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sábado, 8 de febrero de 2020

¿QUE NOS SOSTIENE...? Lean esta entrada y el que desee que aporte algo, comentarios o los que deseen, NADA ES OBLIGADO AQUI.

En apoyo y reciprocidad de alguna manera publico el siguiente mensaje en su ultimo post de Iván Torregosa en su blog y sitio "Buscando la verdad".... y me nace el preguntarme: ¿Qué nos sostiene?, CUÁL ES EL EJE VERTEBRAL QUE NOS SOSTIENE?, ¿CUÁL ES...? ¿EL DINERO?, ¿LOS AFECTOS Y APOYOS DE SOLIDARIDAD HUMANOS?... De mi parte siempre he sentido y creído que lo que me sostiene - y no me estoy refiriendo a la cuestión de mi blog sino a todos los niveles en mi vida personal- no es el dinero incluso ni el dizque amor que pudiera sentir hacia otra persona.. SIENTO COMO UNA ESTACA DE LUZ QUE ME ATA Y SOSTIENE A LA TIERRA EN MI UNIVERSO DE ESTA 3a DIMENSION TEMPORAL ... al menos por lo pronto.

Qué en verdad nos sostiene?- Obvio, no es el dinero, al menos para mi.

¡ÁNIMO AMIGO IVÁN TORREGROSA!

Gracias.



Disculpen mi ausencia

Escritos por mí4


Pero estoy un poco desanimado y desmotivado y con problemas familiares personales, que me hacen muy difícil continuar con mi trabajo de compartir información.
También es que veo que la web está estancada, no avanza, no veo comentarios, no veo visitas, no veo apoyo a la web, y esto afecta mucho a mi estado de ánimo, y de ganas de seguir actualizando la web.
También que hay miles de noticias al momento, cada minuto cada hora aparecen nuevas noticias, nuevos videos interesantes, pero no doy a basto, que quisiera compartir, pero no puedo con todo.
Me gustaría cambiar, empezar de nuevo a compartir como siempre, pero no puedo aseguraros ser constante, por todo lo que os he comentado.
Y por ello subo este post explicando lo que ha ocurrido estos últimos dias, y del porqué no he subido nada, disculpen mi ausencia, aunque visto lo visto, veo que tampoco es que me hayáis echado mucho de menos.


sábado, 31 de marzo de 2018

El hilo invisible entre dos personas que están destinadas a estar juntas

El hilo invisible entre dos personas que están destinadas a estar juntas


Nada puede romper el hilo invisible entre dos personas que están destinadas a estar juntas.

1. Rojo

El color rojo está fuertemente ligado a la atracción y el deseo. Es también el color de la cadena del destino que une a dos almas gemelas.


2. Orígenes


La cadena roja del destino se deriva de una antigua creencia del este asiático. Según este mito, los dioses atan una cuerda roja alrededor de los tobillos de los que están destinados para encontrarse o para ayudarse de cierta manera.


3. ¿Cómo una alma gemela?

El concepto es similar al concepto occidental de «alma gemela» o «llama gemela». Lo que es diferente es que este proverbio se enfoca más en el concepto de estar «atado» a alguien en vez de encontrar su otra mitad.


4. La historia


Como muchas viejas leyendas, la historia detrás de la cuerda roja es algo problemática. Se dice que al caminar a casa una noche, un niño vio a un anciano leyendo un libro. Le preguntó de qué se trataba el libro. El viejo dijo que era un libro de matrimonios, y le dijo al joven que estaba destinado a casarse con una niña. El anciano le mostró la niña con la que iba a casarse, sin embargo…



5. Problemas

Al chico no le gustaba la idea porque no quería casarse. Le arrojó una roca y huyó lo más rápido que pudo. Años más tarde, se organizó un matrimonio entre el chico y una de las chicas más bellas del pueblo. Pero, cuando él la desveló notó…


6. Marcado con cicatrices
La chica que iba a ser su esposa tenía una pequeña cicatriz en la ceja. Cuando él le preguntó sobre ella, ella le dijo que un niño le había arrojado una roca. Así fue que probó su fatídica unión…


7. ¿Qué sucede cuando el hilo se estira y se enreda?
En el centro de este proverbio se está sometiendo a un poder superior. El destino tomará su curso, y con el tiempo todo caerá en su lugar. Es importante no luchar contra el hilo rojo.


