda muestra los restos podridos de un puente de cuerda que cruza sobre el torrente.

SotC: Cruzarlo vadeando requiere una prueba de Fuerza dificultad normal, fácilmente superable si además se utiliza un acuerda o aditamento similar. Otras opciones quedan a discreción del narrador, ya que es imposible suponer todas las variaciones que pueden alumbrar las mentes de los jugadores (esto es válido para esta y para las otras pruebas). Algunas ideas pueden ser utilizar un látigo o similar (armas), derribar una estalactita para hacer una pararela (fuerza, y posiblemente algún truco estilo fuerza hercúlea), fabricar una pasarela utilizando una cuerda y los apoyos antes mencionados (mecánica),… Cualquiera que toque el agua, que falle, se verá perseguido por un aspecto de Apestoso.  Además, y por supuesto, el líquido es terriblemente venenoso y fallar por mucho la tirada para superar el obstáculo puede significar daño por haber tragado parte del líquido o por haber sido golpeado por la corriente contra las rocas.
Nota: estas pruebas están inspiradas en el relato del descenso al infierno del Popol Vuh, algo que es fácil de deducir si se conoce el tema y puede ser de ayuda, en forma de pistas o modificadores, en las siguientes dificultades.

 Los cuatro caminos

Aspectos: sombras y sonidos amenazantes, perfecto para emboscadas.
A continuación se abre una serie de caminos laberínticos, aunque en realidad conociendo la clave es muy sencillo encontrar el camino correcto, aunque en su inmensa mayoría tapados por el liquen y las excrecencias calcáreas, todas las bifurcaciones tienen un glifo pintado a su lado, en color rojo, azul, verde o negro; mientras que los rojos, azules y verdes conducen a seguir vagando por el laberinto siguiendo los glifos negros es fácil cruzar la maraña de caminos sin perderse. Sin embargo estos túneles tienen un aspecto desasosegante, de alguna manera el eco amplifica y deforma el sonido de los pasos y las voces creando la sensación de que hay alguien más con ellos en los túneles. Por supuesto el origen de los ruidos no es necesariamente evidente al principio.  Si siguieron a una expedición anterior aquí pueden encontrar a un miembro perdido, y bastante desquiciado de la expedición anterior, que les balbuceará una historia sobre unas figuras extrañas, vestidas con ropa sacerdotal pero deformes y blanquecidos que surgieron de la pirámide y mataron a todo el mundo, llevándose sus cabezas, él (o ella, que también puede tratarse de una bella y sufrida arqueóloga) escapo introduciéndose por el túnel, pero se ha perdido y el hambre y la sed están a punto de acabar con su vida.
SotC: Aquí depende de lo cruel o benevolente que quiera ser el narrador, o de lo que necesite alargar la escena y de la interpretación que hagan los personajes de los ruidos, los glifos, etc. en caso de que se alargue lo suficiente puede considerarse un ataque contra la compostura de los personajes, de intensidad creciente según vaya creciendo su nerviosismo. Es posible que este sea un buen momento para que algunos de los Doce Señores de la Muerte (utiliza las características de momia Tolteca), ataquen a los personajes, reduciendo su número para el encuentro final.

La casa de los cuchillos

Aspectos: Cubierto de cuchillas, mecanismo pretérito
A continuación las pruebas adquieren su forma más mortífera, ya que el  siguiente pasillo tiene el techo y las paredes cubierta de afiladas hojas de obsidiana en toda su extensión. El suelo cuenta con simples sensores de presión que, al activarse por un peso superior a los cincuenta kilos desplazan una sección de pared, suelo o techo para chocar contra su apuesta, aplastando al individuo que tenga la mala suerte de encontrarse en medio. El mecanismo no es perfecto y actúa con un poco de retardo, pero una fuerza asombrosa. Es posible, pero difícil buscar apoyos entre las cuchillas de la pared para evitar pisar el suelo, cruzar muy rápido confiando en el retardo o cualquier otro método que se les ocurra a los personajes.
SotC: En la mayoría de los casos considera que atravesar el pasillo, que consideraremos dividido en tres zonas para cuestiones de velocidad, requiere cada turno que se tarde en cruzar una prueba de atletismo muy buena o mejor. De fallarse la tirada la diferencia se aplica como daño de la forma normal.
La cancha del Juego de Pelota

Aspectos: Paredes inclinadas, mecanismo pretérito, suelo peligroso, sombras engañosas.
Tras cruzar el último umbral se abre una sala más amplia, con forma de H achatada, con las paredes inclinadas, en el centro de cada palo lateral de la H y a dos metros sobre el suelo hay un anillo de piedra, no situado paralelo al suelo (como una canasta de baloncesto) si no perpendicular.  Uno de los lados, por el que entran los exploradores, está decorado con símbolos solares y benéficos, mientras que el más alejado tiene representados en bajo relieve a los doce señores del inframundo. 
El suelo está cubierto de polvo y fragmentos semiesféricos de roca.  Bajo el anillo más cercano, sobre un pedestal cilíndrico, una esfera de piedra de unos veinte centímetros de diámetro parece ser lo más destacable. Si se retira la piedra de dicho pedestal se escucha un ruido de maquinaria, el pedestal se hunde en el suelo y una pesada losa cubre el camino de acceso, obligando a quien se encuentra en él a elegir entre entrar en la sala o quedarse en el exterior. Al cabo de unos segundos de los huecos distribuidos por las paredes comenzarán a surgir esferas de piedra similares a la primera lanzadas con una fuerza capaz de partirle el cráneo a un hombre, que revientan violentamente al chocar contra las paredes, más duras, con un patrón aparentemente aleatorio. Al cabo de diez minutos, la lluvia de esferas de piedra se detiene, el pedestal vuelve a surgir del suelo, con una nueva esfera sobre él, y la losa que cierra el camino también vuelve a su posición elevada. Introducir una esfera de piedra por el anillo situado en el lado más alejado, detiene igualmente el mecanismo, abriendo tanto la puerta de entrada como otra, disimulada bajo dicho anillo.
SotC: Considera que la sala puede dividirse en cuatro zonas (anillo propio, campo propio, campo enemigo, anillo enemigo) y que para “encestar” es necesario  primero superar la acción de bloqueo que representan las esferas (considera que tienen una habilidad buena), cruzar esas cuatro zonas y luego hacer una prueba muy buena de puntería. Es posible declarar aspectos como “puntos muertos encontrados” o similar que faciliten la labor (o la supervivencia a los menos atléticos)
Otra nota: los lectores que hayan leído el Popol Vuh descubrirán que faltan algunas pruebas, pero me parece que con estas es más que suficiente.

