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jueves, 3 de abril de 2014

Los terremotos en Chile y la charlatanería

La siguiente nota aplica para todos los paises donde existe alto riesgo por estar ubicados en zonas de alta sismicidad en el planeta; solo que hay un detalle: se les olvidó tomar en cuenta el factor HAARP  (VER) relacionado con la problemática en cuestión, sin embargo, es buena información que vale la pena tomar en cuenta y recordarla.


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Los terremotos en Chile y la charlatanería



















Es común ver en televisión a personas que aseguran predecir terremotos con un enorme rango de error en uno de los países más sísmicos del mundo.

Chile es un país de terremotos. Prácticamente todos los días se mueve el piso en algún lugar a lo largo de su territorio. Sin embargo, y pese a muchas experiencias a lo largo de su historia, recién con el terremoto del 27 de febrero de 2010 da la impresión que comenzó a generarse una cultura sísmica en el país. Sin embargo, el camino ha estado lleno de baches debido más que nada al mal endémico de la falta de información: La charlatanería.

Es común ver que los programas de televisión en vez de educar a las personas acerca de qué hacer en caso de un sismo, o cómo prepararse adecuadamente si deben evacuar rápidamente su casa ante un tsunami, se dedican a dar tribuna frecuentemente a charlatanes agrupados en supuestas organizaciones pseudocientíficas como 'Quake Red Alert' o 'Frente Fantasma', quienes no dejan la oportunidad de 'profetizar' un próximo terremoto en uno de los países más sísmicos del mundo.

Iloca, terremoto 2010Iloca, terremoto 2010
Aparentemente, los charlatanes no conocen el indispensable concepto de revisión por pares, pues nadie conoce en detalle el razonamiento detrás de sus predicciones. Todo es mera especulación, pues hay un amplio consenso que con nuestro nivel de conocimiento y herramientas actuales, no es posible predecir terremotos.
Los argumentos entregados por estos charlatanes tienen un razonamiento similar al de individuos que las personas más informadas suelen despreciar razonablemente, como los magos o los pastores que acusan que un terremoto es un castigo divino, y que consiste medularmente en un "confía en mi, yo tengo la razón".  Todos ellos con un gran espacio en la televisión abierta.

La sismología

El problema de la mayoría de la población que se convence de estas historias es más que nada porque, si lo pensamos bien, la sismología es una ciencia bastante nueva. Los instrumentos adecuados para realizar mediciones no tienen ni siquiera 100 años, y para atrás todo tipo de información es en base a testimonios históricos, no a datos directamente medidos.
Coquimbo, 1922Coquimbo, terremoto 1922
La directora del Centro Sismológico de la Universidad de Tarapacá en Arica, Bianca Glass, asegura que si bien uno de los objetivos finales de la sismología es obtener la capacidad de predecir sismos, aún no existen las bases para poder realizar una afirmación de esta índole:
En 1868 y 1877 ocurrieron grandes terremotos en el norte de Chile, y como no hay registro instrumental no tenemos una base de comparación, pero a medida que vayan mejorando los equipos cada vez podremos tener una información más precisa de lo que ha sucedido. Hacer un seguimiento nos permitirá comprender mejor las placas de Nazca y Sudamericana, y si tenemos suerte, podremos predecir sismos en varias décadas más.
Según la académica, el principal problema es que para vender noticias los medios traen a charlatanes que nadie avala lo que ellos aseguran, no hay un trabajo científico detrás de sus afirmaciones, pues "predecir que en Chile va a ocurrir un temblor no es una predicción porque tiembla todos los días. Todos podemos predecirlos, pero no hay nada que avale estadísticamente los resultados".

Los datos duros

El asunto es que los charlatanes han demostrado además una y otra vez no comprender de lo que hablan. Afirman que 'se viene un terremoto entre grado 5 y grado 6', como si esa diferencia fuese despreciable cuando en el fondo la escala sismológica de magnitud de momento (la sucesora de la escala Richter, la cual ya quedó obsoleta) es logarítmica.
O sea, para propósitos comparativos, un terremoto de magnitud 5 equivale a unas 1.000 toneladas de TNT, mientras que uno de magnitud 6 libera la energía equivalente a 30.000 toneladas de TNT.

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