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sábado, 21 de enero de 2012

Los parachicos, tradiciones y leyendas de Chiapa de Corzo, Chiapas


Durante el mes de enero podrás disfrutar de esta tradición centenaria

Chiapa de Corzo se viste de fiesta en conmemoración a una leyenda muy conocida que dio vida a los parachicos, personajes coloridos que incluso toman el río Grijalva como escenario de esta celebración. ¡No te la pierdas!


Chiapas se destaca por la belleza de su naturaleza, por su rica y compleja historia; en su fértil territorio han vivido desde la época prehispánica diversos grupos como los tzotziles, tzeltales, tojolabales, choles, zoques y chiapanecas. Entre la población de nuestros días se cuenta la historia del suicidio colectivo de estos últimos ante la inminencia de la dominación española.

Los chiapanecas eran particularmente agresivos. Su poderío militar era tal que se duda que alguna vez fueran conquistados por los aztecas.

Se cuenta que la importante población de los chiapanecas se acabó, no porque los conquistadores la hubiesen sometido, sino por la decisión propia de quitarse la vida antes que aceptar la dominación. Inútilmente, Luis Marín sometió Nandalumí (Pueblo grande) en 1524, pues pronto sus pobladores volvieron a sus viejas costumbres. En 1528, sabedores de la fiereza de los indios, los españoles, al mando de Diego de Mazariegos, iban muy bien armados y con el apoyo de los pueblos vecinos, llegaron hasta el Peñón de Tepechtía, en el cañón del Sumidero, donde, se dice, se libró la última batalla contra los valientes indios.
Al verse cercados por el enemigo, familias enteras de chiapanecas se arrojaron al precipicio; las aguas del río se tiñeron de rojo. Conmovido ante el hecho, el capitán español cesó el combate. Con los sobrevivientes surgieron las primeras encomiendas y en las orillas del río fue fundado un nuevo pueblo: Villarreal de los indios, la Chiapa de los indios: Chiapa de Corzo, que con la Chiapa de los españoles: San Cristóbal de las Casas, dieron nombre al estado. Realidad o ficción, para los chiapanecos, la leyenda del Sumidero es un símbolo de Ia Iucha por Ia ansiada Iibertad.

Otra leyenda enraizada profundamente en el sentir de los chiapacorceños es la que recuerda los infaustos días en que, en medio de la sequía y el hambre, los lugareños recibieron a una distinguida viajera.
La dama expuso a los habitantes del pueblo el motivo de su viaje: su hijo padecía un extraño mal que le impedía mover las piernas. Había recurrido a los médicos más reconocidos, sin que brebajes ni sangrías lograran recuperarlo, de ahí que ella decidió visitar varios lugares remotos en busca del remedio "para el chico". Cuando le hablaron de los curanderos de Chiapa decidió consultarlos. Al poco tiempo apareció el de Namandiyuguá (Cerro brujo), quien después de examinar al joven, le recetó pócimas de hierbas y ordenó que se llevara al chico a los baños de Cumbujujú ("lugar donde abunda el jabalí") para completar el tratamiento.

La madre acudió al lugar, cerca del pueblo y poco después, como de milagro, el joven empezó a recobrar la movilidad en las piernas.

Agradecida, la mujer, que se llamaba doña María de Angulo, mandó traer desde tierras distantes ganado y grandes cantidades de cereales para paliar la crisis en Chiapa. Ordenó que se destazara cada día una vaca en la plaza y repartió canastas con víveres entre la población.

En el mes de enero, el día de San Sebastián, doña Maria mandó sacar a su hijo en andas y desnudo -como el santo-, para que no volvieran las penurias al pueblo. Más tarde, ambos regresaron a su país; la situación había cambiado, la naturaleza pródiga se manifestó nuevamente, los lugareños relacionaron la abundancia con la petición hecha por la mujer y su hijo al santo. Con la llegada de un nuevo año, los nativos recordaron la visita con la representación de una muchacha y un joven vestidos como los personajes paseando por las calles, rodeados de sus "sirvientes", quienes repartieron comida simbólicamente.

