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jueves, 7 de julio de 2016

La nueva política exterior británica. El Brexit redistribuye las cartas de la geopolítica mundial


La nueva política exterior británica

La prensa occidental no para de repetir que, al decidir su salida de la Unión Europea, los británicos se han aislado del resto del mundo y que tendrán que enfrentar terribles consecuencias económicas. Pero el descenso de la libra esterlina podría convertirse en una ventaja en el seno de la Commonwealth, una familia mucho más extensa que la UE y que abarca los seis continentes. Pragmática, la City podría convertirse rápidamente en el centro mundial del yuan e implantar la divisa china en el seno mismo de la Unión Europea.

 | DAMASCO (SIRIA)  

Isabel II, reina del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, de Antigua y Barbuda, de Australia, de las Bahamas, de Barbados, de Belice, de Canadá, de Granada, de las islas Salomón, de Jamaica, de Nueva Zelanda, de Papúa Nueva Guinea, de San Cristóbal y Nieves, de San Vicente y las Granadinas, de Santa Lucía y de Tuvalu.
Estados Unidos sigue preocupado por su propia capacidad para convencer a la Unión Europea de participar activamente en la OTAN y sobre la voluntad del Reino Unido de mantener la alianza militar que construyeron desde 1941 para dominar el mundo. La preocupación estadounidense viene del hecho que, al contrario de lo que alegan los dirigentes europeos, el Brexit no aísla al Reino Unido. Más bien le permite volverse hacia la Commonwealth y establecer contactos con China y Rusia.

El sometimiento de los europeos
como miembros de la OTAN

Estados Unidos y el Reino Unido habían previsto empujar los miembros de la Unión Europea a anunciar, en la cumbre de la OTAN a celebrarse en Varsovia el 8 y el 9 de julio, el aumento de sus presupuestos militares a un 2% de su PIB. También debería adoptarse en ese encuentro un plan de despliegue de fuerzas a las puertas de Rusia, plan que incluiría la creación de una unidad logística conjunta OTAN-UE, para poner en común helicópteros, navíos, drones y satélites.
El Reino Unido fue hasta ahora el país de la Unión Europea que más aportaba en el sector militar, representando así más de un 15% del presupuesto de defensa de esta. Estaba además al mando de la operación Atalante, destinada a garantizar la seguridad del transporte marítimo a lo largo del Cuerno de África, y había puesto navíos a disposición de la alianza atlántica en el Mediterráneo. También estaba previsto que aportaría tropas para la constitución del grupo de combate de la UE. El Brexit viene a cuestionar todos esos compromisos.
Para Washington, la cuestión es saber si Londres aceptará o no incrementar su participación directa en la OTAN –donde ya es el segundo contribuyente– como medio de compensar lo que hacía en el seno de la Unión Europea, pero sin sacar de ello ningún beneficio propio. Aunque Michael Fallon, el actual ministro de Defensa británico prometió no socavar los esfuerzos comunes de la OTAN y la UE, nadie puede imaginar por qué aceptaría Londres poner más tropas bajo las órdenes de un mando extranjero.
Por consiguiente, Washington se interroga sobre todo sobre la voluntad de Londres de continuar la alianza militar que Estados Unidos había venido construyendo con la Corona británica desde 1941. Por supuesto, no se puede excluir la posibilidad de que el Brexit sólo sea una maniobra de los británicos para renegociar –en busca de nuevas ventajas– su «relación especial» con los «americanos». Parece, en realidad, mucho más probable que el verdadero objetivo de Londres sea ampliar sus relaciones con Pekín y Moscú sin renunciar por ello a las ventajas de su convenio con Washington.