El Árbol de la Vida

Aspectos: Pegajosos filamentos, escena terrorífica, inflamable, salida oculta.
Finalmente los exploradores llegan al final del complejo de cavernas para encontrarse una visión realmente inesperada, una gran afloración de algo que recuerda vagamente a un árbol pero putrefacto, con una apariencia malsana, blanquecina y fungosa palpita lentamente en el centro de una maraña de filamentos viscosos, elevándose hacia el cenit de una bóveda natural, extrañamente todo lo llena un olor a petroquímicos que oculta cualquier otro. Entre las ramas y filamentos pueden distinguirse, parcialmente cubiertos y como consumidos por los lechosos apéndices, cráneos descarnados y también (si es el caso) las cabezas aún  con carne de los arqueólogos. Igualmente en varios puntos cuelgan obscenas protuberancias carnosas, que parecen ser los frutos enfermizos de este árbol antinatural. El ser está enraizado en la sala, con sus fuertes zarcillos penetrando hacia el interior de la roca, permitiendole extraer alimento pero también atándole a este lugar. Por ello nada puede hacer por si mismo  para defenderse, más allá de derribar completamente la caverna, pero para ello están sus servidores, los supervivientes de los Doce Señores de la Muerte. 

(Por si alguien le interesa si comer el fruto realmente concede cierta inmortalidad… la misma de la que “disfrutan” los doce señores de la muerte, una eternidad de servicio al Árbol en la oscuridad. Esta acción infecta al individuo con una semilla especie de parásito, similar en menor escala a su “padre”, confiriendo resistencia y salud excepcional durante un tiempo, pero luego provocándo fuertes dolores y la transformación paulatina en seres similares a los Doce Señores de la Muerte)
La criatura oculta con sus filamentos la única salida, una estrecha grieta (decide si crees que para cruzarla es necesaria, o divertida, una prueba, especialmente si el ser está en llamas y derribando la cueva sobre sí mismo, como requiere todo final apocalíptico) que finalmente se abre sobre un río subterráneo que aflora en las cercanías de un pequeño pueblo aislado, donde serán recibidos con amabilidad y se les indicará la dirección hacia su campamento.
Posibles añadidos, y complicaciones adicionales, a esta historia podrían incluir la presencia de un grupo de adoradores de la criatura entre los nativos, deseosos de volver a ofrecer sacrificios a su señor, o un segundo grupo de investigadores (¿quizás miembros de la Sociedad Thule buscando la inmortalidad para el führer?) más dispuestos a pactar con el ser y probar sus frutos. Quizás en este caso  pueda convertirse esta en una primera parte cuando uno de los arqueólogos nazis se convierta en un portador de una de las semillas de vuelta a la civilización.
http://aventurasextraordinarias.blogspot.com.es/2012/08/lugar-misterioso-las-cavernas-de-xibalba.html


domingo, 1 de julio de 2012

La desconcertante red de túneles de la Cordillera del Cóndor



Diciembre 2008
del Sitio Web LegadoCosmico

La desconcertante red de túneles de la Cordillera del Cóndor

Recientemente tuve la oportunidad de charlar en Madrid con el periodista español Miguel Pedrero y con el Director de la reconocida revista Año/Cero, Enrique de Vicente. El tema principal de nuestra plática se concentró en los túneles secretos de América.

Gracias a Pedrero, pudimos compartir momentos de nuestra expedición a ese extraño sistema de túneles en el programa Milenio, de Radio Galega.

Sin duda es un expediente abierto que aún suscita interrogantes y las más diversas teorías.
  • ¿Quién construyó esos túneles?
  • ¿Existe una biblioteca metálica con información de civilizaciones perdidas en La Cueva de los Tayos?
  • ¿Por qué el astronauta Neil Armstrong la visitó?
Aunque en la sección “intraterrestre” incluimos un resumen de lo que significa ese enigma, pienso que hoy es una buena oportunidad para recordar porqué ese punto del mundo sigue vigente como un misterio sin resolver.


EL HALLAZGO

Nadie se pone de acuerdo en la fecha del descubrimiento. Pero lo más probable es que éste se haya producido gracias a las exploraciones militares ecuatorianas en el oriente del país, aunque fue gracias a Juan Moricz que la existencia de esos misteriosos túneles se dio a conocer a escala internacional, con todo el escándalo que traería más tarde. Corría el año 1969.

Juan Moricz era un flemático húngaro nacionalizado argentino, espeleólogo aficionado y experto en leyendas ancestrales. Su investigación del mundo subterráneo le condujo a Sudamérica y, más tarde, a las selvas del Ecuador a mediados de los años 60, llegando a la zona de los túneles que custodian los indios shuaras en Coangos.

Se afirma que gracias a su conocimiento del antiguo dialecto húngaro, el magiar – similar a la lengua de los nativos shuaras - pudo entablar amistad con los guardianes de estos túneles, que suelen frecuentar debido a la presencia de los Tayos, unas aves nocturnas que son codiciadas en la comunidad indígena por sus huevos.
Juan Moricz (de cabello canoso) con su abogado, Peña Matheus.
 
Morizc, supuestamente, con ayuda inicial de los indios hizo sus primeras exploraciones entre 1964 y 1969, este último año el decisivo para dar a conocer su inquietante hallazgo.

Leyendo tan sólo el acta notarial de su descubrimiento, fechada el 21 de julio de 1969 en la ciudad costeña de Guayaquil, a cualquiera se le encrespan los cabellos frente a sus detonantes afirmaciones:
"...he descubierto valiosos objetos de gran valor cultural e histórico para la humanidad. Los objetos consisten especialmente en láminas metálicas que contienen probablemente el resumen de la historia de una civilización extinguida, de la cual no tenemos hasta la fecha el menor indicio..."
Esta afirmación extraordinaria ponía en segundo plano la propia existencia de los túneles que, de acuerdo a la opinión de Moricz, eran artificiales: supuestas construcciones de una civilización ignorada que vivía en las entrañas de la Tierra.