No hay datos que avalen la leyenda, los cronistas no la mencionan; sin embargo, el relato -con variantes- se conserva en el recuerdo de los chiapacorceños, y en las recopilaciones escritas que se han hecho en este siglo. Pero la realidad es que sólo quedan como testigos el Cerro brujo, las vertientes del Cumbujuyú, cercanos a Chiapa de Corzo y la conmemoración de la visita que tiene lugar todos los años, en el mes de enero durante las festividades del Señor de Esquipulas -herencia guatemalteca-, San Sebastián mártir y San Antonio Abad, las "chuntás", "los parachicos" y las representaciones de doña María de Angulo recorren las calles de la población en una alegre celebración llena de tradición y colorido.

Los viajeros que van a la fiesta, al llegar a Chiapa de Corzo, se encuentran con la plaza grande, la fuente colonial, llamada por los lugareños la "pilota", construida con ladrillo, en estilo mudéjar imitando la corona del rey de Castilla y Aragón, y cuya construcción iniciara fray Rodrigo de León en 1552.

Es también famosa "la pochota", ceiba añosa, árbol ritual de los mayas que nunca falta en las plazas de la región y la iglesia de Santo Domingo, erigida entre 1554 y 1576, también de estilo mudéjar, todos ellos mudos testigos de la historia de la ciudad.

El bullicio comienza el día 9 de enero, cuando las "chuntá", jóvenes disfrazados de mujeres recorren las calles de la población con faldas floreadas, con tocados y sombreros, maquillados o enmascarados, llevando canastas llenas de banderas de papel, y bailando el movido Bayashando, acompañado del redoblar de los tambores. Al frente del grupo vienen los "abrecampo", que provocan la risa de los asistentes. Se dice que esta costumbre tiene su origen en las mujeres que acompañaron a la señora de Angulo o bien que es una celebración ligada a la época de las cosechas.

En día 13 se velan las ramas que, adornadas con frutas y flores, se llevan en la madrugada del día 14 al barrio de San Jacinto, al Señor de Esquipulas. Allí hay marimba, el cálido aire se mezcla con el olor de la pólvora de los cuetes, los nanches y los jocotes curtidos. El templo es un jardín florido pletórico de azucenas, gladiolas, nubes, dalias, crisantemos, claveles, nardos y margaritas y de “enramas "adornadas con papayas, sandías, guineos, piñas, guías de jocotes, ramos de limas, cocos y pan de rosca. Los santos apenas si se notan entre las flores y el humo del estoraque. En la comida comunal se sirve “cochito" con arroz, chanfaina y tradicional tasajo con pepita.

El día 15, dedicado al Cristo negro de Esquipulas, aparecen los “Parachicos". Es imprecisa la explicación de su origen, hay quien dice que son representación de los comerciantes que, engalanados, iban a la fiesta "para el chico", otros aseguran que son los acompañantes y los mayordomos de la señora Angulo que repartían la comida, o bien los patrones de cabellos rubios y capas de fiesta.

Los Parachicos lucen una montera de ixtle a manera de peluca, es la cabellera rubia, además de una preciosa máscara -que imita las facciones del español-, con ojos comprados o manufacturados por el artesano, con vidrio fundido sobre un molde y decorado como una pupila.

Portan dos paliacates, uno que cubre la cabeza, y el otro que se sujeta alrededor del cuello con el fin de afianzar la máscara.

Aseguradas en la cintura y sobre las piernas, los Parachicos llevan unas chalinas de seda con flores bordadas, en chaquira y lentejuela, sobre el pecho dos cintas entrecruzadas, en las manos un "chinchín" o sonaja de hojalata. Un sarape de Saltillo (de Chiauhtempan, Tlaxcala) atravesado, completa el atuendo.