Las agencias secretas anglosajonas

Durante la Según Guerra Mundial, y incluso antes de entrar en guerra, Estados Unidos concluyó con el Reino Unido un pacto que se menciona en la Carta del Atlántico [1]. El objetivo de ambos países era unirse para garantizar la libre circulación marítima y extender el libre intercambio.
Esta alianza se concretó con el acuerdo de los «Cinco ojos», que es actualmente la base de la cooperación entre 17 agencias de inteligencia de 5 Estados diferentes (Estados Unidos, el Reino Unido y otros 3 miembros de la Commonwealth: Australia, Canadá y Nueva Zelanda).
Los documentos revelados por Edward Snowden demuestran que la red Echelon constituye, en su forma actual, «una agencia de inteligencia supranacional que no responde a las leyes de sus propios Estados miembros». Esto ha permitido a los «Cinco ojos» tanto espiar a personalidades como el secretario general de la ONU y la canciller alemana como mantener una vigilancia de masas contra sus propios ciudadanos.
Exactamente de la misma manera, Estados Unidos y el Reino Unido fundaron, en 1948, una segunda agencia supranacional: la Oficina de Proyectos Especiales (Office of Special Projects) que dirige las redes stay-behind de la OTAN, conocidas bajo el nombre de Gladio.
El profesor Daniele Ganser demostró que esa Oficina organizó numerosos golpes de Estado y operaciones terroristas en Europa [2] [3]. Al principio se afirmó que la «estrategia de la tensión» apuntaba a evitar que los comunistas lograran llegar al poder en Europa por la vía electoral. Pero luego resultó que su verdadero objetivo era principalmente alimentar el odio al comunismo y justificar la protección militar anglosajona. Nuevos documentos desclasificados han permitido comprobar que ese dispositivo existe no sólo para Europa sino también para el mundo árabe [4].
Finalmente, en 1982, Estados Unidos, el Reino Unido y Australia crearon una tercera agencia supranacional cuya parte visible se compone de falsas ONGs –la NED (National Endowment for Democraty) y sus cuatro filiales: ACILS, CIPE, NDI e IRI [5].
Esta nueva agencia se especializó en la organización de golpes de Estado disfrazados de «revoluciones».
Si bien existe una impresionante cantidad de literatura sobre esos tres programas, nada se sabe sobre las agencias supranacionales que los dirigen.

La «relación especial»

Estados Unidos, que proclamó su independencia y se separó de la Corona británica en 1776, no se reconcilió con el Reino Unido hasta finales del siglo XIX. Ambos Estados se aliaron durante la guerra contra España en Cuba y, posteriormente, para la explotación de sus dependencias coloniales en China, o sea cuando Washington descubría su propia vocación imperialista. En 1902 se constituyó un club transatlántico para sellar la nueva amistad entre Estados Unidos y el Reino Unido. Se trata de la Sociedad de los Peregrinos (The Pilgrims Society), tradicionalmente presidida por el monarca inglés.
La reconciliación se selló en 1917, con el proyecto común de creación de un Estado judío en Palestina [6], y Estados Unidos entró en guerra del lado del Reino Unido. Desde entonces, ambos países han venido compartiendo diversos medios militares, incluyendo la bomba atómica. Sin embargo, cuando se creó la Commonwealth, Washington se negó a ser miembro de ella ya que se consideraba un igual de Londres.
A pesar de algunos choques de intereses durante los ataques británicos contra Egipto (Canal de Suez) o contra Argentina (guerra de las Malvinas) o en el momento de la invasión estadounidense contra la isla de Granada, las dos superpotencias se han apoyado estrechamente.
La Corona británica garantizó el financiamiento del inicio de la campaña electoral de Barack Obama, en 2008, haciéndole llegar generosas contribuciones a través del traficante de armas británico-iraquí Nadhmi Auchi. Durante su primer mandato, un gran número de colaboradores directos del flamante presidente Barack Obama eran, en secreto, miembros de la (Pilgrims Society), cuya sección estadounidense estaba encabezada en aquel momento por Timothy Geithner. Pero Obama fue separándose poco a poco de esos personajes, dando así a la Corona la impresión de que no estaba recibiendo ningún tipo de compensación por su colaboración. Las cosas empeoraron con las duras declaraciones del presidente estadounidense sobre el primer ministro británico David Cameron, publicadas enThe Atlantic [7] y la visita de los Obama a la reina Isabel II, en ocasión de su cumpleaños, no logró mejorar la relación.