Lo que resaltaba en su Acta de descubrimiento no era la naturaleza artificial de esos túneles, sus dinteles, techos pulidos o pasillos cortados como por un láser, sino la presunta Biblioteca Metálica.
  • ¿Qué información contenía exactamente?
  • ¿Era obra de una humanidad intraterrestre?
  • ¿O de una civilización ignorada de superficie que debido a un cataclismo tuvo que refugiarse en el mundo subterráneo?
  • ¿Cómo llegó Moricz a este descubrimiento?
El enigma solo estaba empezando.
"Boca de ingreso a la Cueva de los Tayos"

 

UBICACIÓN Y DESCRIPCIÓN DE LA CUEVA

A una altitud aproximada de 800 metros, en una zona montañosa irregular, en las faldas septentrionales de la Cordillera del Cóndor, se sitúa la entrada “principal”, o más bien, la entrada “conocida” al mundo subterráneo de la Cueva de los Tayos.

El acceso consiste en un túnel vertical, una suerte de chimenea con unos 2 metros de diámetro de boca y 63 de profundidad. El angustioso descenso - no apto para cardíacos - se realiza con un cabo y polea. De allí, un verdadero laberinto se abre al explorador por kilómetros de misterio que se siguen enterrando en las profundidades, una ruta de galerías y pasillos que deben ser recorridos en la más absoluta oscuridad. Las linternas más potentes son nada ante semejantes espacios en donde una catedral entera podría caber.

Y no exagero.

Como adelantaba líneas atrás, la Cueva es denominada habitualmente “de los Tayos” debido a que su sistema de cavernas es el hábitat de unas aves nocturnas llamadas Tayos (Steatornis Caripensis), que constituyen la misma especie que se ha hallado en otras cavernas de Sudamérica, como por ejemplo, los “guacharos” en Caripe, Venezuela.

El estudio inicial de esta conexión intraterrestre entre especies de aves nocturnas lo abordó detalladamente el sabio alemán Alejandro de Humboldt, en su obra: “Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente” (1800). Es sumamente sospechoso que una misma especie de aves ciegas esté diseminada en diversas cavernas de Sudamérica.

¿Será que todos aquellos laberintos intraterrestres no son cavernas aisladas y guardan una conexión?
“Descendiendo por la boca principal”
 
En las inmediaciones de la Cueva de los Tayos del Ecuador viven los Shuaras, quienes en el pasado fueron conocidos con el nombre “Jíbaro” - denominación despectiva para ellos - famosos en el pasado por su bravura y el arte de reducir cabezas. Ellos son los primeros exploradores del sistema subterráneo, ya que cada mes de abril bajaban a la cueva para hurtar los huevos e incluso los polluelos de los Tayos, que son más grandes que una paloma.

Y en medio de esta faena, los indios cuentan que se toparon con una serie de sorpresas. La más resaltante, fue sin duda, el hallazgo de gigantescas huellas sobre bloques de piedra que, por sus ángulos rectos y simetría, sugieren un origen artificial. Moricz recogió estos relatos en su visita al oriente ecuatoriano, pudiendo comunicarse sin mayor dificultad con los nativos gracias a su dominio del magiar.

Obviamente, Moricz sabía muy bien a qué blanco apuntar. Desde 1950 seguía pacientemente la “pista” que lo podría llevar al reino subterráneo.

Algunas fuentes, incluso, lo vinculan con una extraña orden esotérica húngaro-germana, hecho que podría explicar el profundo conocimiento esotérico que esgrimía en sus controvertidas entrevistas a los medios de prensa. Sea como fuere, Moricz estuvo en Perú, Bolivia y Argentina buscando estas entradas antes de llegar al Ecuador. En más de una entrevista subrayó lugares como Cusco, el Lago Titicaca y Tierra del Fuego, como los posibles lugares desde donde “se puede descender al reino subterráneo”.

Según él, la Cueva de los Tayos es sólo una de las tantas entradas a este mundo perdido, y lo más apabullante: que aun así, estaríamos hablando de un simple “arañazo” al mundo real de estos seres intraterrestres, que yacen a profundidades difíciles de alcanzar por el ser humano.

Pero la cosa no queda allí. Quizá una de las aseveraciones más inquietantes es la existencia de esa presunta biblioteca metálica que menciona en su Acta de descubrimiento. De existir, y siempre bajo el testimonio de Moricz, allí encontraríamos registrada la historia de la humanidad en los últimos 250.000 años, una cifra que moviliza a cualquiera.

Un punto a tener en cuenta en relación a estas planchas, nos lleva en línea recta a los extraños objetos que en su momento custodió el padre salesiano Carlo Crespi, en el patio de la Iglesia María Auxiliadora de Cuenca. Los objetos habían sido encontrados por nativos quienes, en acto de amabilidad y gratitud, se los cedieron al padre Crespi para su custodia.

Muchos de estos preciados objetos - por no decir todos - posteriormente fueron robados.

Si el padre Crespi aun estuviese con vida, quizá podríamos rastrear el origen exacto de tan enigmáticas piezas que parecían ser muy antiguas, mostrando indiscutibles ideogramas en relieve, una suerte de “código de información” o “escritura”.
“El Padre Crespi con los enigmáticos objetos que recibió de los indios”
 
Teniendo en cuenta que estos objetos - muchos de ellos consistían en planchas metálicas, como si fuesen de oro y mostrando complejos símbolos - se hallaron en el Ecuador, no era descabellado darle al menos el beneficio de la duda a la biblioteca metálica descubierta por Moricz en la Cueva de los Tayos.

Todo esto no tardaría en atraer la atención de los cazadores de lo misterioso.



ERICK VON DÄNIKEN Y NEIL ARMSTRONG
Y la cosa se puso color de hormiga. Primero apareció en escena el famoso escritor suizo Erick Von Däniken, quien supo cautivar a Moricz para que le diese material fotográfico y la versión oculta de su hallazgo, hecho que fue espectacularmente explotado en el libro “El Oro de los Dioses” (1974), donde Däniken no sólo se limitó a fantasear con la versión original de la historia, sino que, por si fuera poco, sostuvo haber ingresado él mismo a la Cueva de los Tayos - en sus sueños - y haber visto con sus propios ojos la biblioteca metálica.