Los Parachicos aparecen por todo el pueblo, van por las banderas a San Gregorio, el templo de la loma, para bajarlas a la iglesia grande y entre danza y música, patrón y prioste, llevan a San Antonio Abad a las ermitas del Consagrado y de San Antonabal. ¡Allí vienen los Parachicos! es el grito que se oye por doquier.
Después del canto del Nambujó, que entonaba el patrón en el atrio de la iglesia, al ritmo de la guitarra, el tambor y la flauta, gritan "Parachico me pediste, parachico te daré y al compás del tamborcito, mi chinchín te sonaré", la fiesta continúa. Las muchachas, que visten el precioso vestido de contado y bordado de tul de vuelos con flores multicolores, llenan las calles y la plaza, llevan sus jícaras recubiertas de maque, prestas a llenar de confeti a los asistentes.

Para el 20 de enero, el mayordomo, que es quien hace el gasto, va a misa, lleva sarape, jícaras, listones, bandas. Después del rompimiento de la fiesta todo es importante, ser marimbero o de la banda de música, llevar banderas, llegarse a la plaza, cerca de la pochota, donde los niños suben y bajan en los caballitos, si bien los novios prefieren la rueda de la fortuna y otros los jarros de barro con trago.

Mientras tanto, del templo grande han salido tres imágenes de San Sebastián, dos se llevan a las ermitas y la tercera, grande, entre banderas, precedida por cientos de Parachicos -ancianos, jóvenes y niños- se dirige a la casa del Prioste, a la Comida Grande.

Todos asisten, a veces hasta llega el gobernador del estado, la música no cesa mientras se come pepita con tasajo.

El día 21 en la noche tiene lugar un "combate naval", en las márgenes del río Grande. Los maestros pirotécnicos han dispuesto todo para la fiesta nocturna, los artesanos coheteros pintan la noche con cascadas de luces de colores y con matices luminosos el oscuro espejo del Grijalva. También se habla de que esta costumbre tiene antecedentes muy lejanos. En el siglo XVII, Thomas Gage presenció un "combate" que relata en sus crónicas de viaje y que luego se dejó de representar. Fue hasta 1906, cuando Aníbal Toledo, emocionado por un documental de la guerra ruso- japonesa, propuso que se reviviera la vieja costumbre del "combate".

El 22 de enero es el día de los carros alegóricos, entonces todos estrenan alguna prenda, los "parachicos", los "abrecampos" y los "estandartes " rodean el carro de doña María de Angulo. Hay concursos, bailes populares y torneos de equipos deportivos.

Al fin llega el día 23, cuando tiene lugar la misa de despedida, los asistentes hacen valla; cuando llega la imagen de San Sebastián, las "banderas" y los "parachicos" irrumpen, llegan al altar y resaltan entre la multitud con sus sarapes multicolores y sus máscaras laqueadas al son de la música y las sonajas. De pronto empiezan a bailar en silencio y se arrodillan, pero enseguida vuelven el ruido y los vivas interminables.
Propios y extraños se hacen la promesa de volver al año siguiente para conservar la tradición en Chiapa de Corzo, la del río Grande, el templo, la “pilona, la “pochota”, todo ese mundo mágico de leyendas que es Chiapas.





Hoy, Combate naval en Chiapa de Corzo.

entuxsentidos 21/01/2012 0
Hoy, Combate naval en Chiapa de Corzo.

Hoy 21 de Enero como cada año se llevará a cabo el tradicional combate naval sobre el rio Grijalva en Chiapa de Corzo a las nueve de la noche, es recomendable llegar anticipadamente por el trafico excesivo, el precio de las lanchas  van de 100 pesos hasta 120 pesos, no dejen que abusen de usted.