La Commonwealth

Al salir de la Unión Europea y alejarse de Estados Unidos, el Reino Unido no se aísla sino que se pone nuevamente en condiciones de utilizar su mejor carta: la Commonwealth.
Todo el mundo parece olvidar que, en 1936, Winston Churchill lanzó la idea de incorporar los actuales miembros de la Unión Europea a la Commonwealth. Su proposicion se estrelló entonces contra la agravación de la situación que acabó dando lugar a la Segunda Guerra Mundial. Sólo después del fin de ese conflicto, el propio Churchill lanzó nuevamente la idea de los «Estados Unidos de Europa» [8] y convocó la Conferencia del Movimiento Europeo en La Haya [9].
La Commonwealth es una organización de 53 miembros y sus únicos aspectos políticos son los valores ingleses básicos: igualdad racial, estado de derecho y derechos humanos ante la «Razón de Estado». Sin embargo, propone a sus miembros el desarrollo en materia de negocios y deportes. Además, pone expertos en común en todos los sectores.
La reina Isabel II, soberana de 16 Estados miembros, es simultáneamente la jefa de la Commonwealth (título no hereditario sino sometido a elección).

¿Qué quieren los británicos?

Desde la perspectiva de Londres, fue Estados Unidos quien rompió la «relación especial» al dejarse llevar por la hibris(concepto griego que podría definirse como “ausencia de mesura”) del mundo unipolar y decidiendo solo su política exterior y financiera, precisamente en momentos en que ha perdido el estatus de primera potencia económica mundial y de primera potencia militar en materia de guerra convencional.
Emerge así el interés del Reino Unido en no poner «todos los huevos en la misma cesta», por conservar sus intereses comunes con Washington pero apoyándose a la vez en la Commonwealth y estableciendo nuevas relaciones con Pekín y Moscú, ya sea directamente o a través de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS).
Precisamente el mismo día que los británicos se pronunciaban en las urnas a favor del Brexit, la OCS incorporaba a sus filas dos miembros de la Commonwealth –la India y Pakistán [10]. Hasta ahora no había en la OCS ningún miembro de la Commonwealth.
Hasta el momento se desconocen los contactos que el Reino Unido ya debe haber establecido con Rusia, pero sí se observan síntomas de su acercamiento a China.
En marzo pasado, el London Stock Exchange, la entidad que administra las bolsas de valores de la City y de Milán, dio a conocer su proyecto de fusión con la Deutsche Börse, que administra la Bolsa de Francfort, la Cámara de compensación Clearstream y el Eurex. Estaba previsto que ambas partes decidieran la operación justo después del referéndum sobre el Brexit. El anuncio resulta más sorprendente aún si se tiene en cuenta que las reglas europeas prohíben terminantemente este tipo de operación, que equivaldría a la creación de una «posición dominante». Eso indica que las dos partes interesadas tenían previsto que el Reino Unido saldría de la Unión Europea.
El London Stock Exchange anunció además un acuerdo con el China Foreign Exchange Trade System (CFETS) y se convirtió en junio pasado en la primera bolsa del mundo que trabaja con bonos del tesoro chino. Así que ya estaba lista la mesa para hacer de la City londinense el caballo de Troya chino en la Unión Europea, en detrimento de la supremacía estadounidense.

[1] «Carta del Atlántico, 14 de agosto de 1941», por Franklin Delano Roosevelt y Winston Churchill, Red Voltaire.
[2Les Armées Secrètes de l’OTAN, Daniele Ganser, Demi-Lune, 2006.
[3] Esa importantísima investigación puede ser consultada en español en nuestro sitio web que ha traducido y publicado por partes el libro del profesor Daniele Ganser.
[4America’s Great Game: The CIA’s Secret Arabists and the Shaping of the Modern Middle East, Hugh Wilford, Basic Books, 2013.
[5] «La NED: las redes de la injerencia “democrática”» y «La NED, vitrina legal de la CIA», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 21 de noviembre de 2004 y 11 de octubre de 2010.
[6] «¿Quién es el enemigo?», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 4 de agosto de 2014.
[7] «The Obama Doctrine», por Jeffrey Goldberg, The Atlantic(Estados Unidos), Voltaire Network, 10 de marzo de 2016.
[8] «Winston Churchill speaking in Zurich on the United States of Europe», por Winston Churchill, Voltaire Network, 19 de septiembre de 1946.
[9] «Historia secreta de la Unión Europea», por Thierry Meyssan,Red Voltaire, 16 de enero de 2005.
[10] «La India y Pakistán entraron en la OCS el día del Brexit», por Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada (México), Red Voltaire, 1º de julio de 2016.