El libro fue un bestseller mundial, vendiendo 5 millones de copias y traducido a 25 idiomas. Ni un peso para Moricz.

El libro cautivó de manera particular al lector europeo - Däniken incluyó fotografías del Archivo Moricz-Peña Matheus que mostraban el interior de las cuevas, e imágenes de la planchas metálicas del Padre Crespi - y fue así como el ingeniero escocés Stanley Hall contacta con Moricz para proponerle una expedición internacional a la Cueva de los Tayos.

Moricz aceptó siempre y cuando él fuese el Jefe de la Expedición y que ningún objeto hallado en el mundo subterráneo podría ser retirado.

Como era de esperarse, Hall no aceptó la propuesta. Inmediatamente desechó la presencia de Moricz en la Expedición y se comunicó con el Gobierno de Inglaterra. Resultado: En julio de 1976 se llevaría a cabo una expedición Ecuatoriano-Británica, con un intimidante personal militar y científico y, para añadir la cereza a la torta, la presencia del astronauta norteamericano Neil Armstrong (¿?).

Desde luego, esta no sería la primera incursión del astronauta en un lugar donde “las papas queman”. Recordemos tan sólo sus presuntas visitas a Paysandú, Uruguay, debido a la intensa actividad OVNI en la Estancia de la Aurora - popularizada por el escritor brasilero Trigueirinho.

El mismísimo dueño de la Estancia donde ocurrieron los hechos, Angel Tonna - con quien tuve la oportunidad de compartir en su casa de Paysandú en 1999 - recordaba las visitas de Armstrong quien, además, le confió en su propia estancia de Uruguay que la misión Apolo XI de 1969, enfrentó un supuesto encuentro cercano del tercer tipo en la Luna.
“Armstrong dentro de la Cueva de los Tayos"

Recientemente, debo añadir, este tema saltó en los medios de comunicación de Uruguay, ya que dos investigadores consultaron a EE.UU. si realmente Armstrong había visitado el país después de haber estado en la Luna. La respuesta fue negativa. Y por consiguiente no hay nada que avale el testimonio de Tonna, quien falleció hace pocos años en su Estancia de Paysandú. Una pena, pues de estar vivo hubiese sido interesante constatar de qué pruebas disponía para sostener su afirmación.

Sea como sea, de la visita de Armstrong en Ecuador no se puede dudar, pues hay documentos, fotografías, y hasta una declaración a medios de prensa, aunque siempre bajo la fachada de “expedición científica”.

Las investigaciones de esta controvertida expedición se desarrollaron por 35 días, instalando un generador de electricidad en el campamento base, a escasos metros de la boca misma de la Cueva, descendiendo a diario a las profundidades para desarrollar sus “investigaciones geológicas y biológicas”. Según el informe final, la comisión de estudiosos concluyó que la Cueva de los Tayos no tenía origen artificial, y que no existían indicios de trabajo humano. Todo lo había hecho la naturaleza...

Aparentemente, la misión era enterrar el misterio de la Cueva.

No obstante, para varios investigadores la conclusión del Informe resultó desconcertante teniendo en cuenta los claros dinteles y bloques de piedra que se pueden encontrar en el sistema intraterreno, muy similares a los que halló, paradójicamente, el mismísimo equipo de arqueólogos de la expedición a mitad de camino entre el campamento base y la unión del río Coangos con el Santiago, antes de descender a la Cueva.

Los arqueólogos hallaron un muro megalítico de aproximadamente 4,50 metros de largo por 2,5 metros de alto, tal como los que se pueden ver en la galerías subterráneas.
 
¿Y qué se dice ante esto?

A fin de cuentas, el Informe de la Expedición echó por tierra el verdadero secreto que yace en la Cueva de los Tayos, mientras a mitad de todo el jaleo, se llevaban cuatro cajas selladas de madera que no permitieron abrir a los shuaras, quienes se sintieron engañados y estafados. Hoy en día recuerdan claramente aquel triste episodio.

Los nativos piensan que se llevaron “algo” de las cuevas...

Y para añadir la cuota curiosa al asunto, cuando Neil Amstrong salió del sistema de túneles -donde permaneció tres días- declaró a los medios de prensa que su visita al mundo subterráneo había superado su vivencia en la Luna (!).



¿QUE SE BUSCABA?

Aunque el tufillo del robo británico es inundante, dudamos que se hayan llevado las presuntas planchas metálicas. Los guardianes de ese mundo intraterreno no hubiesen permitido que ninguna expedición, por más apertrechada que fuese - la Expedición Británica costó dos millones de dólares, el doble de inversión frente a la investigación internacional que se realizó en el 2002/2003 en las selvas de Manú para hallar Paititi - ponga los dedos sucios encima de lo sagrado.

A estos recodos del camino, y a la luz de nuestra experiencia de contacto, la biblioteca metálica hallada por Moricz en el mundo intraterrestre guarda importantes patrones en común con lo que nosotros veníamos conociendo.

En 1976, en la primera página de la revista norteamericana Ancient Skies, apareció un revelador artículo del filólogo hindú Dileep Kumar, quien analizando los símbolos que se muestran en una de las piezas del padre Crespi - una lámina aparentemente de oro, de unos 52 cms. de alto, 14 cms. de ancho y 4 cms. de grosor - concluyó que los ideogramas pertenecían a la clase de escritura Brahmi, utilizada en el período Asokan de la historia de la India, hace unos 2.300 años...

Cuatro años más tarde, el doctor Barry Fell - Profesor de Biología de la Universidad de Harvard - identificaba 12 signos de la lámina en cuestión con los propios signos empleados en el Zodíaco. También debemos mencionar que en nuestros grupos de contacto es bien conocido que muchos de estos ideogramas son similares a los signos empleados para leer y cantar música gregoriana.

Ello nos llevó a pensar en aquel entonces que estos registros no habían sido hechos para ser leídos, sino para ser “cantados”, quizá con el mismo efecto de unmantram de poder.