El antiguo Combate Naval se cree que estaba dedicado al dios chiapaneca Nandada (Dios del agua) y a Nombobi (Dios sol), y en homenaje a Nangularí, fundador de Teochiapan y en memoria a Sanguieme, líder principal y mártir de los chiapanecas en las batallas de conquista y de pacificación que tuvieron con los españoles, quien fue ejecutado en la Pochota (Ceiba) en la sublevación indígena de 1534. El combate naval fue instituido dentro de la fiesta tradicional de San Sebastián, el 21 de enero de 1906, por don Aristeo Toledo, Jefe Político del Departamento de Chiapa, consiste en una batalla entre canoeros que venian formados en orden de combate y hacían fuego con luces de bengala simulando una batalla entre españoles y chiapanecas.




FUENTE


GUÍA CHIAPA DE CORZO
Ubicación: Chiapa de Corzo limita al norte con Soyaló y Osumacinta, al oeste, con Tuxtla Gutiérrez, Suchiapa y Villaflores, al este, con Zinacantán, Ixtapa y Acala, y al sur con Villa Corzo.

Clima: Cálido subhúmedo con una temperatura media anual es de 26° C

Oficina de Información Turística Chiapa de Corzo: Av. Domingo Ruiz No.1
Etnias Indígenas: Mestizos

Gastronomía Típica: Tamales, Chirmol, Cochito, Tasajo, Chipilín; Bebidas: Pozol, Taxcalate; Dulces: Bolona, Suspiros, Ante, Pucsinú, Coyol, Encurtidos

Artesanías: Bordados, Laca, Máscaras, Madera Tallada, Marimbas

Fiestas: Fiesta tradicional de San Sebastián, Combate Naval, Danza de los Parachicos y Chuntá (Enero); Fiesta de Santo Domingo de Guzmán (Agosto); Fiesta del Calvario (Octubre); Día de Muertos (Noviembre)

Arqueología: Montículo 32, 1 y 5Atractivos Chiapa de Corzo: Plaza Central, Fuente Colonial, Los Portales, Iglesia de Acapetahua, Templo de Santo Domingo de Guzmán, Malecón, Piedra Orcada, Parque Victórico R. Grajales, Iglesia Santa Elena, Antigua Templo de San Sebastián, Plaza Ángel Albino Corzo, Iglesia Santa Cruz, Ruinas de San Sebastián, Iglesia del Calvario, Palacio Municipal, Iglesia de Cunduacán, Iglesia de San Jacinto, Iglesia San Vicente, Ermita Cruz Obispo, Escultura Chiapaneca y Parachico, Mercado Municipal, Iglesia Santa Cruz de Mayo, Mirador Iglesia de San Gregorio

Museos: Museo de la Laca, Museo de la Marimba, Casa Escuela de Tradiciones, Centro Cultural y Ex Convento de Santo Domingo, Casa Museo Ángel Albino Corzo

Ecoturismo: Cañón del Sumidero: Árbol de Navidad, Cueva de Colores, Santuario de los Zopilotes (Paseo en Lancha, Kayak, Rappel, Tirolesa, Flora y Fauna, Senderismo, Escalada), Cascada El Chorreadero: Natación


Parachicos,
La Gran Fiesta de Chiapas

La tradicional feria de Chiapa se iniciaba el 7 pero hoy en día el 8 de enero y concluye el 23 del mismo mes. El 15 de enero, se conmemora al Señor de Esquipulas con una suculenta comida grande (pepita con tasajo). El 17 de enero, San Antonio Abad (Sananton) con otra comida grande. El 18 de enero se le rinde homenaje póstumo en el panteón municipal a los patrones de los Parachicos fallecidos, ofreciéndoles una comida a los Parachicos y público en general en la casa donde se encuentra la imagen de San Sebastián Mártir.

El 20 de enero, cientos de personas del estado y de fuera se visten de Parachico y de chiapaneca y se suman a la fiesta de Chiapa. El 21 de enero se realiza el Combate Naval de Chiapa de Corzo en el río Grijalva, frente a la ciudad, mismo que consiste en un espectáculo pirotécnico (de fuegos artificales) la cual es presenciada por miles de personas que llegan de diversas partes del estado y del país.