27 AÑOS DESPUÉS DE LA CAÍDA DEL MURO DE BERLÍN 

El Brexit redistribuye las cartas de la geopolítica mundial

La prensa internacional se esfuerza ahora por imaginar cómo podría reactivarse la construcción europea, manteniendo a Rusia fuera de ella y, en lo adelante, sin poder contar con el Reino Unido. Por su parte, Thierry Meyssan estima que ya nada podrá evitar el derrumbe del sistema. Pero señala que lo que está en juego no es la Unión Europea en sí sino todo el conjunto de instituciones que permiten la dominación de Estados Unidos a nivel mundial e incluso la integridad misma de este último país.


 | DAMASCO (SIRIA)  


Favorable al Brexit, la reina Isabel II tiene ahora la posibilidad de reorientar su país hacia el yuan.
Nadie parece entender las verdaderas consecuencias de la decisión británica de abandonar la Unión Europea. Los comentaristas, que se limitan a interpretar la política al nivel de los politiqueros y han perdido desde hace tiempo el conocimiento verdadero de los juegos de intereses regionales, se han focalizado en los detalles de una campaña absurda, protagonizada por dos bandos: el de los adversarios de una inmigración incontrolada y el de quienes amenazan al Reino Unido con los peores tormentos y calamidades.

Sin embargo, lo que realmente está en juego en esta decisión nada tiene que ver con esos temas. La diferencia entre la realidad y el discurso político-mediático es la mejor muestra de la enfermedad que padecen las élites occidentales: su incompetencia.
Aunque el velo se desgarra ante nuestro ojos, nuestras élites siguen sin entender la situación y están en una posición análoga a la del Partido Comunista de la Unión Soviética, que no supo prever las consecuencias de la caída del muro de Berlín, en noviembre de 1989: disolución de la URSS en diciembre de 1991; disolución del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME, también conocido bajo las siglas COMECON); disolución del Pacto de Varsovia, 6 meses después; y los intentos de desmantelamiento de la propia Rusia, que estuvo a punto de perder Chechenia.
En un futuro muy próximo, asistiremos –siguiendo esa misma mecánica– a la disolución de la Unión Europea; posteriormente, a la disolución de la OTAN; e incluso, si no tienen mucho cuidado, al desmantelamiento de Estados Unidos.

¿Qué intereses se mueven
detrás del Brexit?