Otro detalle extraño en relación a la Cueva de los Tayos fue su millonaria financiación. ¿Quién puso la pasta?

De acuerdo al espeleólogo argentino Julio Goyen Aguado - presente en las primeras expediciones a la Cueva de los Tayos, incluyendo la incursión ecuatoriano-británica - la expedición de 1976 fue financiada por la Iglesia Mormona, ya que las planchas metálicas que citaba Moricz recordaban las propias planchas de oro que recibiera el profeta Joseph Smith de manos del ángel Moroni.
Teniendo en cuenta que leyendas mormonas apuntan a que los citados registros estarían ocultos actualmente en algún lugar de la cordillera de los Andes, es curioso notar que la zona donde se ubica la Cueva de los Tayos se denomina “Morona”, similar al nombre del “enviado” que contactara a Smith.

Sea como sea, Aguayo - ya fallecido - sospechaba que Stanley Hall pertenecía a los Servicios Secretos del Reino Unido, además de formar parte de la masonería inglesa, sumamente interesada en encontrar la biblioteca metálica. Neil Armstrong, y recordemos bien esto, también era masón.

El tema de la biblioteca metálica ha atraído a muchos buscadores, despistando a quienes se embarcaban en esta odisea del verdadero secreto del mundo subterráneo.
Imagen de la expedición británica que muestra detalles
de las posibles construcciones artificiales en los Tayos
 
Un secreto que va más allá de la Biblioteca Metálica. Un secreto que nosotros re descubrimos in situ cuando descendimos a ese sistema de túneles en agosto de 2002.

Continuará...



FUENTE


VER: 

Cueva de los Tayos en Ecuador y Cueva de los Guácharos en Colombia... La misma conexión que nos llevaría a la Biblioteca Metálica sobre el Génesis de la Humanidad (lástima que ya se han robado las principales evidencias)



Los Túneles secretos de Los Andes



¿Quiénes construyeron los desconcertantes túneles y galerías subterráneas de América del Sur? Si alguna civilización conoció el secreto, esta fue sin duda el Imperio Inca. Pero, ¿fueron ellos en realidad sus constructores? ¿O tan sólo custodiaban las entradas sagradas al Uku Pacha o “mundo de abajo”, donde vivían según sus leyendas los seres sabios de antiguo? 

Ficción o realidad ignorada, veamos a continuación algunas señales de este enigma, un claro mensaje que puede rastrearse desde el Titicaca al Cusco u “ombligo del mundo”.

El punto de partida, inevitablemente, es Tiahuanaco. 

Llamada en el pasado “Ciudad Eterna”, la antigua Wiñaymarca del gran Huyustus, el primer Gran Maestre de “los sacerdotes salvados de las aguas”. Sin duda, Tiahuanaco esconde el recuerdo de esa avanzada civilización que llegó a tierras andinas de allende los mares. Y para nuestra suerte, aún podemos rastrear la historia de aquel empolvado tiempo. Prueba de ello es el testimonio de Katari, uno de los más grandes quipucamayocs del incanato - aquellos que guardaban los archivos históricos del Imperio - quien comentó a los conquistadores que el legendario Huyustus era un señor poderoso, rubio y de ojos azules, que vino de muy lejos...


Kalasasaya 

Tres horas en automóvil toma llegar desde la capital de Bolivia, La Paz, al yacimiento arqueológico. A casi cuatro mil metros de altura, esta leyenda ya se respira en el Ande.

Hoy en día los pescadores del Titicaca - en el lado boliviano - recuerdan la historia de la antigua Wiñaymarca, la morada prehistórica de los “gigantes” que acompañaron a Huyustus. De hecho, el mismo Pedro Cieza de León, reputado cronista español, recogió un dato interesante que sugiere la antigüedad real de esta ciudad: cuando los incas llegaron a Tiahuanaco, la hallaron fragmentada, en ruinas, lo cual ya nos indica qué tenía mucho tiempo de estar allí. Quizá desde los primeros tiempos post “diluvio”. El inca Garcilaso de la Vega, apoyando esta posibilidad, escribía en sus Comentarios Reales (1609) que un hombre extraño apareció en Tiahuanaco cuando “cesaron las aguas”, lo que también nos hace recordar aquella teoría que sostiene una migración de sobrevivientes atlantes hacia la Cordillera de los Andes.
Como fuere, la existencia de gigantes antiguos no nos debe sorprender, por cuanto cronistas de diferentes épocas hacen amplia referencia a ellos. En todas las culturas, encontramos claras alusiones a seres de gran estatura. Por ejemplo, en la India se habla de los Dânavas y los Daityas; en Ceilán de los Râksharas; en Grecia hallamos a los legendarios Titanes; Caldea, por su parte, mantiene en su memoria la existencia de los Izdubars (Nimrod); los judíos los Emins de la tierra de Moab. Y así podríamos continuar ya que la lista es larga. Además, por si el lector aún tiene dudas, existen fósiles de los gigantes, los mismos que alcanzan una estatura de 3.75 a 4.00 metros. No hay que olvidar que los antropólogos han acuñado el término de “gigante pithecus” y “megantropo” para identificar a grupos humanoides de gran estatura, que vivieron hace millones de años en lugares tan diferentes como China, Java y Transwaal. ¿Todos se extinguieron? ¿Cuál fue el origen del gigantismo? 
Las leyendas incas mencionan a estos gigantes una y otra vez. En el Perú antiguo, por citar un evento, se afirma que en tiempos del incanato hubo una llegada masiva de gigantes en las costas de Lambayeque (!). ¿Quiénes eran? ¿De dónde venían? ¿Tenían relación con la Atlántida y sus supuestos supervivientes?



Extraordinaria fotografía del célebre artista cusqueño Martín Chambi, en donde aparece el llamado “gigante de Paruro”, descendiente de los antiguos, al lado de un actual mestizo peruano. (1917). 