8. Hay más trabajo por hacer
Incluso si usted encuentra a la persona en el otro extremo del hilo rojo, eso no significa que permanecer juntos será fácil. El proverbio está destinado a inculcar lealtad, devoción y compasión. La cuerda está también allí para asegurarse de que los amantes permanezcan fieles el uno al otro.


9. Infinito
No importa lo cerca o lejos que se esté de la persona, el hilo sigue existiendo. Habrá momentos en que mental o físicamente, usted se sentirá distante de la persona, pero eso no afecta al hilo que los une.


10. En nosotros todo el tiempo
«En cuanto oí mi primera historia de amor empecé a buscarte, sin saber lo ciego que estaba. Los amantes no se encuentran finalmente en alguna parte. Están en el otro todo el tiempo.» – Rumi


11. En las manos de los dioses
Según la leyenda china, se cree que la deidad a cargo de la «Cadena roja del destino» es Yuè Xià Lǎo, el viejo dios casamentero lunar. Yuè Xià Lǎo también está a cargo de los matrimonios.


12. ¿Promesa rosada?
En la cultura japonesa se dice que la cuerda roja está atada alrededor del dedo rosado. De ahí la frase «pinky swear». Originalmente se indicaba que la persona que rompía su promesa tenía que cortar su dedo meñique.


13. No sólo los amantes
Caroline Highland de Thought Catalog escribe: «Los hilos rojos no enrollan su camino alrededor de nuestros tobillos mientras caminamos, no nos atrapan mientras cepillamos las cosas – los chinos creen que emanan de nosotros desde el nacimiento, desde el momento que entramos en el mundo. A medida que envejecemos, cada año que pasa, los hilos crecen más estrechamente, acercándonos a las personas cuyas vidas están destinadas a entrelazarse con las nuestras de alguna manera».


14. ¿Liberarse?

El mismo escritor interpreta el hilo rojo como liberador. «Cuánto más fácil se siente arrojarnos a lo desconocido, a un nuevo lugar o etapa de nuestras vidas, sabiendo que esos hilos rojos están ahí, arremolinándose en el futuro como siempre lo han sido, sujetándose a las almas que estarán esperando atraparnos, nos enseña, nos toca, nos cambia».


15. Irrompible

Según Wikipedia: «Las dos personas conectadas por el hilo rojo están destinadas a los amantes, independientemente del lugar, el tiempo o las circunstancias. Este cordón mágico puede estirarse o enredarse, pero nunca se rompe.»
FUENTE


jueves, 10 de mayo de 2012

¿Es la empatía la emoción universal? ¿Podemos sentir lo que siente el otro porque en realidad somos él?