El 22 de enero desfilan los carros alegóricos, evento que es encabezado por los Parachicos, la banda de música y de guerra del gobierno del estado; las Chuntáes, al son del pito y del tambor, van bailando y repartiendo dulces. Enseguida van los carros alegóricos, entre ellos el que lleva a doña María de Angulo, benefactora del pueblo de Chiapa en la época de la colonia, misma que es representada por una hermosa jovencita que va repartiendo dulces y monedas.

Y, finalmente, el 23 de enero desfilan los Parachicos chiapacorceños para despedirse del público y prometer, en el templo de Santo Domingo de Guzmán, que regresarán nuevamente al siguiente año.

La Leyenda de Doña María Angulo

Doña María de Angulo, distinguida dama española, hermosa, rica y muy católica, que residía en la antigua ciudad de Guatemala, llegó al pueblo de Chiapa de la Real Corona a mediados del siglo XVIII en busca de un afamado curandero indígena que aliviara a su pequeño hijo que era víctima de una extraña enfermedad. De la antigua Guatemala había pasado por Ciudad Real de Chiapa y por el camino real llegó doña María de Angulo con su pequeño hijo enfermo y sus sirvientes a Chiapa de la Real Corona.

-!"Abrid paso, que va a pasar mi señora doña María de Angulo"!...

Refiere la tradición que el curandero llevó al niño a las curativas aguas del Cumbujuyú, y después de haberse bañado durante nueve días el niño sanó de sus males.

Poco tiempo después, durante los años 1767 y 1768, azotó al pueblo de Chiapa una terrible plaga de langostas que entró por la cuenca del río Grande de Chiapa, la cual destruyó las siembras de maíz, frijol, trigo y legumbres, misma que provocó al año siguiente una fuerte hambruna y en 1770 una epidemia que provocó la muerte de cientos de personas y emigración a otros pueblos. De acuerdo con el censo de población de 1762 Chiapa tenía 7,218 habitantes y en el de 1778 figuraba con sólo 1,095 habitantes.

Al tener conocimiento de esto, doña María de Angulo regresó al pueblo, en agradecimiento por haber sanado a su hijo, con grandes despensas: maíz, frijol, frutas, verduras y dinero, mismas que repartieron de casa en casa sus criados.

-¡"Abran campo... Abran campo!, que mi ama doña María de Angulo va a pasar".

Las mulas llegaban a Chiapa cargadas de animales domésticos y alimentos. Por las tardes, las sirvientas y sirvientes bailaban y danzaban para diversión de los niños, en recuerdo al hijo de doña María de Angulo, de allí el origen de la palabra "Parachico": para diversión de los chicos.

-¡"Recordad, caballeros hijosdalgos, que los presentes son para los chicos"!...

Así, cada año se nombra a una joven a quien se le llama María de Angulo y en un carro alegórico recorre la ciudad, arrojando moneditas pintadas de color oro, dulces, confetis y golosinas.

Doña María de Angulo es uno de los motivos principales de la fiesta de Chiapa de Corzo, por ella desfilan carros alegóricos , Parachicos y Chuntaés donde recorren la ciudad


Parachicos
Posteriormente, los indios chiapanecas empezaron a disfrazarse de españoles (Parachicos) y de mujeres (Chuntáes) para imitar a los españoles y sirvientas de doña María de Angulo, que iban de casa en casa regalando frutas y dinero para los niños (chicos). Asimismo, nacieron los Abrecampos que iban abriendo paso entre la gente que se arremolinaba pidiendo despensas y dinero.

Los Parachicos (para niños) son personas, por lo regular, del sexo masculino que se disfrazan de españoles para remedar a los antiguos sirvientes españoles de doña María de Angulo que le ayudaron a repartir las despensas en la hambruna (1769) que hubo en la época de la colonización española.