Una teoría arriesgada para muchos - pero posible- sostiene que el gigantismo se debe a la hibridación con seres extraterrestres de gran estatura; así se habría transmitido el código genético necesario para una posterior mutación. Si fuese así, ello tampoco nos debería sorprender. En la Biblia, así como en otros textos sagrados, existen diversos relatos de la unión de “los dioses” o “seres angélicos” con las hijas de los mortales. Y de estas uniones nacieron gigantes… 

En Tiahuanaco, a decir del estudioso Guillermo Lange Loma, en su documentada obra “El Mensaje Secreto de los Símbolos de Tiahuanaco y del Lago Titikaka”, los gigantes eran conocidos bajo el nombre de “Antilis” y “Chullpas”, sobrevivientes de un mundo perdido, estableciendo en el altiplano, hace miles de años, una sociedad avanzada que fue la madre del Imperio Inca. No hay que olvidar que para Arthur Posnansky, padre de la arqueología boliviana, Tiahuanaco tiene entre 10.000 y 15.000 años de antigüedad. Y recientemente, gracias al investigador británico Graham Hancock, se ha demostrado que esta fecha no es imposible - basándose en la alineación del templo tiahuanacota de Kalasasaya con la posición de ciertas estrellas bajo la ley del ciclo precesional- . 

¿Fueron aquellos gigantes o “antilis” construyeron esta ciudad de piedra y sus túneles en esos tiempos remotos?

Seres poderosos que dejaron su huella 

Según un Quipu ―sistema de nudos para transmisión de información en tiempos de los incas― descifrado por Yutu Inga, los Servidores Invisibles de Wiracocha, el Dios supremo andino, fueron los Huamincas, que eran descritos como “ángeles bellos o resplandecientes”.

Las leyendas andinas atesoran abundantes y extrañas referencias a esos seres poderosos que habrían morado en Tiahuanaco. Aquellos titanes dominaban los elementos, hacían llover fuego, partían la tierra formando quebradas o levantaban cerros. Les nacían alas, y al final, después de prodigar sus profecías se convertían en huacas o númenes protectores. No dudo en que los monolitos de Tiahuanaco encierran los principios de todas las ciencias y artes. Esconden un mensaje.

Yendo más al fondo, vemos que similitudes lingüísticas en el mundo nos permiten deducir que la raíz aymará “Ti” del nombre Tiahuanaco o Tiwanaku evoca a la divinidad misma, como el Tien chino, el Theos griego o elTeotl nahuált del México antiguo. Es atrayente conocer el posible significado etimológico de la palabra  Tiahuanaco: “tio”, en aymará, quiere decir “dios”; “ti-huan” significa “de dios”, y “aka”, significa “esto”. Entonces Tiahuanaco se traduciría como “esto es de dios”.
Ese contexto mágico-espiritual se percibe cuando se contempla el Inti Punku. Es la pieza lítica que llama la atención a todo aquél que visita Tiahuanaco: la Puerta del Sol. Este bloque de andesita, hecho en una sola piueza de 10 toneladas, contiene un olvidado lenguaje ideográfico que nadie ha sabido interpretar correctamente. El propio cronista español Cieza de León queda extasiado ante su portento.

Los indios dicen que la grieta que muestra la Puerta del Sol fue hecha por un “rayo” que del cielo cayó a Tiahuanaco (?). Existen muchos hechos extraños en torno a este enclave andino y la súbita desaparición de sus habitantes.
Ricardo González en la Puerta del Sol

A estas alturas, muchos se preguntarán cuál es la conexión de los túneles antiguos con estas ruinas y sus olvidados habitantes.

Veámoslo a continuación.


Un tunel a Cusco

Volviendo al relato de Katari, uno de los últimos “archivadores” de información inca a través del sistema de quipus, hallamos una posible explicación al destino de Tiahuanaco.
Huyustus ―según la leyenda que nos transmite Katari― era el  “Señor Poderoso” de la meseta del Collao, el altiplano del Lago Titicaca. Aquel personaje procedente de tierras lejanas estableció un sistema de fortificaciones colosales, conocidas con el nombre de pukaras, que coronaban de baluartes inexpugnables los picos de la cordillera. Antes de morir ―concluye el relato contenido en el quipu inca― Huyustus dividió su reino “entre sus cuatro hijos”.
Inevitable pensar ahora en el mito de los cuatro “hermanos ayar”.
Es revelador este relato por cuanto uno de los hermanos, llamado “Ayar Manco”, fue precisamente el fundador del Imperio Inca al salir airoso de una caverna en el cerro Tamputoco, en el Cusco. Salió literalmente del Mundo Subterráneo. Eran los “hijos de Huyustus”, o para ser más precisos, sus descendientes.
Ya en 1845, el Conde de Castelnau, que dirigió una expedición científica bajo los auspicios del gobierno francés, al explorar Tiahuanaco concluyó también que Manco Cápac o Ayar Manco descendía de uno de los grandes reyes de Tiahuanaco llamado Huyustus.
Tiahuanaco fue atacada por antiguas tribus que se empezaron a diseminar por todo el altiplano del Collao, poniendo en peligro no sólo a los Sacerdotes Científicos de la otrora Ciudad Eterna, sino los tesoros que protegían. Entre ellos, y el más importante, un disco que pareciera de oro ―en verdad está hecho de una extraña aleación de metales― de unos tres metros de diámetro, que había sido una heredad de los Fundadores de Shambhala.
Como ya adelantábamos en “Los Maestros del Paititi”, Manco Cápac o Ayar Manco habría escapado de este ataque ―luego de ocultar el disco en una galería subterránea― a través de un túnel que, desde la hoy llamada Isla del Sol, le llevaría al Cusco, para fundar allí el Imperio Inca. Esta historia está sostenida por diversas observaciones de los cronistas de la conquista. Por ejemplo, el padre Bernabé Cobo, cuenta en Historias del Nuevo Mundo (1653) que un tal Juan de Vargas halló entre las ruinas de Tiahuanaco los restos de un gigante, como si hubiese sido ultimado por un ataque. En relación a los “atajos intraterrestres”, diversos cronistas mencionaron a boca de jarro la existencia de un túnel subterráneo de más de 400 kilómetros que une el Titicaca con Cusco. El mismísimo Garcilazo de la Vega, tan mesurado en sus escritos, insiste en la importancia de estas chinkanas o laberintos, como vemos, muy anteriores a los incas. El cronista español Cristobal de Molina, ya en 1638, se une también a nuestro pensamiento al afirmar que: “Manco Cápac pudo haber seguido esta galería subterránea desde la isla en el Titicaca hasta Cusco”.
Hemos visitado en repetidas ocasiones Tiahuanaco, la Isla del Sol y las diferentes esquinas secretas del Cusco. En todos estos enclaves comprobamos la existencia de antiguos ingresos a túneles, aunque, penosamente, la mayoría de ellos se encuentran tapados desde la época feudal boliviana y, por parte del Perú, en el martirio virreinal que asoló Cusco y luego la excesiva prudencia militar que procuraba “que no se perdieran más exploradores en su interior”.
Incluso, hemos estado en las auténticas cuevas de donde habría salido el mismísimo Manco Cápac, que al ser exploradas con calma el aspirante comprobará que se ensanchan lo suficiente como para permitir a una persona caminar de pie sin molestia alguna…
Siguiendo los indicios de aquel Gran Túnel que une el Titicaca con Cusco, llegamos inevitablemente a los centros sagrados más importantes del “Ombligo del Mundo” inca, descubriendo su contundente vinculación con el Reino Subterráneo o Uku Pacha. Y es que, así como los mayas fueron los más diestros hombres en la comprensión del Tiempo, los incas constituyen, sin duda, la civilización de antiguo que más contacto tenía con los túneles sagrados de América…