Ratas muestran a científicos que la empatía podría ser una emoción universal que conduce la evolución. ¿Podemos sentir lo que siente el otro porque en realidad somos él?
Hay una cierta justica poética, que evoca los mundos decadentes pero eminentemente empáticos de Phillip K. Dick, en que los científicos de nuestra época hayan descubierto que la empatía es una emoción universal estudiando a las ratas –puesto que, aunque sea un claro prejuicio, asociamos lo ruin de la existencia con estos roedores. Y la empatía es quizás la emoción más sublime que conocemos (una forma cuantificable y estrictamente biológica de lo que llamamos amor, que no necesita de categorías metafísicas) –pero no por ello algo fuera de lo común, algo que trascienda a las ratas.
Un grupo de investigadores de la Universidad de Chicago colocó a parejas de ratas en una jaula de cristal. Una de las ratas podía  andar libremente mietras que la otra estaba restringida a un estrecho tubo de plástico que sólo podía abrirse desde fuera. Reiteradamente, sin recibir una recompensa, la rata afuera del tubo de plástico liberó a su compañera encerrada.
“Las ratas se ayudan entre sí cuando están sufriendo. Esto significa que es una herencia biológica”, dijo la neurobióloga Peggy Mason. “Este es el programa biológico que tenemos”. El estudio sugiere que es al menos plausible que las ratas, así como la mayoría de los animales, tengan “un comportamiento pro-social motivado por la empatía”.
El experimento fue la continuación de uno anterior realizado por Jeff Mogil de la Universidad McGill en el que se demostró que los ratones tenían la capacidad de un”contagio emocional” –algo que describe la tendencia entre los ratones a mostrar su molestia cuando uno de sus compañeros de celda padecía dolor.
El etiólogo Frans de Waal en esa ocasión justificó usar el término empatía –el cual debemos llamar no sólo la capacidad de ponerse en los zápatos de los demás, sino también en las “patas” de los demás. Tal vez la empatía no es, como se creía, un proceso cognitivo de alta sofisticación evolutiva, sino un fenómeno simple y universal, “tan viejo al menos como los mamíferos y corre profundamente dentro de nosotros”.
Ampliando esta posibilidad, al mismo tiemnpo el neurobiólogo Inbal Ben-Ami Bartal estaba haciendo una investigación con cáncer en Israel, cuando notó que las ratas en su laboratorio manifestaban una inconformidad cuando se estaba realizando cirugía a otras ratas. A esto se le añade el hecho de que algunas ratas llevan comida a otra rata cuando ésta está atrapada.
El estudio mencionado de la Universidad de Chicago contempló numerosas variables. Cuando se utilizaron ratas falsas en el tubo de plástico las ratas no las liberaron; para descubirir si las ratas no estaban respondiendo a una recompensa social –su versión de un abrazo de gratitud– las ratas fueron liberadas pero en una jaula separada: de todas formas las ratas siguieron liberándose. Cuando se les permitió comer chocolate antes, las ratas tendieron a liberar a sus compañeros antes y luego y comer y compartir el chocolate. “La empatía es una motivación poderosa, a la par con el deseo de chocolate”, dice de Waal. Valdría la pena ver si lo mismo ocurre con los humanos, ¡conozco algunos que pierden la cabeza con el chocolate!
Es interesante regresar a Phillip K. Dick y explicar por qué consideró significativo incluir a este escritor de ciencia ficción estadounidense en este artíuclo sobre la empatía y las ratas. Por un lado Dick consideraba que la divinidad o aquellos principios y diseños eternos de nuestro universo se revelaban en los rescoldos más inesperados y desperrcibidos, en la basura y en el arrabal, ahí, quien tuviera ojos para ver, podía percibir la inmanencia divina del universo. Ciertamente hay una gran distancia entre la empatía de las ratas y la prueba de la existencia de la divinidad, sin embargo, que exista esta solidaridad y esta capacidad de ponerse en el lugar del otro, casi nos habla de un sacrificio programado en el código, una especie de sacralidad profunda o “un ángel en la biología”. Y esto es altamente esperanzador –justamente como aquellas muestras de empatía en el hombre promedio sacudido por la distopia y la decadencia cósmica que aparecen en las novelas de Dick como una luz en los ojos al enfrentar un agujero negro.