El vestuario del Parachico lo componen una máscara finamente tallada en madera de cedro con las facciones que los indígenas tenías de un español: ojos azules o verdes claros, con barba de candado, montera (peluca de ixtle sin pintar), chalina de raso, camisa y pantalón negro, un vistoso sarape y un chinchín.

Se visten de Parachico para participar como danzantes en la Fiesta Grande de enero de Chiapa de Corzo. El 15 de enero, los Parachicos bailan al compás del pito y el tambor, acompañados por Chuntáes, Abrecampos, Vaqueros y Tehuanos, en honor al señor de los Milagros, en señal de manda; el 17 en homenaje a San Antonio Abad y el 23 en memoria de San Sebastián Mártir.


Chuntáes
Las Chuntáes (Chuntá, palabra de origen chiapaneca que significa criada) son personas del sexo masculino que se disfrazan de mujer para imitar a las antiguas sirvientas de doña María de Angulo, que junto a otros sirvientes españoles (hoy Parachicos) iban de casa en casa repartiendo maíz, frijol, legumbres y frutas. Las Chuntáes visitan los templos de San Jacinto, El Calvario, San Gregorio, Santo Domingo, casas particulares y la Plaza de Chiapa.

Para entender, explicar e interpretar los significados culturales de estos personajes hay que interiorizarse en el sentimiento de los chiapacorceños.

El Combate
El 28 de agosto de 1552, el pueblo de Chiapa pasa a depender directamente de la Corona de Española, por lo cual se le denominó Chiapa de la Real Corona. De conformidad con el padre Tomás Gage, que visitó al entonces pueblo de Chiapa en 1626 (Nueva relación que contiene los viajes de Tomás Gage en la Nueva España publicado en 1648), el Combate Naval data de esa época.

He aquí parte de su texto: “La villa está situada al margen de un río caudaloso donde bogan muchas barcas y en ellas aprenden los indios a pelear a guisa de combates navales, ejercicios en que son muy duchos y experimentados… con sus barcos o canoas forman armadas y sitia y bloquean una plaza según las reglas del arte de la guerra y la estrechan hasta obligarla a entregarse, con tanto denuedo y habilidad que parece que toda su vida se hayan criado en guerra y batallas marítimas… construyen ciudades y torres de madera que cubren de lienzo pintado, a fin de dar más apariencia de realidad al artificio y las bloquean dividiendo sus barcas en dos flotas enemigas, las cuales arrojan una a otra cohetes, carretillas y toda especie de fuegos con tanta valentía y maña que, si el juego se volviese de veras, harto tendrían que arrepentirse los españoles y frailes por haberle dado tan buena escuela”.

En realidad el Combate Naval rememora las batallas de conquista (1524 y 1528) y de pacificación (1532 y 1534) sostenidas entre los españoles e indígenas chiapanecas, recreadas pirotécnicamente por el espíritu belicoso e indomable del chiapaneca, ¿cómo fiesta, diversión, burla, choteo o remembranza? Quien sabe.

El antiguo Combate Naval se cree que estaba dedicado al dios chiapaneca Nandada (Dios del agua) y Nombobí (Dios del sol), y en homenaje a Nangularí, fundador de Teochiapan y en memoria a Sanguieme, líder principal y mártir de los chiapanecas en las batallas de conquista y de pacificación que tuvieron los españoles, quien fue ejecutado en la Pochota (Ceiba) en la sublevación indígena de 1534. El Combate Naval fue instituido dentro de la fiesta tradicional de San Sebastián, el 21 de enero de 1906, por don Aristeo Toledo, jefe político del departamento de Chiapa, que consiste en una batalla entre canoeros que venían formados en orden de combate y hacían fuego con luces de bengala simulando una batalla entre españoles y chiapanecas.

FUENTE