La arcana sabiduria andina Los incas separaban en “tres mundos” la estructura del Universo: Uku Pacha o “Mundo de Abajo”; Kay Pacha o “Mundo de Aquí”; y Hanan Pacha o “Mundo de Arriba”. Aunque hay diversas interpretaciones filosóficas sobre este particular, analizando estos antiguos conceptos andinos sin apasionamiento alguno, vemos que es una sencilla y clara descripción del Mundo Subterráneo, el Mundo de Superficie, y el Mundo de los Cielos.

Los incas pensaban que las chinkanas o túneles del “Gran Laberinto” ―que realmente existen― conducían al Uku Pacha, donde vivían sus “ancestros”, seres poderosos que les revelaron, entre otras cosas, el arte de construir ciclópeas paredes de roca en las cumbres de los Andes.

Pero estos seres de gran sabiduría, que se mencionan insistentemente en las leyendas andinas, ¿qué tan antiguos son? ¿Son acaso, una referencia a los sacerdotes perdidos de Tiahuanaco, algunos de ellos establecidos en una secreta red subterránea? ¿Se trata de aquella civilización prehistórica, desconocida por nosotros

El cronista Huamán Poma Ayala, descendiente de una casta noble inca, en sus escritos afirmaba que los primeros incas “legítimos” fueron los Apo Cápac, muy anteriores a Manco Cápac, el “Adán de los Andes”, que a decir del cronista fue sólo “el primer Jefe de la Segunda Dinastía”.

Las Chinkanas sagradas 

Se cuentan por doquier las historias de exploradores “desaparecidos” en el mundo intraterrestre del Cusco. Ya en 1624, Francisco Rueda, Juan Hinojosa y un tercer hombre llamado “Orué”, entraron en la misteriosa chinkana que se halla próxima a Sacsayhuamán, sin imaginarse que nunca más regresarían a la superficie. Más tarde, en 1814, el cronista mestizo Mateo García Pumakawa, le reveló al Coronel Domingo Luis Astete la existencia de esa antigua red de túneles que involucra “todo el Cusco”. 

EEstos laberintos subterráneos - que sospechosamente terminan interrumpidos por grandes rocas, como si éstas hubiesen sido colocadas para ocultar alguna entrada secreta - como vimos, son anteriores al establecimiento del Imperio Inca. Recordemos, por ejemplo, que cuando llegaron los conquistadores al Perú, consultaron a los indígenas por quiénes habían construido Sacsayhuamán y los túneles adyacentes. Los relatos sostienen que los lugareños se limitaron a responder que estas moles de piedra y los túneles “siempre habían estado allí”, y que los más ancianos de la región las atribuyen a una raza desconocida que precedió a los incas: los Ñaupa Machu (Los muy antiguos, los de edad vieja).


Como fuere, la chinkana más significativa del Cusco la constituye el túnel subterráneo de 2 kilómetros que une Sacsayhuaman con el Qoricancha o “Templo del Sol”. Aunque siempre se relegó su existencia a los “cuentos de los indios”, recientemente el arqueólogo español Anselm Pi Rambla demostró que el legendario camino intraterrestre existe, afirmando inclusive que este descubrimiento “puede cambiar la óptica de la historia antigua del Perú”. Por si fuera poco, el investigador sostuvo que este camino subterráneo formaría parte de un conjunto de galerías, cámaras, fuentes y hasta antiguos mausoleos que se hallan bajo el mismísimo suelo de la ciudad del Cusco...
De acuerdo a las imágenes que obtuvieron a través de la medición con radar ―como parte del Proyecto Wiracocha, iniciado en agosto de 2000― comprobaron que la chinkana de Sacsayhuamán se comunica “en línea recta” con el Templo del Sol, con el Convento de Santa Catalina, con la Catedral o templo del Inca Wiracocha, con el palacio de Huáscar, con el templo de Manco Cápac y con el Huamanmarca. Además, es importante tener en cuenta que todos estos edificios conectados por la citada chinkana se hallan en perfecta alineación astronómica con el Sol, la Luna y algunas constelaciones.
Esta chinkana que une Sacsayhuamán con el Qoricancha guarda para nosotros un interés medular, por cuanto fue a través de este camino, que el príncipe Choque Auqui ―el último y secreto inca― huyó silenciosamente del Cusco para dirigirse al Antisuyo, región selvática del oriente peruano en donde yace la insondable Paititi o también llamada “El Dorado”.


