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domingo, 18 de octubre de 2015

HOY, Viaje dominguero a Palenque, el ojo que todo lo ve aparecido de Drunvalo Melchizedec...


"De pie junto al coche, y mientras observaba el 444, me pregunté qué era lo que se me iba a presentar. Me di la vuelta y vi que la matrícula del coche que estaba detrás era 666. Esto me indicó que la lección estaría relacionada con el plano físico. Me dirigí hacia el hotel y, por primera vez, vi su nombre. Era el hotel Khan Kha. Me quedé mudo durante cinco minutos pensando en lo que aquello significaba. 

Cuando estaba a medio camino del hotel, Ken me vio de pie allí y volvió sobre sus pasos hasta donde yo me encontraba. 

—Drunvalo, ¿qué ocurre? —Ken, mira el nombre del hotel. 
— ¿No es ése el nombre del maya que habló contigo en Chi-chén Itzá? 
Sí —y le mostré las dos matrículas.
— ¡Vaya! ¿Qué crees que significa? —Ken, no lo sé, pero creo que es importante. 

Recuerda: Khan Kha dijo que era el arquitecto del Templo de las Inscripciones de Palenque. Es posible que realmente lo sea. Nos encaminamos hacia nuestra habitación, charlando acerca de la lección que nos estaba presentando la vida. Abrimos la puerta, entramos, e inmediatamente encontré una nota doblada por la mitad sobre mi cama. 

La cogí, y Ken se colocó a mi lado mientras la leía. Decía: 

«Gracias por todo lo que habéis hecho. Permaneceréis en el corazón del pueblo maya por siempre». Y firmaba «Khan Kha».

Antes de que pudiera reaccionar ante la nota, Ken me la arrebató de las manos, la contempló durante un segundo, me miró a los ojos, y dijo:

—Lo has hecho tú. Sé que lo has hecho tú. Khan Kha nunca escribió esta nota. Intenté decirle que yo no tenía nada que ver con aquello, pero no me creyó.

Durante casi media hora estuvo gruñendo cosas como: 

«Seguro, un espíritu escribió esta nota y la colocó sobre tu cama. ¿Es que te has creído que soy idiota?» No paraba.

Continuó murmurando hasta que, por fin nos quedamos dormidos. Para que lo sepas, guardé la nota durante muchos años. Incluso ahora sigue siendo una inspiración para mí.

Me costó dormirme, pues el dolor de cabeza no cesaba.

Eventualmente, me quedé traspuesto. Y de repente, en medio de la noche, me desperté. Algo me había sacado de un profundo sueño.

Me di la vuelta y miré hacia el espacio sobre mi cama. Allí había un enorme ojo humano que me miraba fijamente. Al principio pensé que seguía soñando, pero el ojo no se iba y la habitación era real.

Aquel ojo medía casi dos metros de ancho y algo más de uno de alto. Era fundamentalmente dorado, pero el iris era verde y negro.

De cuando en cuando, parpadeaba. He visto tantos fenómenos psíquicos a lo largo de mi vida que aquello no me alteró, pero supe que tenía que entender lo que estaba ocurriendo. Mientras lo intentaba, una voz masculina comenzó a hablar.

Inmediatamente la reconocí. Era la de Khan Kha. Comenzó a hablarme acerca de Palenque y de lo que había sucedido aquel día. De repente, paró un segundo y dijo: —Drunvalo, tienes un terrible dolor de cabeza. Debemos ponerle solución. Dentro de un momento voy a enviarte un conocimiento que te lo curará.

Pero ese conocimiento tiene un significado y un propósito que exceden en mucho a tu dolor de cabeza. Al instante siguiente, en un abrir y cerrar de ojos, recibí un conocimiento ancestral relacionado con la glándula pineal del centro de la cabeza y con los rayos de luz que salen del chakra pineal cuando se dan las debidas condiciones.

Hice lo que me indicaba aquel conocimiento y al instante desapareció el dolor.
Resulta impresionante pasar del dolor a la falta de él en unos segundos. Khan Kha dijo: 

—Así está mejor — y siguió hablando de Palenque.

En ese momento, Ken rebulló en su cama. Supongo que fueron mis movimientos los que lo estaban despertando. Se giró para mirarme, luego hacia lo alto de la habitación, y vio el inmenso ojo de Khan Kha.

Se sentó de un salto, tiró de las sábanas contra su pecho y gritó todo lo fuerte que puede hacerlo un hombre adulto. Estoy seguro de que despertó a todo el hotel.

Rápidamente intenté calmarle: —Ken, tranquilo. Sólo es Khan Kha.

Pero aquello no sirvió de nada. Ken estaba mirando fijamente hacia el fenómeno psíquico  y parecía estar en estado de shock.

Al cabo de unos minutos logré captar su atención y me escuchó cuando le dije que todo iba bien. Creo que fue su primera experiencia de un fenómeno psíquico que apareciera en la Realidad misma y no sólo dentro de su cabeza.
Tardamos un rato en volver a quedarnos dormidos, pero al cabo de un tiempo lo logramos. La iniciación de Ken en Palenque completó el chakra pineal.


La reacción de Ken ante Khan Kha puso fin a la conversación, pero la información que me había dado era de lo más interesante. Y al cabo de los años he descubierto la increíble importancia que tiene para la consciencia humana en expansión.
Es demasiado complicada para un libro de relatos, pero algún día, en otro libro, te la explicaré claramente para que, si lo deseas, puedas comprenderla y ponerla en práctica."

Páginas 72-74






NOTA:
En un comentario introductorio de otra entrada (ver) comenté este pasaje diciendo era "el ojo que todo lo ve" el aparecido en el cuarto de un hotel donde se hospedaba Drunvalo Melchizedec en un viaje a tierras mayas en Palenque chiapas méxico, corrección: NO ERA TAL EL OJO, PERTENECÍA A OTRO SER DESCRITO EN LA NARRACIÓN.

Sobre este detalle del ojo publiqué antes, vean:

La Serpiente de luz, Melquizedec