A pesar de lo que parece indicar la fanfarronería de Nigel Farage, el UKIP no provocó el referéndum que acaba ganar. La decisión de organizar esa consulta fue impuesta al primer ministro David Cameron por un grupo de miembros del Partido Conservador.
Esos personajes estiman que la política de Londres debe consistir en adaptarse de forma pragmática a la evolución del mundo. Esta «nación de tenderos» –así la llamaba Napoleón– observa que Estados Unidos ya no es la primera economía mundial, ni la primera potencia militar. Así que ya no hay razones para tratar de seguir siendo sus socios más cercanos.
De la misma manera que Margaret Thatcher, quien no vaciló en destruir la industria británica para transformar su país en polo financiero mundial, exactamente de esa misma manera, esas personalidades conservadoras no han vacilado en abrir el camino a la independencia de Escocia y de Irlanda del Norte, y por ende a la pérdida del petróleo del Mar del Norte, con tal de convertir la City en el primer centro financiero offshore del yuan.
La campaña a favor del Brexit contó con amplio apoyo de parte de la gentry [la nobleza media y clases adineradas] y del palacio de Buckingham, que movilizaron la prensa popular para llamar los electores a recuperar la independencia del país.
Al contrario de lo que afirma la prensa europea, la salida de los británicos de la Unión Europea no será lenta porque la UE se derrumbará rápidamente, antes de que transcurra el tiempo necesario para el cumplimiento de las negociaciones burocráticas de dicha salida. En el pasado, los Estados miembros del CAME no tuvieron que negociar su salida de ese órgano de integración económica ya que este simplemente dejó de funcionar en cuanto comenzó el movimiento de centrífuga. Los Estados miembros de la Unión Europea que se aferran a las ramas y se empecinan en querer salvar lo que queda de la Unión, van a dejar pasar la posibilidad de adaptarse a la nueva situación y se verán en peligro de sufrir las dolorosas convulsiones que caracterizaron los primeros años de la nueva Rusia: caída vertiginosa del nivel de vida… y de la esperanza de vida.
Para el centenar de miles de empleados, funcionarios electos y colaboradores europeos que inevitablemente perderán sus empleos y para las élites nacionales que también dependen de ese sistema, lo más conveniente sería reformar urgentemente las instituciones para tratar de salvarlas. Todos creen, erróneamente, que el Brexit abre una brecha que los euroescépticos van a tratar de aprovechar. Pero el Brexit no pasa de ser una respuesta a la decadencia de Estados Unidos.
El Pentágono, que actualmente prepara la cumbre de la OTAN en Varsovia, tampoco ha entendido que ya no está en condiciones de imponer a sus aliados el aumento de sus presupuestos militares y de obligarlos a respaldar sus aventuras bélicas. La dominación de Washington sobre el resto del mundo ha llegado a su fin.
Estamos cambiando de era.

¿Qué es lo que va a cambiar?

La caída del bloque soviético fue, en primer lugar, la muerte de una visión del mundo. Los soviéticos y sus aliados querían construir una sociedad solidaria, que pondría en común la mayor cantidad posible de cosas. Pero acabaron lastrados por una enorme burocracia y dirigentes anquilosados.
El muro de Berlín no fue derribado por los anticomunistas sino que cayó ante el empuje de una coalición de las juventudes comunistas y las iglesias luteranas. Querían refundar el ideal comunista sin la tutela soviética, sin policía política, ni burocracia. Pero las traicionaron sus élites que, después de haber servido los intereses de los soviéticos, se dedicaron con el mismo celo a servir los intereses de Estados Unidos. Los electores más comprometidos con el Brexit quieren, en primer lugar, recuperar su soberanía nacional y hacer pagar a los dirigentes del oeste de Europa la arrogancia con la que les impusieron el Tratado de Lisboa, a pesar de que los pueblos habían rechazado, en 2004-2007, el proyecto de Constitución Europea. Pero es posible que esos electores también sufran una decepción ante lo que viene.
El Brexit marca el fin de la dominación ideológica de Estados Unidos, de la democracia barata de las «Cuatro Libertades». En 1941, en su discurso sobre el Estado de la Unión, el presidente estadounidense Roosevelt las definió como (1) la libertad de palabra y de expresión, (2) la libertad de cada cual de honrar a Dios como le parezca, (3) la libertad de vivir sin penuria y (4) la libertad de vivir sin miedo [a una agresión extranjera]. Si los ingleses quieren volver a sus propias tradiciones, los ciudadanos de Europa continental volverán a los cuestionamientos de la Revolución Francesa y la Revolución Rusa sobre la legitimidad del poder y modificarán profundamente sus instituciones, llegando incluso a correr el riesgo de ver resurgir el conflicto franco-alemán.
El Brexit también marca el fin de la dominación militaro-economica de Estados Unidos –ya que la OTAN y la Unión Europea no pasan de ser las dos caras de la misma moneda, a pesar de que instaurar la Política Exterior y de Seguridad Común llevó más tiempo que implementar el libre intercambio comercial. Yo redactaba hace poco una nota sobre esa política ante Siria. Analicé todos los documentos internos de la Unión Europea, los públicos y los que no se han publicado, y llegué a la conclusión de que fueron redactados sin ningún conocimiento sobre lo que realmente pasa en el terreno, pero a partir de las notas del ministerio alemán de Relaciones Exteriores, que a su vez reproduce las instrucciones del Departamento de Estado de Estados Unidos. Hace varios años hice un trabajo similar para otro país y llegué a una conclusión también similar, sólo que en aquel momento el “intermediario” no era el gobierno alemán sino el gobierno francés.