El enigma de la zona X

Es muy posible que la Zona X ―quizá el lugar más emblemático del Cusco en relación al “mundo de abajo”― sea una de las entradas mágicas a aquel reino secreto que se oculta bajo nuestros pies. Curiosamente, se encuentra muy cerca de “La Colina de los Halcones”, el enclave andino donde se yergue Sacsayhuamán o mejor dicho “El Templo del Rayo”, mal llamado fortaleza porque se utilizó como punto estratégico de defensa ante la arremetida de los conquistadores.
Desde aquel paisaje que ofrece el conjunto de cuevas de la Zona X, el aspirante podrá contemplar corpulentas montañas, que parecen cóndores de piedra con las alas abiertas, como gigantescos guardianes que simulan dormir, pero cuyo ojo vigilante, se mantiene atento y acucioso sobre la “ciudad puma”.
La denominación “X” se debe a que desde gran altura el conjunto de cavernas dibuja esta letra, como si el lugar hubiese sido marcado o concebido desde los cielos del Cusco. Además, es muy extraño encontrar esculturas de piedra que se asemejan notablemente con las halladas en Hayumarca (Puno) y Marcahuasi. Este sector inexplorado, que refuerza el planteamiento del nombre, poco a poco se va convirtiendo en un atractivo turístico, más por la fama de fenómenos extraños que por un interés histórico o arqueológico.  Las “desapariciones” de visitantes en estas chinkanas que, de pronto, se ven interrumpidas por alguna gran roca, se han reportado en más de una ocasión. Y es que el recinto pétreo de la Zona X insinúa con cierto encanto las diversas entradas y pasillos que llevan al mundo intraterrestre, aunque no siempre a través de accesos físicos, sino también interdimensionales.
Por esta razón los chamanes del Cusco utilizan hongos y bebidas alucinógenas para generar estados de “desdoblamiento” que les permitan ingresar a ese mundo interno y recibir profundas enseñanzas de los Hombres-Cóndor y Hombres-Amaru (serpiente en quechua), que no es más que una denominación andina para los Maestros del “Cielo” y del Mundo Subterráneo. Luego de haber hablado con un sinnúmero de Pacos o Sacerdotes Andinos, de manera particular con los ancianos del Reino Q’ero ―los descendientes auténticos de los incas― a más de 4.500 metros de altura, no guardamos la menor duda que ellos conocen el “secreto”.

Machu Picchu: Una ciudad ¿Inca? 

Dada a conocer por el explorador norteamericano Hiram Bingham en 1911, Machu Picchu ―la “Anciana Montaña” en quechua― se ha convertido en uno de los enclaves de misterio más renombrados de toda América del Sur. 

A 3.800 metros de altura, nos encontramos ante una obra soberbia que muestra una compleja disposición de templos, palacios y observatorios al filo de los abismos del Ande. Nadie ha podido explicar satisfactoriamente cómo los incas trasladaron los pesados bloques de piedra a estos riscos desde canteras alejadas - se dice que se utilizó granito del río Urubamba, situado a más quinientos kilómetros por debajo de la ciudadela - . Valga la aclaración, no creemos que haya sido levantada por visitantes cósmicos, pero sí con la técnica de un conocimiento perdido. En todo caso, lo más intrigante no es cómo se construyó Machu Picchu, sino por qué eligieron levantarla allí…




Machu Picchu 

En su momento, el profesor de Astronomía de la Universidad de Postdam, Rolf Muller, haciendo mediciones con el gnomon solar de los incas o Intihuata del Machu Picchu, llegó a la conclusión de que el trazado original del emplazamiento correspondía a determinados alineamientos celestes que se habían producido hace 6.000 años, muy lejos de la cifra conservadora que manejan los arqueólogos ortodoxos para Machu Picchu (supuestamente edificada en el Siglo XV). Ahora bien, si Muller, como tantos otros científicos, tiene razón en sus cálculos, definitivamente el descubrimiento de Hiram Bingham no es inca. Es más, el propio descubridor, incluso, ni siquiera estaba convencido de su manufactura incaica. Llegó a sostener abiertamente que la misteriosa ciudad de piedra fue abandonada por una cultura antigua llamada Pirwa, y que posteriormente a ello, fue ocupada por el Imperio del Sol. Para pensar un poco más, para el Dr. Gabriel Cosío, profuso investigador del incanato, la ciudad-templo fue establecida en el paleolítico quechua, reinando con Tiahuanaco (!).  
Su ubicación estratégica en medio de picos pronunciados, y asentada según estudios geológicos sobre una base de cuarzo ―hecho que otorga cierta conductividad de energías cósmicas a la ciudadela― convierten a Machu Picchu en un templo sagrado cuya conexión con el Mundo Subterráneo, es también importante.
Actualmente, en silencio y sin alertar a los turistas, se vienen desarrollando diversas exploraciones en Machu Picchu a manos de espeleólogos profesionales.
Una de las entradas al mundo interno yace en la Montaña del Huayna Picchu, que se yergue como un protector gigantesco sobre la ciudadela.
Quien decida llegar a ella, deberá ascender el camino que serpentea el macizo para tomar un desvío a la izquierda, un camino que desciende lentamente, para enterrarse en breve en plena ceja de selva. Al cabo de unas horas, se llegará al Templo de la Luna, en cuyas inmediaciones se encuentran los accesos secretos al Uku Pacha.
En verdad, son muchos los accesos a ese mundo mágico en esta región cusqueña. Las montañas de Ollantaytambo, el Nevado Ausangate y los túneles secretos de Chincheros son sólo algunos de los otros puntos que se pueden investigar, obedeciendo siempre las señales sagradas que los antiguos supieron dejar marcadas.
Los incas, como los mayas, también tenían profecías, y una de ellas menciona el ciclo del Pachacuti o los “500 años de Purificación”, en donde el “Inca Rey” de Paititi volvería del Uku Pacha al Kay Pacha o “mundo de afuera”,“mundo de superficie”, para restituir la cabeza que fue cercenada en la conquista. El retorno de la luz. El arribo de un Tiempo Nuevo.
Los túneles existen. Y no sólo en Bolivia y Perú, sino en diferentes enclaves del mundo. Algunos de ellos son tan antiguos como la humanidad misma.
Quienes los diseñaron y construyeron, han depositado allí su más preciado tesoro: el conocimiento. Una gravitante revelación que asistiría a la humanidad cuando asuma su papel y misión en el Universo. ¿Estamos preparados?
Entretanto, los Guardianes del Uku Pacha, la Hermandad Blanca de los Retiros Interiores, seguirá aguardando al sincero buscador de la verdad, en espera de ese momento…


Este artículo es una adaptación del libro “Uku Pacha, el mundo subterráneo de la Hermandad Blanca”, de Ricardo González. © 2003



FUENTE