“Lo que nos hace humanos es nuestra habilidad para sentir empatía por otras criaturas vivas”, escribió con máxima honestidad Phillip K. Dick. Constantemente preguntándose cuál es la naturaleza de la realidad, y para ello diseñando mundos alternativos verosímiles en los cuales poder plasmar esta interrogante hasta su última consecuencia, Dick, extendiendo al ser humano a situaciones de otredad cósmica y de desintegración de su estructura fundamental, siempre mantuvo una esencia definitiva de lo humano en su peripecia: la empatía. Afrontando invasiones extraterrestres, dictadores holográficos, vampiros interplanetarios, drogas psicoactivas que modifican la sustancia de lo real y androides y robots que nos ponen en entredicho ontológicamente: la empatía era la única cualidad que nos podía salvar en esta vorágine implacable (y alucinatoria en niveles de algunos niveles de conciencia) que es la evolución del universo/la relación feroz entre especies que buscan perpetuarse.
La empatía como salvaguarda biológica tiene un claro sentido evolutivo dentro de una especie. “Mamíferos que necesitan cuidado y nutrición cuando nacen requieren algún tipo de conexión empática entre madre y crías, dice Bartal. Los científicos creen que la empatía podría estar localizada en el sistema límbico y en varias hormonas y neurotransmisores comunes a todos los mamíferos (aunque es posible que la empatía incluya a otros animales e incluso a las plantas).
El año pasado publicamos en Pijama Surf un ensayo en 10 partes en el que Aeolus Kephas explora la relación entre la empatía, la individuación, la telepatía y la literatura. Kephas esboza una interesante teoría para explicar la telepatía como una forma de empatía a través de la neuronas espejo. Existen en el neurocórtex neuronas que se activan de manera imitativa cuando observamos a otro ser vivo realizar una actividad –así el ejemplo seminal de un mono que, al ver a un hombre comer un cacahuate, activa en su cerebro neuronas como si él mismo estuviera comiéndose ese cacahuate. Ponernos en el lugar de otro parece ser una de las capacidades fundamentales del cerebro animal, para aprender y  para proteger.
Aquellos ratones que se contagiaban emocionalmente del sufrimiento de otros ratones, o aquellas ratas que se perturbaban cuando otra rata era operada quizás apunten a la existencia a una red sensorial transpersonal entre todos los seres vivos. Curiosamente en el hombre aquello que lo hace más humano yace en la profundidad animal y más primitiva de su neurobiología –si bien ahora tiene la capacidad de hacerlo consciente.  En este sentido quizás la evolución humana necesite de un retorno a una esencia biológica prístina –aprender más del perro y de la rata que de la computadora y el bot. Y esto explica porque en medio de las distopias tecnológicas, en la obra de Phillip K. Dick, como en la actualidad mundial que experimentamos, hay una añoranza por regresar a la naturaleza –quizás no tanto a los bosques y jardines que vemos desplazadas sino a las áreas verdes de nuestra propia psique que se van también desplazando hacia profundidades neurales dormidas e inertes. 
Aislados del mundo, desde siempre al construir la ilusión liminal de nuestro ego, pero ahora también por redes de interconexión tecnológica que en ocasiones desarticulan la conexión humana inmediata, quizás sólo desarrollar nuestra empatía pueda conectarnos verdaderamente con el mundo y con nosotros mismos –en ese espejo sin fronteras. Escribe Kephas:
…la empatía nos remite constantemente al momento, de regreso a un estado de “empatía”, un estado de “empatía”, receptividad y claridad en el que respondemos no solo a lo que la persona dice sino a lo que es. La empatía es la forma más alta de respeto, ya que permite al otro ser un otro y también nos permite experimentar el estado cerebral (sufrimiento, confusión, etc.) como algo igualmente real y valido, como nuestro. La empatía no solo significa tomar en serio los sentimientos de los demás (eso esta más cerca de la simpatía y puede en ocasiones hacer más mal que bien al reforzar esos sentimientos). La empatía significa acceder a una base de datos más grande que la de los sentimientos, que son volubles y altamente subjetivos. La empatía es transpersonal. Se extiende más allá de lo meramente personal y al mismo tiempo incluye lo personal. Tener verdadera empatía por otra persona significa sintonizar no solo a esa persona sino a todas las personas que hemos visto en un estado similar o circunstancia en el pasado.
He ahí una teoría no sólo de la empatía como emoción universal, sino como emoción que nos permite acceder a lo universal. La empatía podría ser tal vez una especie de puente cognitivo que, al colocarnos en el lugar del otro, nos muestra que somos intercambiables, que somos y participamos en los otros, que existe un cordón invisible que nos une con toda la existencia a través de la percepción sensorial. Y aquel que empatiza con alguien empatiza con todos, siente el sufrimiento, la alegría, la angustia de todos los eones –y esa rata que liberó a otra rata en el labortaorio, nos liberó también a nosotros.
Twitter del autor: alepholo
Tomado de Pijamasurf