Primeras consecuencias
dentro de la Unión Europea

En este momento, varios sindicatos franceses luchan contra el proyecto de ley sobre el Trabajo redactado por el gobierno de Manuel Valls y basado en un informe de la Unión Europea, informe que a su vez retoma las instrucciones del Departamento de Estado de Estados Unidos. Aunque la movilización de la CGT [1] ya permitió que los franceses descubrieran el papel de la Unión Europea en el asunto, el hecho es que todavía no acaban de entender la relación entre la UE y Estados Unidos. Han entendido que, al invertir las normas y anteponer los acuerdos a nivel de empresa a los acuerdos ramales, el gobierno cuestiona el predominio de la Ley sobre los contratos. Pero no conocen la estrategia de Joseph Korbel y sus dos hijas –su hija biológica, la demócrata Madeleine Albright, y su hija adoptiva, la republicana Condoleezza Rice. El profesor Korbel aseguraba que, para dominar el mundo, Washington no tenía más que imponer una rescritura de las relaciones internacionales en términos jurídicos anglosajones. Efectivamente, al poner el contrato por encima de la Ley, el derecho anglosajón privilegia a la larga a los ricos y poderosos en relación con los pobres y los miserables.
Es probable que los franceses, los holandeses, los daneses y otros pueblos también traten de separarse de la Unión Europea. Para lograrlo, tendrán que enfrentarse a las clases dirigentes de sus países. ¿Cuánto puede durar esa lucha? Es imposible predecirlo, pero es indudable el resultado. En todo caso, en medio del periodo de cambio que ya se anuncia, manipular a los obreros franceses resultara muy difícil. No será así con sus homólogos ingleses, actualmente desorganizados.

Primeras consecuencias
para el Reino Unido

El primer ministro David Cameron utilizó las vacaciones de verano como pretexto para posponer su renuncia hasta octubre. Su sucesor, que sería en principio Boris Johnson, tiene así tiempo para preparar el cambio y aplicarlo en cuanto entre en Downing Street. El Reino Unido no esperará hasta su salida definitiva de la Unión Europea para seguir su propia política, comenzando por apartarse de la política de sanciones contra Rusia y Siria.
Al contrario de lo que hoy escribe la prensa europea, el Brexit no afectará directamente a la City de Londres, o sea a la gran finanza. Dado su particular estatus de Estado independiente bajo la autoridad directa de la Corona, la City no ha sido nunca parte de la Unión Europea. Por supuesto, ya no podrá seguir siendo sede de algunas casas madres de empresas que tendrán que replegarse hacia los territorios de la Unión Europea. Pero podrá utilizar la soberanía de Londres para desarrollar el mercado del yuan. Ya en abril, la City obtuvo los privilegios necesarios para ello mediante la firma de un acuerdo con el Banco Central chino. Y también desarrollará sus actividades como paraíso fiscal para los europeos.
Si bien es cierto que el Brexit desorganizará temporalmente la economía británica, en espera de la adopción de nuevas reglas, es muy probable que el Reino Unido –o al menos Inglaterra– se reorganice rápidamente para sacar el mayor provecho de su nueva situación. Queda por ver si los promotores de este terremoto tendrán la sabiduría de hacer que también beneficie a su pueblo: el Brexit es un regreso a la soberanía nacional, pero no garantiza la soberanía popular.
El panorama internacional puede evolucionar de maneras muy diferentes, en función de las reacciones que ya aparecen. Pero, aunque algunos pueblos se vean afectados, ese panorama será mucho más realista, tanto como los británicos, en lugar de aferrarse a un sueño hasta acabar estrellándose contra la dura realidad.